¿Hasta cuándo?

Por Carlos Leyba

Los Kirchner gobernaron negando la realidad y esa confusión los llevó a dejar una herencia difícil de remontar.

Néstor era un hombre que atraía la suerte. Por eso ocurrió lo mejor que le pudo pasar a su memoria. No tuvo que afrontar las consecuencias de su obra.

Como todos sabemos en economía se puede hacer casi cualquier cosa. Lo que no se puede evitar son las consecuencias.

Por cierto Carlos Menem y José Alfredo Martínez de Hoz, principales responsables de nuestra decadencia, tampoco tuvieron que afrontar las consecuencias de su accionar en economía. Pero, no tan afortunados, las bombas sembradas estallaron cerca y fue fácil identificar a los autores del terror. Y cuando las bombas estallaron (hiper inflación, hiper desocupación) estaban con vida.

Los K, para acomodar los hechos a su discurso de éxito, falsificaron las estadísticas. La veracidad estadística es un elemento básico para un diagnóstico correcto.

Sin diagnóstico, la terapia, deriva en tanteo manosanta.

No fue que las estadísticas equivocadas indujeron a error a los K. La falsedad estadística fue una necesidad ante las consecuencias de los errores gigantes de política económica que amenazaban su popularidad. Gracias Jacobo Grossman por haber logrado “cuidar a Cristina”.

Eran errores que se acumulaban, poco a poco, desde el principio de la gestión. Y los errores del hacer, segunda etapa,  y del no hacer, primera etapa, se sumaron. Es evidente, nos ha pasado tantas veces, que a pesar de la política económica errónea, los números pueden “dar bien”… un tiempo.

¿Recuerda el lector cuántas veces nos hablaron del “milagro argentino”? 

Los buenos números de la era K fueron, básicamente, los superávit gemelos.

Pero esos “buenos resultados” ocultaban más de lo que exhibían . ¿Por qué?

Porque los “buenos resultados”, fiscales y externos, obedecían y  a la vez escondían, la pobreza y la baja productividad del sector urbano, compensada esta por el auge de las materias primas.

Pobreza y baja productividad se tomaron su tiempo para devorarse ambos superávit. En el entretanto, los K, cubrieron las apariencias con la euforia del pasado y la falsificación estadística.

Sin 50 por ciento de pobreza y sin 20 por ciento de desempleo franco, la tasa de inflación no habría sido la que fue. Sin el precio de la soja, ni la balanza comercial ni la fiscal, habrían sido las que fueron. Lo primero fue una desgracia, un sufrimiento, lo segundo una oportunidad finalmente desaprovechada.

Una vez que la pobreza se redujo los precios retornaron a la cadencia de riesgo. Y una vez que los precios de la soja dejaron de crecer el fisco abandonó el escenario de la pata ancha.

Ambas cosas, ambos retornos, demuestran que ninguna transformación había sido realizada. Tiempos perdidos a causa de la visión optimista de la inteligencia. Una pesadilla.

El mejor ejemplo de esa visión “optimista de la inteligencia” K (todo está y estaba bien) es el reciente discurso de Cristina Elisabet en Bruselas y ante eurodiputados y un grupo de “muñecos de Disney” que festejaban su maratón oratoria.

Allí mencionó, entre otras gansadas, que los que se incorporaron al empleo, durante sus años de gobierno, no lo habían logrado por mérito propio sino por que ella se los había provisto. Afirmación coherente si tenemos en cuenta que según CFK los jóvenes no sólo no pueden conseguir trabajo sino que no pueden leer ni comprender como ella lo hacía cuando joven. Juventud que según sus dichos para ella se inicia con la Revolución de Octubre de 1917 en la Rusia de los Zares.

Obviamente CFK considera que, para entender “la realidad”, las juventudes necesitan de sus cadenas nacionales cotidianas esclarecedoras. ¿Cómo le caerá a Máximo y a Florencia?

Cristina es un ejemplo modelo del “optimismo de la inteligencia” que significa comprender de manera optimista la realidad. A pesar de los males y de sus más probables o inevitables consecuencias. El Señor Pangloss del Cándido de Voltaire.

Esa enfermedad produce la patología del “pesimismo de la voluntad” o, lo que es lo mismo, la incapacidad de formular políticas de cambio.

Es decir la realidad se viene encima porque no se la transformó. Y eso es lo que pasó.  El optimismo de la inteligencia lleva de la mano al pesimismo de la voluntad o, en buen romance, “creérsela” conduce a no hacer lo que hay que hacer.

Estas consideraciones son necesarias para analizar la situación M por contraste.

Repito los K negaban la realidad y falsificaban las estadísticas de inflación, pobreza, crecimiento, para homologar el relato.

