Alexitimia: ¿La muerte de las emociones?

Por: Walter Ghedin

Existen trastornos psicológicos que revelan una pérdida de la capacidad humana de emocionarnos. Y este malestar convertido en síntoma crece al amparo de sociedad tecnológica, de la búsqueda imperiosa del éxito y de la pérdida de las relaciones interpersonales. ¿Es posible pensar que en un futuro las emociones serán desplazadas o sometidas al pensamiento práctico, sobrevalorado en exceso por Occidente? ¿En qué se convertirá nuestra existencia si mueren o se reprimen las emociones?

El síntoma ya tiene un nombre: Alexitimia.

La palabra Alexitimia deriva del griego y significa la dificultad para reconocer y/o nombrar los afectos. Hoy en día se considera un concepto más amplio que incluye:

1) Incapacidad para identificar los afectos y diferenciarlos de las sensaciones corporales.

2) Incapacidad para expresar, comunicar, o describir sentimientos.

3) Dificultades para imaginar, fantasear, construir conceptos abstractos.

4) Pensamiento concreto, operativo, práctico. Los relatos son ricos en detalles, descripciones minuciosas, aunque desprovistas de emociones.

Breve historia de los afectos

Desde tiempos remotos el mundo emocional ha sido siempre una preocupación para los filósofos, psicólogos, médicos, poetas, y para todos los humanos, con conciencia de que cada acto, aún el más elemental, está teñido de algún afecto. En el pensamiento hipocrático (greco-latino) existía una relación indiscutible entre las emociones, sobre todo la melancolía, con los humores o líquidos corporales. Sin embargo, los siglos ulteriores dejaron de lado las emociones para centrarse en la razón y en la conducta, de tal manera que las enfermedades mentales involucraban distintos grados de irracionalidad y desorganización del comportamiento.

Definición de conceptos básicos:

Emoción: afectos súbitos, intensos, comprometen al sujeto en su integridad, por lo tanto, la conducta se modifica por el impacto emocional, ejemplo: miedo, ira, pasión, etc.

Sentimientos: estados afectivos más atenuados que las emociones, son difusos, duraderos, ejemplo: el cariño, el amor, la tristeza, etc.

Afecto: Sentir subjetivo que acompaña a una idea o un recuerdo, ejemplo: siento ternura al pensar en un ser querido.

Estado de ánimo, humor o timia: es el estado emocional basal de una persona. Es la experiencia subjetiva de las emociones. Lo identificamos como la forma propia de sentir.

Alexitimia: aspectos biológicos y culturales

La palabra Alexitmia fue introducida por Sifneos en 1972, como resultado de investigar a personas afectadas de enfermedades psicosomáticas, quienes expresaban, por medio de síntomas corporales, las emociones que no podían poner en palabras. La alexitimia es más común en hombres: por cada 10 varones con este problema hay 2 mujeres. La explicación de esta diferencia de género se debería a que la comunicación entre los dos hemisferios cerebrales femeninos cuenta con mayor cantidad de fibras de interconexión. El cerebro derecho “siente” los afectos y el izquierdo “los reconoce y les pone palabras”. 

No obstante estos determinantes biológicos no podemos obviar la influencia de las normas sociales en la expresión de los afectos, más limitada para los hombres que para las mujeres. No podemos soslayar el influjo de la vida moderna que no da tregua con sus exigencias. La sobrecarga de estímulos externos y los avances tecnológicos predisponen al pensamiento concreto. La búsqueda de los efectos inmediatos de nuestras acciones, la urgencia en la resolución de conflictos, aún los más elementales, la incapacidad para tolerar lo incierto de la vida, la imposibilidad para evaluar las prioridades (todo adquiere la misma importancia), lleva a una corrida urgente hacia el objetivo, sin saber cuál es la mejor alternativa, o qué sentimientos involucramos. Sin tener plena conciencia, atravesamos cada etapa vital respondiendo a un plan para no sentir que postergamos nuestros deseos o nos “caemos del sistema”. Es posible que en este diario trajinar las emociones queden de lado, disponiendo de todo nuestro ser para cumplir con las metas propuestas. Y cuando arribamos por fin al objetivo, otro se impone en nuestra conciencia reiniciando una carrera feroz. Por lo tanto, más allá de las vulnerabilidades personales, la presión del medio es un influjo poderoso sobre la personalidad, y más concretamente sobre las emociones y las capacidades para imaginar y abstraer. El pensamiento concreto y operativo está ganando terreno, desplazando a la representación, a las imágenes, a la fantasía, a la libertad de volar con las ideas. Este cambio desfavorable para el sujeto repercute directamente en las emociones, las cuales son dejadas de lado por la ecuación: objetividad es igual a asertividad.

La esencia humana es emocional

La Alexitimia entonces se opone al impulso vital, partiendo de la idea de que todo deseo, necesidad o motivación humana, requiere imperiosamente de afectos que lo acompañen. Es imposible pensar lo humano sin esta integración vital que orienta su desarrollo. Sin embargo, la alexitimia pone al jaque esta afirmación profundamente humanista. 

Si existen personas que sufren de carencia de emociones o de palabras para reconocerlos, es posible entonces una generalización del fenómeno, es decir, que el síntoma se convierta en un futuro en un mecanismo naturalizado y constante que lleve a una vida sin emociones. La Alexitmia debe ayudarnos a reflexionar y a provocar cambios para que no se extienda. Por el momento los tratamientos consisten en el abordaje de los síntomas y del carácter. El diagnóstico de la personalidad de base es fundamental. Los abordajes psicológicos ayudan a la persona a flexibilizar las defensas y a reconocer la riqueza emocional reprimida o negada. No obstante, y más allá de los casos clínicos, existe el desafío de defender las emociones como un aspecto fundamental de la subjetividad. Es imposible pensar un mundo lleno de autómatas, de seres indiferentes, insensibles, carentes de empatía y de valor personal, movidos por objetivos espurios, ideales cambiantes y falsos valores. Las emociones no morirán porque conforman la esencia humana, sin embargo mucho hay por hacer: recuperar la intensidad, el compromiso afectivo con uno mismo y con los otros, el hedonismo, y la tristeza cuando es necesario vivirla.


* Médico psiquiatra. Psicoterapeuta.

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