Caso Próvolo: prisión domiciliaria para la monja Kosaka

La religiosa de 42 años está imputada por abuso sexual y corrupción de menores, y enfrenta una pena que va de los 10 a los 50 años de cárcel. La decisión provocó malestar en los familiares de las víctimas.

Kumiko Kosaka, la monja imputada por abuso sexual y corrupción de menores en el instituto Antonio Próvolo de Mendoza, consiguió el beneficio de la prisión domiciliaria, como parte de la orden de prisión preventiva. La religiosa de 42 años, oriunda de Japón, abandonó la cárcel de mujeres de Agua de las Avispas, en Cacheuta, donde permanecía desde mayo.

La Justicia, por orden del fiscal adjunto de la Procuración, avanzó con la medida en favor de la religiosa a pesar de que las pericias psicológicas le resultaron adversas. Según publicó La Nación, dieron como resultado que la monja tiene "desajustes" de tipo sexual y una personalidad que no cumple con las características psíquicas indispensables para acceder al régimen de detención domiciliaria. "Presenta rasgos narcisistas y de escasa capacidad empática", indican los informes oficiales a los que tuvo acceso el matutino.

La decisión generó malestar en los familiares de las víctimas y sus abogados querellantes. Así es como, desde la asociación Xumek, publicaron un comunicado en el que cuestionaron el accionar judicial. “Es costumbre en nuestros tribunales que, previo a la concesión de una prisión domiciliaria, deba realizarse pericia psicológica sobre el imputado y la persona que estará a cargo de su cuidado, como también la realización de una encuesta socio ambiental en el domicilio, para garantizar que el imputado no se fugue de allí. Siempre que uno de estos recaudos da negativo, la modalidad de prisión domiciliaria es rechazada inmediatamente por jueces y fiscales. Sin embargo, el doble estándar al que nos tiene acostumbrado la Justicia mendocina, en el caso del Instituto Antonio Próvolo, algunos imputados están por encima de las normas”, denuncian desde la asociación.

Kosaka tiene más de 40 denuncias en su contra, aunque la acusación formal es por ser partícipe primaria en tres abusos. La monja fue señalada por una testigo por su supuesta colaboración y encubrimiento de los curas acusados en el caso. Según relató la testigo, la religiosa les ponía pañales a los chicos abusados para ocultar su sangrado.

"El hecho es muy crudo, es una niña menor de edad que ha sido violada anal y vaginalmente y termina buscando ayuda y resguardo en otra persona, que es la monja Kumiko, y no solo que no la ayuda, sino que le pone un pañal ocultando el sangrado", dijo el abogado Sergio Salinas en declaraciones a medios locales cuando se conoció el pedido de detención de la religiosa.

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