CFK en la FAO sostuvo que la pobreza castigaba a sólo el 5 por ciento de la población y que los salarios “reales” aumentaban al ritmo del 25 por ciento anual. Dato. En la falsificación como método están de acuerdo los opositores al kirchnerismo, lo que es obvio; y la mayor parte de los que fueron sus Jefes de Gabinete y sus Ministros de Economía. La mayor parte coinciden en que los K mentían. A confesión de parte relevo de prueba. No hagamos nombres. Pena. Volvamos.

Sin conciencia de la realidad no es posible hacer diagnóstico. Y sin diagnóstico la política es un extraordinario disimulo. Cartón pintado. Escenarios de utilería. Tramoya.

No por nada el gremio que está detrás del escenario, cambiando telones en los teatros, es el de “los tramoyistas”.

¿Qué pasa con los M? Ellos son veraces con las estadísticas. No las falsifican y hasta las mejoran en términos técnicos. Entonces ellos ¿no niegan la realidad?

Por supuesto que la niegan. Pero la niegan con las mismas cifras que sus críticos analizan la política. Y también este método de negación hace imposible el diagnóstico imprescindible para administrar el remedio.

Lo hacen ellos, los que están en el gobierno, y también los consultores “eternamente oficialistas” que los acompañan.

La negación de la realidad no sólo impide el diagnóstico sino que anula la posibilidad de un debate productivo. Transforma la discusión en disputa. Y a pesar del cambio de actores K por actores PRO, esta negación de la realidad, nos retorna al mismo escenario del que el voto ciudadano quiso alejarnos. 

¿Cuál es el método de la negación de la realidad M dado que no es el de la falsificación estadística? Veamos.

Los PRO han introducido la estrategia del “gerundio”. Dicen “la inflación está bajando”. No dicen bajó, pero dicen está bajando. El crecimiento está viniendo. No llegó, pero está viniendo. El empleo está llegando y así. Son como los tanques del General Alais.

El gerundio es una conjugación del verbo que demuestra acción que no está definida en el tiempo.

En los primeros tiempos el PRO trabajaba con tiempos precisos. Popularizó la expresión “el próximo semestre”.

Esa precisión temporal fracasada fue sustituida por los “gerundios intemporales” conjugados como promesa de fecha incierta.

Pero dichos con el entusiasmo propios de aquellos que no pueden aceptar sentarse ante la realidad tal cuál es. El desprecio de la realidad genera energías. Lo suficientemente fuertes para cambiar por la idea de un proceso sin precisión temporal.

Los PRO no mienten con los números. No comprometen fechas porque saben que no pueden pasar el examen si la mesa se reúne un día determinado. Nadie podría sensatamente hacerlo. El error de avisar que todo llega el próximo semestre ha sido superado.

Ahora se evaden del presente y de la realidad, afirmando con la certeza de un vigía, montado sobre el mangrullo más alto de la región, “está viniendo el crecimiento”.

Difícil mientras el consumo se desploma (5 por ciento) y la inversión pública, que se acelera, no suma como para cambiar el resultado.

“Está bajando la inflación” difícil cuando, a pesar del retraso cambiario, los alimentos aumentan y los precios se preparan para recibir, en algún momento, el embate de los ajustes tarifarios prometidos y postergados.

El cambio de los precios relativos, por ejemplo tarifa de transporte versus helados, en la medida que implica la suba de unos precios - y no significa la baja de otros -, tiene la consecuencia obvia del aumento del promedio. Es así. Y si los precios relativos están desalineados la presión inflacionaria es estructural.

La lucha talibán del Banco Central está sufriendo una considerable derrota. Puso una enorme fuerza en las tasas de interés al servicio de la lucha antiinflacionaria y en pos de las metas imaginarias de inflación.

El resultado, hasta ahora, es una inflación mensual de 2,6 por ciento que es un censo para la población.

Pero un negocio extraordinario para la golosa Patria Financiera que ha estado viviendo, desde que Federico es el rey de la Lebac, una primavera permanente viendo brotar mucho verde, verde dólar, reproducido a tasas extraordinarias. Esos son muchos más que brotes, son verdaderos bosques verdes de negocios financieros. ¿Eso es un objetivo?¿La transferencia de riqueza a favor de jugadores con el resultado anunciado es un dato saludable o una inmoralidad

gigantesca?¿Eso es PRO?

Finalmente y después de la libertad irrestricta del talibán Federico Sturzenegger, que disfrutó de la ingenuidad de la “independencia del BCRA”, a causa del comprobado y previsible fracaso de la política de tasas de interés para domar la inflación, y de la tontería de la estrategia que “el mercado” fije el tipo de cambio, los CEO han renunciado a la “independencia del BCRA” y ordenaron “parar la mano” que favorecía escandalosamente a la Patria Financiera.

Se dio un paso en acabar con la independencia del BCRA.

Y la dio un gobierno que  – dicen – intervino en la elección del Presidente de la AFA y en la del Presidente de la UIA y – por lo que vemos – trabaja diariamente para dividir la CGT o hacer fracasar el éxito de su unidad.

