La importancia de llamarse Marquitos

Por Pedro Rosemblat

Vos sos Marcos Peña. Sos joven y sos Jefe de Gabinete. No tenés votos, no tenés carisma, pero sos Jefe de Gabinete, estás a un metro del Presidente, todo el día. Algunos dicen que sos medio tarado pero no importa, vos seguís ahí, sos un león, estirás el brazo y está Macri. Te putean, que hablen, el decorado se calla. Te agarró medio por sorpresa todo esto pero ya estás en baile y tenés que bailar. Sindicatos, Naciones Unidas, sojeros, Venezuela, bancos, 23 Provincias, Gobernadores, ISIS, el Papa, la Federal, el fútbol, los trenes, la Corte Suprema, el dólar, Brasil, CFK, las tarifas, las reservas, la inflación, quilombo. Vamos por partes. Antes que nada, las finanzas. Se encargará el Ministro, supongo. Pero como el Ministro no te responde en forma directa nombrás a dos coordinadores del gabinete económico. ¿Existe el cargo? No, y a vos qué carajo te importa, sos el Jefe de Gabinete. Buscás un Secretario de Comercio: tu primo. ¿Es incompatible porque es dueño de una cadena de supermercados? No importa. Va igual. Y si tienen algún problema que te vayan a buscar. ¿Algo más? Sí, Snapchat. Mucho Snapchat y Facebook para comunicar. ¿Unidades básicas, comités, organizaciones tradicionales? ¿Para qué? Te arrugan la ropa. De lo viejo se encargan Ritondo y Monzó. Vos sos lo nuevo, Marquitos. Redes sociales, pesada herencia, sinceramiento y señales al mercado, vamos por ahí. El ecuatoriano te lima el bocho. A vos no te gusta pero es el gurú de tu jefe. A veces no queda otra: hay que hacerle caso. Decís que estás aprendiendo sobre la marcha. Le pedís al resto de los Ministros que diga lo mismo. El publicista habrá metido varios goles, pero con esta no la pegó. Se te planta hasta Mirtha Legrand. ¿Cómo que estás aprendiendo sobre la marcha? No, chiquito, no me parece. Te comiste el amague, cosas que pasan. En el fondo al ecuatoriano le chupa un huevo, vos sabés, después se va y con el muerto quién se queda. Vos, obvio. A los otros funcionarios se les patina el discurso. Que no carguen nafta, pide el de energía. Que estamos en un túnel negro negro, todo oscuro (no hacía falta, Gabriela, pero gracias por la ayuda). Lo que viene es Internet, dice el de telecomunicaciones. Se colaron, yo no los invité y hasta tengo amigos judíos, asegura el líder juvenil después de sacarse una selfie con nazis en la Rosada. Qué mal la estás pasando. Pero no importa, vos seguís ahí, tratando de mostrarle al mundo que hay alguien sensato en tu Gobierno, un cerebro que sostiene las marionetas de la gestión. Qué difícil la que te toca, Marcos. Sobre todo si la gestión, de a ratos, parece descerebrada. Pero siga, siga, que por ahora (casi) nadie se dio cuenta. Estuviste bien en construir el mito: Marcos Peña, el genio de la comunicación. Fa, impresionante. Y cuando se discute si el gobierno va a apelar o no la prisión domiciliaria para los genocidas, ¿quién sale a comunicar? ¿Garavano? No, ese dijo que son más los ministros que no tienen cuentas offshore que los que sí. Dejá Garavano, quedate en tu casa. ¿Bullrich? No, primero que no tiene nada que ver y segundo que cada vez que habla, la caga. Supongo que le corresponde a Avruj. ¿Quién es Avruj? Dejá, voy yo, decís. Y salís vos, Marcos, el genio comunicador: “No está mal que una persona mayor se vaya a la casa”. Puta madre, creo que la embarraste. Sobre todo cuando hace menos de un mes mandaste a 150 policías, agentes de la CIA, el GEOF y la KGB para que detengan a Hebe de Bonafini que tiene más años y aguante que todos los genocidas juntos. ¡Y encima no pudiste, Marcos! Dejá, mirá, mejor dejá. Que se ensucien los que no son genios, Marquitos, vos no te metas en eso. Salí de ahí, Maravilla, que con el aumento de tarifas te pasó lo mismo. El pelotazo en contra se lo estaba comiendo el de Shell y vos fuiste ahí solito, a poner la cara con él, a comunicar que ahora sí ya saben lo que tienen que hacer. ¿Y antes? Antes nada, estábamos probando, queríamos ver si estaban atentos. Sos groso, Marcos, te pudo haber fallado el cálculo sobre el impacto del tarifazo pero la respuesta estuvo a la altura de las circunstancias.
 La luna de miel se terminó y ahora estás en ese limbo entre que volvés de viaje y arrancás la rutina. ¿Y la rutina cuál es? La de siempre: tratar de que el país no se vaya a la mierda. No aspires a mucho más que eso, Marcos. Si llega una pizca de bonanza, mejor, pero si no vos seguí comunicando. Con que no se prenda fuego todo, a vos te alcanza (te sobra, Marquitos) para convencernos de que el camino correcto es el tuyo. Pero metele porque se acerca la medianoche y la carroza se convierte en calabaza, el vestido en una bolsa de residuos y el zapato de charol se vuelve alta llanta. Lo único que falta, y esto sí que ya sería el colmo, lo único que falta es que la imagen de María Eugenia Vidal supere ampliamente a la de Macri e incluso a ella le empiece a dar pudor estar al lado del ingeniero. Y ahí está Sergio, al acecho. Lo ves a Massa y te revienta la vena porque es igual de liberal y conservador pero no tan cheto como ustedes. Y Vidal coquetea con él. Cogobierna con él. Se quiere despegar, la turra. Se quiere despegar porque intuye que esto se va a la B, Marcos. Y no sabe, pobrecita, que si esto revienta, revientan todos. Salvo, claro, que alguien comunique mejor que el resto y explique que el problema no era el rumbo, sino el capitán. Yo no digo que vaya a ser fácil, pero confío que entre vos y Facebook lo pueden sacar adelante.


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