¿Cómo les fue a los Gobiernos en sus primeras elecciones de medio término?

En esta instancia, una victoria refrenda el programa político del oficialismo; una derrota debilita la gobernabilidad. El repaso de lo que ocurrió en 1985, 1991, 2001, 2005 y 2009.

Las elecciones de medio término en la Argentina tienen como fin renovar la mitad de la Cámara de Diputados de la Nación y un tercio del Senado, pero, en términos políticos, funcionan como un plebiscito del Gobierno nacional. Desde la recuperación democrática, los triunfos del oficialismo en esta instancia allanan el camino para profundizar la agenda del Gobierno; las derrotas siembran dudas, acortan los márgenes de acción y debilitan la gobernabilidad. En esta nota, un repaso de cómo le fue a la fuerza política de los presidentes en su primera elección de medio término.

Los años del mandato de Raúl Alfonsín estuvieron signados por la conflictividad y la incertidumbre respecto a la estabilidad política y económica del país. Quizá la elección legislativa de noviembre de 1985 haya sido su mejor hora en esos agitados años. En medio de una escalada inflacionaria, el líder radical retocó el Gabinete: reemplazó en febrero del 85 a Bernardo Grinspun por Juan Sourrourille.

El nuevo ministro de Hacienda trajo consigo un nuevo programa económico, el plan Austral, un paquete de medidas antinflacionarias que estabilizaron la moneda, mejoraron la posición relativa de los asalariados y reacomodaron las expectativas a favor del Gobierno. El resultado: el partido radical ganaría las primeras legislativas desde el retorno democrático por 43% de los votos contra 34% del peronismo. Con la victoria, Alfonsín fortaleció su autoridad de cara a los múltiples frentes de conflicto abiertos. La derrota de 1987 luego precipitaría la entrega anticipada del poder en 1989.

El programa de reformas de mercado implementado por Carlos Menem se aplicó apenas el caudillo riojano accedió a la Casa Rosada en 1989. Hasta principios de 1991, la crisis hiperinflacionaria seguía haciendo estragos en la sociedad. Resuelto a dar un golpe de timón, en marzo de ese año el presidente desplazó a Erman González del Ministerio de Economía y colocó en su lugar a Domingo Cavallo, quien introdujo el plan de Convertibilidad y, con la inflación bajo control, permitió que el justicialismo se impusiera en las elecciones de medio término. Fue victoria por 40,22% contra 29% de la UCR, y la llave que le permitió aplicar las políticas del Consenso de Washington durante los siguientes ocho años.

En octubre de 2001, la Alianza encabezada por Fernando De la Rúa sometió su Gobierno al veredicto de las urnas. Los cuatro años previos de recesión, el sacrificio social que implicaban las políticas de ajuste y el desprestigio de la clase política se tradujeron en una dura derrota para el oficialismo. El radicalismo cosechó apenas el 23,1% de los votos, frente al 37,4% del peronismo y con niveles récord de votos en blanco y nulos. De poco sirvió que De la Rúa señalara que él ni había sido candidato. El veredicto de las urnas aceleró los tiempos políticos: dos meses después, el presidente renunciaría dejando un tendal de muertos en la plaza de Mayo.

Tras acceder a la Casa Rosada con menos porcentaje de votos que de desocupados, Néstor Kirchner planteó a las elecciones de 2005 como una oportunidad para tomar el control del peronismo bonaerense, entonces en manos de Eduardo Duhalde. El Frente Para la Victoria arrasó con el 41,59% de los votos, frente al 15,34% de la UCR, lo cual le permitió terminar de legitimar su proyecto político de cara a la ciudadanía.

Ya con Cristina Kirchner al mando del Poder Ejecutivo, en 2009 las elecciones intermedias tuvieron un resultado híbrido: si bien el FpV fue la fuerza que más votos obtuvo a nivel nacional (31,3%, vs 29,5% del Acuerdo Cívico y Social), la derrota en la provincia de Buenos Aires contra Francisco De Narváez terminó dominando el sentido general de la contienda electoral.

Como se advierte, las elecciones de medio término representan mucho más que un mecanismo para seleccionar de forma parcial la integración del Congreso. Son, además, la herramienta que condiciona el pulso de la política nacional por los siguientes dos años. Aunque este domingo se celebren las PASO y no las generales, constituyen una ocasión única para medir el humor social y redefinir estrategias de cara a octubre.

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