Las consecuencias económicas de Mr. Trump. Parte 1. Globalización y comercio

Por Jorge Carrera

Donald Trump se ha convertido en un sujeto interesante de análisis porque ha prometido cambios significativos en muchas esferas de la vida política y económica de EEUU y el mundo, lo cual ha generado múltiples focos de resistencia. Y ese es el primer elemento a analizar. Cuánto podrá avanzar en una agenda como la propuesta?  Qué resistencia de las elites y parte del establishment va a encontrar, qué alianzas internas y externas podrá implementar? Y,  si finalmente frente a la notable resistencia que ha desatado, moderará sus promesas o mantendrá la apuesta.

Desde la perspectiva de los países emergentes vale la pena centrar el análisis en sus propuestas económicas. Trataremos de ir de lo más general a lo más específico.

La promesa basal consiste en dar un golpe de timón para volver a posicionar a EEUU como “el” líder central y único y no como un primer actor más (primus inter pares) compartiendo cartel con China y algunos otros países relevantes. America First es una concepción completa (externa e interna) sobre el rol de EEUU en la política y en la economía mundial. Es clave porque cambia la ya tradicional posición a favor del multilateralismo que se había acentuado con Clinton y Obama.

America first o Make America great again son los leitmotivs mediante los cuales Trump propone repensar la globalización por sus efectos nocivos para EEUU. Paradójicamente, una amplia mayoría de analistas serios de diferentes corrientes ideológicas sostienen que, si hay que señalar los países beneficiados por la globalización, en esa lista no faltaría EEUU, pero Trump afirma que no. Posiblemente lo que cierra la brecha de percepciones es cómo se ha distribuido el beneficio neto de la globalización en la sociedad norteamericana. Pero no es este el camino elegido por Trump para el diagnóstico donde el foco de la culpa es externo.

Para analizar la internacionalización de una economía es conveniente estudiar sus dos principales canales de interacción con el resto del mundo. El canal comercial y el financiero. Hay otros importantes como el migratorio o el cultural. Pero su análisis excedería este espacio.

Trump cree que la globalización ha llegado muy lejos en lo que respecta al canal comercial, no así en el canal financiero. Por supuesto, el canal migratorio de la globalización directamente lo ve como dañino y, suponemos, que el canal cultural lo percibe beneficioso sólo sí contribuye a expandir la cultura americana tradicional en contraposición al multiculturalismo.

Asistiremos entonces a un ambicioso intento de reconfigurar la globalización económica privilegiando el canal financiero (al que piensa liberar de sus ataduras) y condicionando el canal comercial.

 

Multilateralismo y política comercial

Hay varios pasos para cambiar el impulso al multilateralismo. Los megaacuerdos comerciales y de inversión como el Transpacífico (que justamente intentaba excluir a China) se abandonarán por nocivos (Hilary prometió lo mismo), algo similar pasaría con el TTIP (acuerdo con Europa) y los más tradicionales como el NAFTA serán renegociados.

Los foros multilaterales como el G20 u otras instituciones pierden relevancia en esta visión global. Se reestablecerá la vieja política del Hub and Spoke. EEUU hablará con cada país, individualmente, uno por vez, haciendo sentir el peso de las asimetrías y estos competirán para hacerle el mayor número de concesiones, lo antes posible. Se fomentará la división de los bloques eligiendo interlocutores privilegiados en cada uno.

Se intentará una política comercial de EEUU más restrictiva. Las declaraciones del candidato hablaban de una suba de aranceles del 45% con China y 35% con México. Lo más concreto es la propuesta de un impuesto de ajuste fronterizo de 20% presentada por Paul Ryan, Presidente de la Cámara de Representantes. Esto no es fácil de implementar, requiere mucha sintonía fina para no dañar las cadenas globales que se han ido estableciendo y de las cuales las multinacionales norteamericanas son el centro.

Conocer cuál es la relación costo-beneficio final entre mayor costo de los insumos y partes importadas y un mayor componente propio en el made in América no es fácil de estimar. Ni es probable que se espere a tener el numero fino.