La independencia del BCRA es una tontería acerca de la que ni vale la pena argumentar. Pero que el gobierno intervenga, presione, opere, en la AFA, la UIA y la CGT, es un riesgo autoritario.

Los gradualistas le ataron las manos a Federico para impedir que siga la suba de la tasa de interés. Y presionó para que compré dólares y frene la tendencia a la sobrevaluación cambiaria. Tarde.

Federico ya le propinó dos cachetazos fuertes a la economía real. El primero fue el freno directo a la actividad a causa de las tasas. Con esas tasas siempre es mejor, desde el interés individual, invertir financieramente que apostar productivamente.

El segundo cachetazo fue la sobrevaluación cambiaria que hace baratos, en términos relativos, los bienes a alto componente importado y encarece los bienes con valor agregado para exportar. 

En ambos casos, especulativos unos y comerciales los otros, el Bien Común, el objetivo de la política, queda desplazado por el interés individual.

Y eso es lo que hizo hasta ahora militantemente el BCRA.  Algunos de sus miembros tienen una tradición familiar en esa faena.

Tampoco hay que olvidar que Federico decidió cumplir con el compromiso suicida de Alejandro Vanoli, Cristina Elisabet y Axel Kicillof y pagar la superganancia de los operadores en el dólar futuro.

Inexplicablemente pagó (emitió) 50 mil millones de pesos para que un grupo de ricos vivos se lleve, a cambio de nada, una fortuna infinita que pagamos todos y que fue una de las causas originarias del festival de tasas y que Alfonso Prat Gay llevó (el contrato original) a tribunales por conformar un delito penal. Federico le tiró tiros cuando el muerto aún estaba con vida.

No es el “pago del dólar futuro” la única alianza implícita con las decisiones K. La principal, sin duda, es la alianza estratégica con China. Hoy se viene la presión de la “arenga popular de viviendas baratas” que serían las prefabricadas en China.

Más deuda externa y menos trabajo local. La idea sería desocupados con techo pero con deuda externa.

Hasta ahora había consenso en que una de las estrategias más sólidas para generar trabajo era hacer aquello que no nos obligaba a importar y a endeudarnos en el exterior. La construcción, el trabajo local, fue siempre la primera herramienta de reactivación de una economía planchada con un sector externo débil. No hace falta ser muy leído para entenderlo.

Pero hay otras razones. Las electorales por encima de todo. Y cuando no el punta pie inicial de Francisco Macri.

Mauricio va en pos de importar casas prefabricadas chinas. Hay financiación. Los chinos le entran por el lado más fácil. Pero es también una estrategia suicida. Deuda externa y trabajo chino. Por unos votos.

No obstante estos aprontes, después del primero de abril pasado y de otros hechos afortunados, al gobierno le está faltando un baño de gramática. Porque “esos hechos” tampoco se van a concretar a tiempo. Me explico.

En política el gerundio, del que el gobierno abusa, es una escusa que vela a la realidad.

El abuso del gerundio, por parte de todos los funcionarios M , es una forma ingenua de negación de la realidad. Y por más ingenua que sea produce la imposibilidad del diagnóstico, en el gobierno, y la imposibilidad del debate en la sociedad.

La promesa que “las soluciones están llegando” ha inducido a este gobierno a abandonar la política económica y a sustituirla por la brujería del marketing político que ha convertido a la política en una mercancía.

Este gobierno, como el de CFK, trabaja para ganar las elecciones y no para solucionar los problemas del país.

Ni los de corto plazo, que son los del crecimiento y de la política de ingresos. Y no hay aquí política de ingresos ni de crecimiento.

Ni los de largo plazo, los de verdad, que son la realidad social que el 50 por ciento de los jóvenes menores de 14 años nacieron y viven en hogares bajo la línea de pobreza. En esos hogares está el futuro. ¿Somos concientes de ello?

O que en el Conurbano en 1250 Villas de Emergencia  viven 2 millones de pobres. Y que en 0,5 por ciento del territorio nacional vive el 30 por ciento de la población. Allí se reproduce la frustración ¿Somos concientes de ello?

O que estamos repitiendo con el Acuerdo Chino, obra de los K abrazada por los M, la estructuración que nos ha condenado a vender materia prima a cambio de industria e infraestructura financiada con deuda, para exportar la materia prima. ¿Somos concientes que ese modelo inevitablemente multiplica los males del Conurbano y de la pobreza?

Unos falseando las estadísticas y otros a base de gerundios.

Los dos convergen en ignorar la realidad y en abandonar el sentido de la política que es el poder hacer las cosas y no el hacer las cosas conveniente para mantener el poder.

El pasado pasó. Y fue derrotado.

Pero ahora, según sus encuestas, Carlos Fara, dice que “un porcentaje superior a 80 por ciento está demandando un cambio de política económica”.

Por eso ¿Hasta cuándo?

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