El efecto Truman

Por: Pedro Rosemblat

En mi Facebook, Macri cae la semana que viene. Yo paso ahí adentro no menos de ocho horas diarias y cada vez que abro la aplicación me sumerjo en un mundo en el cual la intención de voto del Presidente no supera el 10%. La imagen negativa está arriba del 80% y prepondera un grado de irritabilidad social de 9,4 puntos en la escala Violencia Rivas. Ahí adentro, el macrismo sigue siendo una expresión marginal de un puñado de ilusos a los cuales se les exige que antes de criticar, formen un partido y ganen las elecciones. Y con cada amigo que sumo, las proporciones aumentan.

Lo mainstream es Eduardo Aliverti. Veo su foto acompañando la frase de un flyer no menos de dos veces por día. En mi Facebook, Paenza es Einstein y Zamba es Bart. Pensarán que miento, pero Gabriela Cerruti está para ganarle a María Eugenia Vidal en cualquier distrito del área metropolitana. Un Truman Show para todos y todas.

Me avivé, más o menos, el 25 de Octubre del año pasado a las siete y media de la tarde, cuando confirmaron por televisión el triunfo de Cambiemos en la Provincia de Buenos Aires y la consecuente necesidad de ir a un balotaje. En Facebook todavía ganábamos en primera vuelta. Y muy tranquilos.

Cuando Argentina empató con Suecia el último partido del Grupo F en el Mundial del 2002, yo tenía 12 años. Hasta ese momento creía que todo lo que me decía mi viejo era cierto. Si alguna vez sucedían cosas distintas a las que él vaticinaba, no formaban parte de mi registro. Yo estaba convencido de que el viejo tenía una relación profunda con la más absoluta verdad. Ese día, inolvidable para casi todos, dijo que le ganaríamos a Suecia holgadamente. Que no me preocupara, dijo. Y cuando el árbitro pitó el final y Batistuta se durrumbó sobre sus rodillas para llorar la temprana eliminación de la Patria, yo me di cuenta de que él también pifiaba. Que sus lecturas y sus predicciones estaban basadas en instintos más o menos igual de elementales a los de cualquiera. Sospecho que hay mucha gente a la que le pasó algo parecido. Son pequeños momentos de grandes revelaciones. Eurekas que no significan nada para el resto de la humanidad pero que uno mismo las conserva eternamente.

Del mismo modo que conservaré eternamente el 25 de Octubre del 2015, una fecha inolvidable para la historia política argentina y clave para mi propia historia personal: el día que entendí que entre mi Facebook y la realidad hay 35 puntos de diferencia.

Pero los problemas no terminan ahí. ¿Vos cuántas horas por día compartís con gente que no es tu amiga en Facebook? Yo muy poca. Casi todas las personas con las que mantengo momentos de amenas charlas son amigos en Facebook. El Truman te persigue, nadie se escapa del Truman. Me junto a comer un asado y confirmo lo que disparaba la red social: Macri se cae ya, ahora. Es inminente. ¿Se cayó? Todavía no. Sospecho que en el Facebook de todos mis amigos debe pasar algo más o menos parecido. El Truman se expande y se multiplica. Igual que Jim Carrey empezás a ver la misma secuencia una y otra vez por el espejo retrovisor del auto. Pasa una señora con pantalones verde oliva, putea a Macri. Atrás la niñita en bicicleta que también putea a Macri y acto seguido el hombre de camisa a cuadros que también putea a Macri. De afuera se escuchan algunos gritos que todavía lo defienden, que hay que darle tiempo, que está pagando la cuenta de todo lo que dejaron los que estuvieron antes, pero yo no los escucho. No distingo la voz de Truman de la voz real. ¿Hay una voz real? Me preocupa volverme loco. Y cuando ya no lo tolero más me voy a Twitter, donde Macri ya cayó; o en el peor de los casos a Instagram, donde todavía ni es candidato.

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