Como problema de fondo subyace que los trabajadores y la clase media norteamericanos enfrentan tres problemas simultáneos que son comunes a los trabajadores de otros países avanzados que son: el outsourcing de actividades en países con bajos salarios, la automatización y una reducción en los costos de transporte. Son las propias empresas de EEUU las que producen afuera para vender en el país y globalmente. Qué fuerza persuasiva tiene un gobierno/el gobierno Trump / para inducir a las empresas a tener una mayor composición local de la producción norteamericana?. ¿Hay una posibilidad win-win para trabajadores y empresas estadounidenses a costa del resto del mundo? Trump parece creer que sí.

Al ser un país muy grande obviamente EEUU tiene más grados de libertad para realizar estas políticas que implementarlas en países pequeños o medianos. Pero si la medida además de los flujos actuales de comercio busca condicionar futuras inversiones, estimulando el insourcing, entonces deberá plantearse como algo permanente generando una gran tensión en el comercio internacional.  La otra medida comercial complementaria será revisar las reglas de origen en los acuerdos preferenciales de comercio ya firmados como el NAFTA o con Corea para evitar el uso de la llamada puerta trasera.

Por otro lado, a nivel comercial es probable que se maximice los niveles de discrecionalidad en cuanto al entramado de regulaciones sanitarias, técnicas, cuantitativas, etc. (como las que conocemos en limones, carne, etc.). La discrecionalidad practicada por un país con un mercado muy grande es en sí misma un potente incentivo para relocalizar inversiones, sobre todo si estaban destinadas a abastecer al mercado norteamericano.

 

El bilateralismo

Para Trump, el déficit comercial de EEUU con gran parte del mundo ha sido una obsesión en sus 30 años de opiniones políticas. En forma práctica, focaliza al comercio con los países que detentan los mayores superávits bilaterales contra EEUU como el responsable del déficit. China, México y Alemania, son tres “problemas” bilaterales que buscara resolver en forma diferenciada.

Entonces, a nivel bilateral, el primer paso de la nueva política podría ser “disciplinar” un socio relativamente débil y más fácil de presionar como México. Pero es sólo un ejercicio para intentar ablandar a China. Con México seguramente se establecerán reglas de origen más estrictas para evitar que en el proceso de maquila, es decir cuando los insumos van de EEUU a México para ser armados y retornan a EEUU, no se introduzcan demasiadas partes de China y otros países. O sea, cerrar canales indirectos de entrada de bienes intermedios a bajo costo. México deberá replantear, entre otras cosas, ese rol de “puente” entre Asia y EEUU.  Por supuesto, comercio en bienes y servicios e inversiones es una parte del combo que completan la inmigración y el narcotráfico. Subestima Trump la vieja lección que el movimiento de bienes y servicios es un potente descompresor de las presiones migratorias naturales que genera la diferencia de ingresos per capita entre vecinos.

Con China la negociación es más compleja aún, pues el comercio es sólo una parte de la interdependencia económica forjada en las últimas tres décadas. China posee un stock muy grande de bonos del Tesoro de EEUU (más de 1,12 miles de millones de dólares) y un stock gigantesco de inversiones directas norteamericanas (IED) en su territorio. Este esquema de equilibrio entre comercio, bonos, IED y tipo de cambio semifijo fue lo que hizo que varios autores caracterizaran dicho período de la arquitectura financiera internacional como el “Bretton Woods II”.

Con Alemania el punto es negociar más bilateralmente, cosa que Alemania evita históricamente porque la UE es el lugar ideal para esconder su superávit en cuenta corriente de 8%, bajo el paraguas que el euro es una unión monetaria y entonces la cuenta corriente que se debe mirar es la de la zona euro que está en torno a cero. Vale recordar que Alemania es el mayor exportador del mundo y algunos sectores de EEUU han sostenido que la política monetaria del BCE implica una “manipulación” del euro para favorecer la competitividad europea. Dados sus niveles de productividad y la moderación salarial lograda, Alemania es uno de los miembros que menos lo necesita, pero de los más beneficiados. Aun cuando, paradójicamente, es el más tenaz opositor a la política monetaria laxa de Mario Draghi.

