El péndulo sigue oscilando

Por Guillermo Bellingi

El recurrente problema del sector externo en nuestro país  va perfilando un nuevo capítulo, con situaciones conocidas, pero no por ello aprendidas.

La foto actual no es tan compleja como la sostenibilidad del sendero que se está empezando a transitar. En la imagen actual el déficit de la Cuenta Corriente no es tan pronunciado y se contrapone con los excesos de ingresos por la Cuenta Financiera. A tal punto que el BCRA acumula más reservas y la siempre sostenida y elevada demanda de billetes dólar para atesoramiento se satisface holgadamente.  Incluso, claramente ya, con apreciación del tipo de cambio.

Ese esquema, su dinámica y el clima nacional e internacional dificultan o ponen luces de alerta, como mínimo, sobre la sostenibilidad: primero de las cuentas externas, luego sobre las cuentas fiscales y, finalmente, sobre la estructura productiva y su desarrollo.

Hablando en dólares, en todo 2016 la compra de billetes fue casi 20.000 millones. En apenas dos meses de 2017 van casi 5.000 millones, incluso más allá de lo estacional, ya que en el mismo bimestre de 2016 eran 2.700 millones.

Los egresos por utilidades e intereses, que en 2015 fueron 2.000 millones, en 2016 sumaron casi 5.000 millones, en una dinámica, al menos para los intereses, que se irá acelerando por el doble efecto de las mayores tasas de interés y el mayor volumen de deuda.

La formación de activos externos del sector privado no financiero en 2015 sumó unos 11.000 millones (de los cuales el 20% se realizó en diciembre de ese año), mientras que en 2016 alcanzó los 28.500 millones y en dos meses de 2017 casi duplica los dos primeros meses de 2016, alcanzando 6.500 millones.

La contracara de todas esas fuentes de fuga de dólares son los ingresos por préstamos al sector público, que en términos netos pasó de ser negativa en 2015 (-4.000 millones) a acumular 25.000 millones en 2016 y 10.500 millones en el primer bimestre de 2017.

En los últimos 40 años hemos experimentado ya períodos prolongados de déficit de cuenta corriente, sobrecompensado al principio por la cuenta financiera (1992-1998), compensado luego (1999-2000) y profundizado más tarde por la salida en ambas (2001-2002). Incluso, las causales guardan simetría:

  1. Período de expansión económica, alto endeudamiento público, atraso cambiario, ahorros que se dolarizan.
  2. Período de incertidumbre, agotamiento de estabilidad cambiaria, presiones sectoriales devaluacionistas, estancamiento/recesión.
  3. Explosión con crisis, caída del producto, salida de capitales, aversión al peso.

De ese esquema, podríamos encontrarnos en la fase inicial, excepto por la expansión económica.

La generación de divisas que podría evitar un recorrido conocido, dado el atraso cambiario, está excesivamente concentrada en pocas cosas rentables a este nivel de tipo de cambio, vinculadas a recursos naturales de baja generación de empleo; endeudamiento público y privado, con su contracara de repago de intereses.

¿Y el PIB?

Otra discusión interesante al final de este verano es el crecimiento del PIB para este 2017. Tenemos pronósticos que se mueven en un rango muy amplio de diferencia: desde optimistas 4% hasta los que vaticinan caída. El PIB lo conforman  consumo, inversión y exportaciones; sólo si crecen estos tres elementos o alguno de ellos podemos esperar aumento del PIB. El consumo, que es el componente más importante no aumenta y, si lo hace, todavía queda la posibilidad que se dirija a bienes importados, con lo cual se escapan puntos del producto. Encima las medidas sobre pago en cuotas “sin interés” y los aumentos de tarifas le dispararon en los pies a una parte del impulso consumidor.

La inversión, pública y privada, requiere crecer a una tasa explosiva para poder impulsar el producto si el consumo mueve poco o nada. Si se reactivara fuerte y velozmente la construcción, principalmente vía inversión pública, cabría esperar que algunos consumidores puedan también poner su parte (habría que pedirles que compren nacional, eso  si). Finalmente las exportaciones, el componente más pequeño, no tendrá fuerza para mover al resto, menos aún si el producido de las ventas es guardado en el exterior.

Esta combinación, de sector externo encendiendo alarmas y producto con crecimiento bajo o estancado nos vuelve a focalizar en el sector público: hoy el déficit es alto, se perdió presión tributaria y se está armando la bola de nieve de los intereses por endeudamiento. Por ahora no ha sido un problema financiarse, con la baja de subsidios, los ingresos por blanqueo y el endeudamiento se dificulta entrar en crisis. Pero los tres son elementos utilizables por única vez…parece que el péndulo sigue andando.


* Economista. Centro de Investigación en Economía Política y Comunicación. CIEPYC-UNLP

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