El impacto de las elecciones legislativas en la gobernabilidad

Desde el Gobierno, se busca instalar que las elecciones legislativas o de “medio término” son perjudiciales para la gobernabilidad de los presidentes. ¿Qué dicen los datos históricos?

Desde las declaraciones de la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, cuando a mediados de marzo deslizó cuestionamientos con respecto a las elecciones legislativas, o “de medio término”, se busca instalar desde el propio oficialismo la posibilidad de eliminarlas. ¿Miedo a una derrota electoral o preocupación legítima por la gobernabilidad?

Bajo el argumento de una supuesta característica desestabilizadora que las legislativas le imprimen a las presidencias, junto con la fijación de objetivos cortoplacistas a la gestión de Gobierno, se alzaron nuevas voces pidiendo la eliminación de las elecciones de intermedias.

Sin embargo ¿es real la preocupación por la (des) gobernabilidad que pueden ofrecer dichas elecciones? El primer interrogante que entra en el análisis es si el oficialismo está contemplando o no seriamente la posibilidad de una derrota electoral, más precisamente en la provincia de Buenos Aires. El territorio que concentra el 38% del padrón electoral es donde el Gobierno sigue sin poder hacer pie en términos de imagen de gestión.

El segundo interrogante – debatible - es si las elecciones legislativas producen en los ciudadanos las mismas motivaciones políticas que produce una elección presidencial. Si esta premisa es afirmativa, en el análisis del Gobierno el de octubre será visto como un plebiscito de la gestión más que como una elección con motivación de control legislativo.

El último interrogante es si una derrota en las elecciones cambiaría el status quo de un oficialismo que maniobró positivamente casi dos años con minoría en ambas cámaras legislativas.

Mirando históricamente, ¿qué sucedió con el resto de los presidentes, desde el 83 a la fecha, al momento de enfrentarse a unas elecciones legislativas? ¿Desestabilizaron estas la gestión del mandatario o la fortalecieron?



Se tomarán como referencia los resultados de la categoría de diputados nacionales en la provincia de Buenos Aires. De los datos surgen varias cuestiones: las presidencias de Carlos Menem se pueden tomar como un proceso integral de 10 años y no como mandatos separados. La misma lógica se puede aplicar a la presidencia de Néstor Kirchner y los dos mandatos de Cristina Kirchner, que conforman un proceso político de 12 años.

Por el lado de la presidencia de Raúl Alfonsín, a pesar de haber dejado el cargo cinco meses antes de lo estipulado constitucionalmente, se puede analizar como un presidente de mandato completo. Sin embargo, a pesar de haber obtenido un triunfo en las elecciones legislativas de 1985, la situación económica en un contexto de hiperinflación apresuró su salida del poder.

Partiendo desde esos supuestos, se observa que salir victorioso de la primera elección intermedia es clave para la gobernabilidad presidencial en la democracia post-1983.

La derrota legislativa de Menem en 1997 no permite mayores conclusiones ya que, tras ganar las dos primeras intermedias, primó el desgaste de gobierno. Es solo materia de especulación pensar si una victoria en el 97 le hubiese permitido alcanzar una reforma que le hubiese permitido presentarse a una nueva reelección en 1999.

El caso de Fernando De la Rúa muestra un flamante presidente que afronta sus primeras elecciones intermedias en plena tormenta económica y obtiene una pésima performance en la provincia de Buenos Aires. El ex alcalde de la Ciudad de Buenos Aires cargaba también con una profunda crisis política que había implosionado su coalición de gobierno y había llevado a la renuncia del vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez en octubre de 2000.

El proceso kirchnerista comenzó con una contundente victoria en las legislativas de 2005, con la curiosidad de que el de Néstor Kirchner es el único caso de la lista que logró aumentar su caudal electoral en las intermedias respecto de las presidenciales.

Cristina Kirchner continúa el proceso político sin poder ganar las elecciones de medio término, pero obtiene la reelección en 2011 con un rotundo apoyo electoral.

Más allá de esta sobresimplificación que facilita el análisis, se puede establecer que la inestabilidad presidencial es un fenómeno multicausal, que no solo puede ser explicado por los resultados de unas elecciones intermedias, sino que intervienen también el contexto político-institucional, la capacidad de liderazgo del mandatario y la situación económica, entre otras cuestiones.

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