Por lo tanto, marcha atrás en el multilateralismo, medidas arancelarias homogéneas para todos, incentivos sobre algunas exportaciones, algunas formas de compre nacional y una baja de la tasa impositiva que pagan las empresas en EEUU, más cierta discrecionalidad en las medidas paraarancelarias y negociaciones bilaterales especificas con los principales socios, más persuasión empresarial (vía twitter o informal) podría ser el complejo mix de políticas para la esfera comercial. Es obvio que todo esto pondrá fuerte tensión sobre la OMC (sobre la que hubo amagues de potencial retirada) y sobre toda la arquitectura comercial internacional.

 

Los efectos y las reacciones 

A nivel de EEUU la incógnita es qué efecto tendrán estas acciones sobre el crecimiento, hasta ahora débil, de la productividad norteamericana y, finalmente, en los salarios y empleo de los sectores excluidos que dieron ese margen de votos crucial para gestar la cruzada trumpista.

Las consecuencias del experimento asoman inciertas. Si bien la teoría clásica del comercio internacional y los aportes más modernos (diferenciación de precios y productos por mercados) ofrecen algunas indicaciones sobre los resultados esperados de cada acción en forma individual y bajo ciertos supuestos restrictivos, la literatura empírica reciente no ofrece evidencia contundente de cuál puede ser la resultante final de la sumatoria de medidas en un contexto de desequilibrio macro. Y, más aún, en un contexto tan particular de un país-mercado de escala muy grande no plenamente comparable con el resto de los países.

Por ahora los mercados accionarios han reaccionado con optimismo, marcando Wall Street una notable recuperación a pesar que Hilary, que era la preferida, tenía una propuesta distinta. Si creyéramos, como muchos economistas, que los mercados actúan con racionalidad y la mejor información posible, diríamos que los mercados están descubriendo grandes posibilidades para las empresas norteamericanas (no de todas por eso la correlación del precio de las acciones ha bajado). O sea, estarían apostando a un cambio favorable en los fundamentales. Pero este comportamiento también podría hablar de una burbuja; seguramente merece un trabajo aparte interpretar estos movimientos.

A nivel global la pregunta es cómo afectarán estas acciones al comercio mundial que viene creciendo muy lentamente y ralentizando la recuperación internacional poscrisis, cómo será la reacción de los socios?. Podría iniciarse un periodo de retaliaciones comerciales y acuerdos parciales que excluyan a los EEUU o serán aceptadas pasivamente como el mal menor?. Si bien podremos ver hechos paradójicos como a China defendiendo el libre comercio y a EEUU en actitudes más proteccionistas, lo importante es qué acciones tomarán efectivamente los socios de EEUU. Es probable que la primera actitud sea dejar este año para la observación del fenómeno y no contestar.

El complemento de estas interpelaciones es preguntarse qué capacidad tiene Trump de implementar esta agenda que hemos marcado como la ideal para sus propuestas. ¿Podrían estas políticas desestabilizar el sistema comercial y financiero multilateral que son los pilares principales de la arquitectura económica internacional consolidada desde la caída del muro hasta nuestros días? ¿Qué resistencia puede encontrar a esa reconfiguración en los otros socios y en la propia estructura nacional?

Más en general, aparece como un importante programa de investigación entender qué sucedió con la globalización, que de ser un paradigma que prometía mayor crecimiento y bienestar terminó siendo rechazada en el corazón de los países que controlan el sistema global. Seguramente la clave para entender esto resida en el triángulo globalización, crecimiento, distribución del ingreso.

En términos políticos también es importante comprender por qué esa reacción antiglobalizaciòn en los países desarrollados viene de la mano de fuerzas políticas pertenecientes a una derecha reaccionaria, intolerante y xenófoba, que algunos simplificadores tildan de populismo. Qué ocurrió con la socialdemocracia o la izquierda clásica que no lograron reformas creíbles en un caso o perdieron parte de su constituyente en el otro?

Hasta ahora hemos visto la doctrina Trump sobre la parte más visible en términos políticos de la globalización que es el comercio de bienes y servicios, puntos en los que Trump ha sido sumamente explícito. Pero, toda esta política comercial debe ser mirada en conjunto con la política financiera y macroeconómica de Trump. Veremos en la próxima nota como la globalización financiera y los efectos externos de las políticas macro internas son la otra parte de la globalización que hacen mucho más inciertos los resultados y por ende más difícil de medir las consecuencias económicas de Mr. Trump.


* UNLP. Ex jefe de Investigaciones Económicas del BCRA

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