El algoritmo de Yrigoyen

Por: Dante Palma

El aislamiento que producen los microclimas bien puede sintetizarse en aquella figura de un presidente siendo persuadido por las buenas noticias de un diario apócrifo ideado por sus hombres más cercanos. Tal descripción corresponde a la leyenda del “Diario de Yrigoyen” y más allá de que, hasta el día de hoy, no existe prueba de que tal diario haya existido alguna vez, lo cierto es que la figura del “Diario de Yrigoyen” funciona como metáfora de la desinformación y el alejamiento de la realidad que puede tener quien, desde la soledad del poder, debe tomar decisiones. Rodeados de asesores, ajenos a las obligaciones familiares por el desborde que insume la función pública y, en muchos casos, provenientes de clases sociales para las que subirse al transporte público resulta una aventura antropológica, es muy difícil codearse con las necesidades cotidianas de las mayorías. En este sentido, no hay timbreo ni utilización de redes sociales que ayude demasiado.      

¿Pero qué sucede con el ciudadano de a pie? Las elaboraciones en torno a los medios de comunicación, especialmente en los años 60 y 70, e incluso antes también, nos ofrecían la imagen de una audiencia completamente a merced de los mensajes explícitos e implícitos de los medios. Sin embargo, la teoría clásica de la comunicación como una aguja hipodérmica que determinaba la conducta de las audiencias fue cediendo lugar gracias a los estudios que mostraban que la recepción de los mensajes nunca es enteramente pasiva. Este brevísimo e inexacto resumen de las reflexiones en torno a la comunicación podría culminar con las variables que introduce la irrupción de Internet, los portales de noticias y generaciones enteras que se informan a través de lo que sus amigos comparten en redes sociales. Y allí pareciera haber un regreso a concepciones perimidas pues incluso los más optimistas, aquellos que ven en Internet un paso decisivo hacia una ciudadanía capaz de acceder a un conocimiento abierto, ahora descubren la posverdad y la posibilidad de las “Fake News”. Así, pasan a repetir las mismas elaboraciones que antes repudiaron pues de repente, la ciudadanía ilustrada y libre es capaz de votar a Trump, presuntamente, por la campaña de desinformación iniciada por una serie de portales de noticias. Vale aclarar que, en lo personal, no creo que Trump haya ganado por las Fake News pero el progresismo liberal así lo interpreta y con ello adquiere la dosis suficiente de consuelo e indignación.  

Dicho esto, enfrentamos un fenómeno paradójico: si un diario de Yrigoyen era posible solo en el aislamiento producido por la soledad del poder, en la actualidad es posible crear diarios de Yrigoyen en la completa interacción, no solo para los gobernantes sino para la gente común. Efectivamente, el diario con las noticias que vos quieras leer lo tendrás estando intercomunicado con todo el mundo y no te lo escribirán unos asesores sino unos algoritmos.

Como alguna vez comentamos aquí, el término “algoritmo” proviene de la matemática y refiere a una serie de pasos o reglas que permiten llevar a cabo una actividad y obtener un resultado. A su vez, los algoritmos son esenciales para comprender cómo accedemos a la información en Internet pues estamos en un momento del desarrollo de la red en la que existe la posibilidad de individualizarla cada vez más en pos de la rapidez, nuestro interés y perfil de consumo. No es casual, entonces, que las publicidades que aparecen cuando navegas en un sitio refieran a lo que hace un ratito estabas buscando ni tampoco es casual qué sitios decide jerarquizar Google cuando realizas una búsqueda. Menos aún resultan casuales las publicaciones de amigos en las redes sociales que la red decide mostrarte. Esto significa que Internet avanza hacia una red hecha a medida de cada uno de nosotros, lo cual no sería tan problemático si tuviéramos plena conciencia de ello. Pero, claro está, ese no es el caso. Creemos estar abiertos al mundo y tener referencias objetivas del funcionamiento del afuera, pero estamos cada vez más inmersos en el entorno. La situación llega a tal extremo que en breve leeremos noticias hechas solo para cada uno de nosotros. Así, gracias a los algoritmos, podremos gozar de nuestro personal “Diario de Yrigoyen”. Tal predicción la realiza Evgeny Morozov, en un libro muy interesante llamado La locura del solucionismo tecnológico y publicado en castellano en 2016. Les citaré un párrafo alusivo de la página 189: “Tal vez comienza con aparente inocencia: personalizar los títulos y por qué no los párrafos introductorios para reflejar lo que el sitio sabe (…) sobre el lector. Pero más temprano que tarde (…) es probable que este tipo de prácticas también se extiendan hasta personalizar el texto mismo de los artículos. Por ejemplo, el lenguaje podría reflejar lo que el sitio es capaz de deducir sobre el nivel educativo del lector (…) O tal vez un artículo sobre Angelina Jolie podría finalizar con una referencia a su película sobre Bosnia (si el lector se interesa por las noticias internacionales) o algún chisme sobre su vida con Brad Pitt (si al lector le interesan los asuntos de Hollywood). Muchas firmas (…) ya utilizan algoritmos para producir historias de manera automática. El siguiente paso lógico –y, posiblemente, muy lucrativo- será dirigir esas historias a lectores individuales, lo cual nos dará, en esencia, una nueva generación de granjas de contenido que pueden producir historias por pedido, adaptadas a usuarios particulares”.

Todos leyendo lo que queremos leer; todos leyendo para confirmar lo que ya sabemos suponiendo inocentemente que en una sociedad abierta y conectada los flujos de información circulan y pueden hacernos revisar nuestras posiciones; todos reforzando las convicciones pero también los errores y los prejuicios que nos permiten vivir confortablemente bajo la suposición de que mi entorno representa a las mayorías y a la realidad. 

*Dante Palma es profesor de Filosofía y Doctor en Ciencia Política. Sus últimos libros son El gobierno de los cínicos (2016) y Quinto poder (2014). Actualmente conduce No estoy solo en radio del Plata.          

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