Conflicto docente, ¡¿el Hiroshima de Macri?!

Redes en la mira. El Presidente publicó en su Facebook la fotografía de una clase a cielo abierto luego del ataque nuclear en Hiroshima junto al lema “La escuela nunca debe parar”. ¿Es posible establecer puntos de comparación? ¿Cuál es el mensaje del primer mandatario argentino?

Por Paloma Sánchez

El sábado Mauricio Macri publicó en sus redes sociales oficiales un post en el que reflexiona acerca de una foto de niños estudiando luego del bombardeo en Hiroshima bajo el título “PARA QUE UN PAÍS PUEDA LEVANTARSE LA ESCUELA NUNCA DEBE PARAR”, en un contexto de extrema tensión con el sector docente, que reclama la apertura de paritarias nacionales para una mejora salarial e inversión en infraestructura escolar.


El Presidente recupera la terrible imagen de los niños en Japón del portal de noticias Infobae, pero también algunos de los argumentos esbozados en la columna del periodista Alfredo Serra.


Serra ha sido cuestionado por especialistas en prensa y derechos humanos por su rol jerárquico en medios de comunicación de la editorial Atlántida, que propiciaron la persecución gremial y política y alabaron al terrorismo de Estado. Llamativamente en la actualidad otros sectores reconocen su labor, tal como lo indica la declaración de interés cultural y educativo por parte de la Legislatura Porteña, otorgada a su libro de memorias el año pasado e impulsada por el diputado radical Juan Nosiglia.

No obstante, más allá de la dudosa trayectoria del autor del artículo al que el Presidente nos remite, analicemos sus postulados, inspirados en una comparación difícil de trazar.

La localidad de Hiroshima fue víctima del primer bombardeo atómico, el 6 de agosto de 1945, durante la Segunda Guerra Mundial, por parte del ejército estadounidense. Un mes después la ciudad se vio azotada por un tifón que destruyó algunas de las infraestructuras que aún quedaban en pie. Se estima que hacia finales de 1945, la bomba habían matado a 166 000 personas, aunque sólo la mitad falleció el día del ataque. Entre las víctimas, la mayoría civiles, del 15 al 20 % murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación liberada por la explosión.

Ante la simple mención de Hiroshima, nuestra retina puede recuperar la impactante imagen de la nube de humo con forma de hongo que generó el lanzamiento de la bomba, aunque no lo hayamos vivido. Se trata de uno de los escenarios más devastadores e inolvidables para la humanidad.

Sobre la foto, Macri dice “se ve que los chicos continuaron estudiando en una escuela sin paredes, sentados en pupitres rotos, cajones de carbón y mandarinas rodeados de su ciudad pulverizada. Dos meses después de la bomba, de pie, al frente de todos ellos volvió a estar el maestro. Dando clases como todos los días, como si nada hubiese cambiado, aunque los chicos no tuvieran ni libros ni cuadernos y muchos de ellos, tampoco padres.”

Estas palabras del Presidente son dadas a conocer en el marco de una disputa del Gobierno nacional con los maestros, lo que obliga a vincular esta situación con el sentido propuesto en la publicación, implicando, a priori, la banalización de una de las más terribles tragedias de la historia mundial al relacionarla con un conflicto de carácter interno.

Equiparar este escenario con la situación social hoy en Argentina resulta por lo menos problemático ¿Por qué situarnos en una localidad de Japón, en un contexto de guerra mundial, de extrema miseria y dolor, para hablar de la educación en nuestro país?

La ciudad de Hiroshima debió ser reconstruida. Sabemos que Cambiemos propone la reconstrucción del país ¿será por ahí? ¿es posible comparar la experiencia de miles de niños huérfanos, enfermos, en una localidad japonesa que sufrió un ataque nuclear y luego un desastre natural con nuestros estudiantes argentinos hoy?

Es extraña la utilización de esta metáfora histórica por parte del primer mandatario para expresarse sobre el conflicto docente, ya que como bien explica el filósofo Alejandro Rozitchner, en un video que hace unas semanas circuló por las redes sociales, uno de los tres valores de la “visión del mundo PRO” es el Futuro, ya que “el pasado está lleno de gente muerta” por lo que no es necesario -o mejor dicho es contraproducente- evocar la historia en el discurso político.

Esta evocación propone con claridad una perspectiva que subraya el carácter de los niños como víctimas, en el mismo sentido que ha expresado la Gobernadora de la Provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal en su Facebook “ayuden a construir un futuro diferente, donde los chicos no sean siempre rehenes de la intencionalidad política”.


En su publicación, Macri dice “Por dos años Hiroshima estuvo en ruinas, sin escuelas, pero durante ese tiempo sus alumnos nunca dejaron de asistir a clases y los maestros nunca dejaron de estar al frente de ellos”. Así, postula una concepción del docente como mártir de su profesión, que debe sacrificarse en el cumplimiento de sus obligaciones, no como trabajador, en este caso de la educación, lugar desde el cual puede exigir condiciones dignas y justas para ejercer su labor.

Aunque según testimonios de algunos maestros dar clases en la escuela pública seacomparable a “defender una trinchera”, extrapolar las condiciones de la educación argentina actual a las de una realidad de posguerra hace que los reclamos por la infraestructura escolar de los docentes parezcan triviales.


Sin embargo, no estamos en guerra desde hace muchos años. Además ¿acaso no fue la fuerza política gobernante la que propuso la necesidad de terminar con la grieta, de pacificar a la sociedad argentina a través del diálogo?

Lo cierto es que la tensión con el sector, que cuenta con una organización sindical muy fuerte, está en su punto más álgido, luego de varios días de paro, masivas movilizaciones y lejos de encontrar un punto de acuerdo con el Gobierno en las negociaciones salariales.


Sabemos, según las propias declaraciones de Macri en el programa de Mirtha Legrand que el conflicto con los docentes no lo deja dormir. Lo cierto es que con argumentaciones como las publicadas en su Facebook sobre las clases en Hiroshima, no va a ser fácil que logre conciliar el sueño.