Claves para entender el conflicto de Cataluña

La división territorial y la fractura social ponen en jaque la integridad de España ¿Cuáles son las razones de los actores involucrados? ¿Qué posibles escenarios se abren a futuro?

Durante todo el domingo, las redes sociales se inundaron de videos e imágenes que dieron cuenta del violento operativo policial en Cataluña, cuyo saldo fue de más de 800 heridos. Las fuerzas de seguridad actuaron por indicación del Gobierno español, que declaró la ilegalidad del referéndum y prohibió el desarrollo del acto electoral. La división territorial y la fractura social tienen en vilo a toda España. ¿Cómo se llegó a esta instancia de un conflicto que desafía la unidad nacional? ¿Cuáles son las razones de los actores involucrados? ¿Qué posibles escenarios se abren a futuro?

El nacionalismo catalán. Causas y hechos recientes.

España es un país tramado por las tensiones regionales. Desde la unión de las coronas de Castilla y Aragón (de la que dependía Cataluña) en el siglo XV, el país ibérico debió lidiar con el hecho de que en su interior existían territorios con identidades, culturas y hasta lenguas disímiles. Así, muchos pensadores entienden a España como “una nación de naciones”.

El antagonismo entre Barcelona (capital de la región de Cataluña) y Madrid (sede del Gobierno central) tiene una larga historia que se remonta a la constitución de España como nación moderna. Sin embargo, la demanda del nacionalismo catalán cobró particular fuerza en los últimos años, a raíz de una serie de hechos puntuales:

  • Junio del 2010: el Tribunal Constitucional anuló algunos artículos del Estatuto de Autonomía catalán (equivalente a una Constitución provincial argentina), lo cual fue interpretado como un avasallamiento por parte del poder central de los derechos y autonomía política y financiera del pueblo catalán.
  • Septiembre de 2012: más de un millón de catalanes se vuelcan a las calles en reclamo de la ruptura con España. Es la primera gran movilización independentista de las últimas décadas. El Gobierno de Mariano Rajoy desoye el reclamo y, en paralelo, desestima la posibilidad de renegociar un nuevo pacto fiscal orientado a reducir lo que Barcelona aporta al conjunto de España.
  • Noviembre de 2014: liderado por el entonces presidente regional, Artur Más, Cataluña realiza una consulta no oficial sobre la independencia. Votan más de 2,3 millones de personas sobre un total de 5,4 millones.
  • Septiembre de 2015: Junts Pel Sí, alianza electoral favorable a la secesión, gana las elecciones regionales.
  • Junio de 2017: el presidente regional, Carles Puidgemont, convoca a un referéndum independentista para el 1-O.
  • Septiembre de 2017: el “Parlament” catalán aprueba la ley del referéndum, que a los pocos días es declarado inconstitucional por el máximo tribunal de justicia español. De todos modos, las autoridades catalanas deciden desoír el fallo judicial para seguir adelante con la organización de la consulta.

¿Cuál es la postura del Gobierno de Mariano Rajoy?

Desde que el movimiento independentista se comenzó a gestar, el presidente español resolvió encarar el desafío como un reclamo ilegal y, por lo tanto, ajeno a cualquier cauce institucional. Con esta concepción, apuntó a desactivar la demanda catalana en base a dos vías: una judicial, la otra coercitiva. Rajoy entendió la amenaza de ruptura como un problema judicial antes que político. Sin embargo, la declaración de inconstitucionalidad del referéndum no frenó la consulta de Cataluña, que ingresó en una suerte de desobediencia civil.

En vez de dejar que se desarrollase el acto electoral de 1-O y luego desconocer sus resultados, Rajoy buscó posicionarse como “el garante de las leyes y la constitución española” y dictaminó el envío de las fuerzas de seguridad nacionales a Cataluña con el objetivo de tomar el control de los centros de votación.

¿Qué plantea la Unión Europea?

Bruselas sostiene que el referéndum catalán es ilegal y que, en caso de decretarse la secesión, Cataluña quedaría automáticamente fuera del bloque regional. Pero también advierte sobre la represión de ayer. “La violencia nunca puede ser un instrumento en política”, expresó en un comunicado la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE. El primer ministro de Bélgica, Charles Michel, y referentes de la izquierda, como el líder del laborismo británico Jeremy Corbyn y el candidato de Francia Insumisa Jean-Luc Melenchon condenaron la represión ordenada por Mariano Rajoy.

¿Qué pierde España si Cataluña se independiza?

En términos económicos, la secesión catalana supondría un duro golpe para España. Cataluña representa casi una quinta parte de la economía total del país y genera el 25% de las exportaciones. Además, contribuye con sus impuestos alrededor de un quinto de todo lo que recauda el fisco nacional (y recibe por “coparticipación” mucho menos).

Más allá del estricto cálculo financiero, la escisión de Cataluña configuraría un golpe durísimo en términos simbólicos y políticos. Abriría el margen para que otras regiones con un marcado pasado nacionalista (como el País Vasco) siguieran el mismo camino.

¿Qué gana Cataluña si se independiza?

En la región se masificó un eslogan: “España nos roba”, que surge del balance neto entre lo que la Comunidad Autónoma de Cataluña aporta y lo que recibe al erario del gobierno central. En 2013, ese cálculo arrojó un déficit neto de €8800 millones, que con la secesión pasarían a estar bajo la órbita catalana. Sin embargo, la independencia estaría acompañada de un abandono de la UE, lo cual aumentaría el costo de las exportaciones de sus bienes al resto de la región.

Después del 1-O, ¿cómo sigue el conflicto?

La violencia policial y el referéndum trunco de ayer ahondaron la fractura social que atraviesa a España y demostraron el fracaso de la política para superar el conflicto. El resultado de ayer es responsabilidad compartida de Rajoy y de Puigdemont: ambos jugaron a radicalizar y a polarizar para fidelizar apoyos sin contemplar los costos.

Luego de la represión policial, Rajoy tiene menos crédito para insistir con su estrategia exclusiva de judicialización de la demanda. El partido socialista, fuerza opositora pero que colabora con el PP en el Congreso, propone abrir una instancia de diálogo con los catalanes que viabilice una salida negociada al reclamo separatista. Esto podría derivar en un referéndum avalado por el Gobierno nacional, con todos los derechos y garantías procesales, o en un esquema de mayor autonomía política y financiera para Cataluña. Otra alternativa, sugerida por el PSOE: modificar la constitución para pasar a un régimen federal, que le otorgue otro reconocimiento político a las subunidades regionales.

La salida negociada requiere la cooperación no solo de Rajoy, sino también de los independentistas, algo que hasta hoy no parece asomar en el horizonte. Puigdemont afirmó hoy que el Parlament se encamina a sancionar “una declaración unilateral de independencia”, algo que solo agravaría el desencuentro con Madrid.

Podemos, tercera fuerza electoral, ponderó que Rajoy ya no está en condiciones de liderar una negociación. Pidió su renuncia y un llamado a elecciones anticipadas para redefinir la correlación de fuerzas.

El lápiz verde