Importaciones: ¿proteger a quién y para qué?

Por Miguel Zanabria

Las importaciones han entrado en el debate de política económica desde hace unos años en Argentina. Hasta el año pasado se acusaba a la administración del comercio de frenar el desarrollo industrial, hoy, su aumento, es acusado de destrucción de esa misma industria.

De acuerdo a la teoría económica simplificada una devaluación tiene como efecto encarecer las importaciones y a la vez hacer nuestras exportaciones más competitivas.

La devaluación fue acompañada del desmantelamiento el sistema de “licencias no automáticas” con las que el gobierno administraba las importaciones en post de una política industrial.

Paradójicamente y en contra de los apriori de la teoría económica convencional; Argentina se fue abriendo cada vez más desde 2004 al ritmo de su crecimiento llegando a niveles altos de participación en el PIB hasta la crisis internacional que se manifestara en 2009 (en realidad el pico es 2010), siendo a partir de entonces que comenzó a implementar medidas de administración del comercio. Las causalidades parecieran invertidas a lo que espera la teoría convencional, es el aumento del producto lo que posibilita una mayor apertura y no lo proclamado de que abrir la economía genera un aumento del producto.

De hecho, la teoría económica convencional admite que privilegiar la apertura por sobre el crecimiento lleva a un cambio de la estructura productiva que implica caídas (e incluso la desaparición) en la producción de sectores de la economía (y por lo tanto caídas en el empleo en esos sectores) los que serían más que compensados por aumentos de la producción y del empleo de los sectores competitivos. Es decir, se provoca un efecto casi inmediato de destrucción con la esperanza de que la inversión en los sectores competitivos lleve a un resultado global positivo. A esta altura es necesario llamar la atención sobre dos aspectos que exigen prudencia cuando se propone esa política: el primero es que la decisión de invertir la tienen los empresarios y constituye un impresionante poder de presión para exigir por ejemplo la reducción de los salarios (u otros beneficios impositivos por ejemplo) y el segundo, es que aun en el caso de que los empresarios no hicieran uso de ese poder de coerción social, el proceso de reestructuración es largo, de varios años.

La misma medida, efectos diferentes

El gobierno de la Alianza neoliberal inició su mandato con una maxidevaluación del peso al pasar el dólar destinado a las transacciones comerciales de $ 9,8270 a $14,74 al 13 de febrero de 2016.

En una economía bimonetaria y con una formación de precios oligopólica el efecto sobre el tipo de cambio real fue muy parecido al que se tuviera con la devaluación de 2014, una rápida reapreciación cambiaria al cabo de pocos meses.

Entretiempo, el tipo de cambio alto debería tener un efecto negativo sobre las importaciones debido a su encarecimiento. Esto se verifica claramente en la devaluación de 2014, las importaciones caen con respecto al PBI y comienzan a crecer cuando el PBI se recupera del efecto negativo sobre el nivel de actividad provocado por esa medida desacertada.

Cuando el gobierno de la nueva alianza provoca una nueva devaluación lo hace de una forma totalmente anárquica, solamente basada en cuestiones financieras: Un análisis serio les hubiera permitido darse cuenta que el tipo de cambio era complementario de las licencias no automáticas. Al devaluar y a la vez eliminar la administración del comercio las importaciones comienzan a aumentar rápidamente, pero no como consecuencia del aumento del PBI, sino que evidencia corresponderse con una sustitución de la producción argentina.

A partir de la devaluación de principios de 2014 la participación de las importaciones en el PBI se reduce (tal como es esperable). A partir de la devaluación de la Alianza Cambiemos, las importaciones crecen en relación a la producción nacional en un contexto de fuerte caída del PBI.

El impacto sectorial del aumento de las importaciones

A priori el aumento de las importaciones no es per se negativo. Por ejemplo si se diera en un contexto de fuerte aumento de las inversiones genuinas, podrían estar reflejando un futuro incremento de la capacidad de producción del país. Lamentablemente no estamos en presencia de una lluvia de inversiones y el consumo solo se recupera en las cuentas nacionales publicadas por el INDEC.

A nivel más desagregado, los sectores que más llaman la atención son “Agricultura, ganadería, caza y silvicultura” cuyas importaciones aumentaron 35% en el primer trimestre de 2016 (mientras su producción caía un 6%), para luego pasar a un aumento de las importaciones del 66% en el segundo trimestre (con una caída del producto del 8%), siempre comparando con igual trimestre del año anterior.

El sector Pesca muestra un aumento de las importaciones trimestrales del 44%, en el segundo trimestre de 2016, que coincide con una caída de la producción de 16%.

El sector manufacturero en su conjunto muestra una caída de las importaciones de un 11 y 34 por ciento en el primer y segundo trimestre de este año que pareciera coherente con la caída de la producción del 2 y 8% para esos periodos, siempre en términos interanuales.

La realidad nos sigue mostrando que la administración simultánea del comercio y del mercado de cambios era mucho más eficaz y menos costosa para cumplir con el mismo objetivo: mantener el tipo de cambio nominal como ancla de los precios ( la administración del comercio y del mercado de divisas fue sustituida por tasas de interés elevadísimas). El abandono de la administración de precios por la nueva administración, no le deja otro camino que aumentar la competencia externa para limitar el poder de formación de precios de las empresas radicadas en Argentina.

Esto no quiere decir que no se deba imperiosamente proteger selectivamente a las ramas productivas mas afectadas, pero esta medida debe ser tomada en un contexto de crecimiento del mercado interno. 


* Economista CIEPyC y UNQ



 


 


 

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