Los títulos

Por Carlos Leyba

Repasemos los títulos del diario El Cronista del día viernes 4 de Julio, ellos nos permiten despuntar un registro común.

La primera noticia es que la inflación cerró en Julio aproximadamente en 2 por ciento. A ese ritmo la inflación en 12 meses será 24 por ciento. Menos que el año pasado, pero a una tasa que desequilibra.

La estrategia de metas de inflación se basa en una muy elevada tasa de interés nominal que desalienta la actividad económica para un objetivo 2017 (17 por ciento) no cumplible. Instrumento inadecuado o insuficiente. Si inadecuado exige un replanteo de la política; si insuficiente reclama dosis más fuerte con consecuencias letales.

Detrás de la política fallida está su costo que es la más que remolona creación de empleo. Ello implica reducción de ingresos fiscales potenciales y, a la vez, el inevitable aumento de los gastos compensatorios de la falta de empleo (hay que incluir la sobrecarga de empleo público improductivo) : deterioro fiscal. El gobierno ejecuta creación de empleo con la construcción pública, que resuelve problemas de largo plazo en materia estructural y provee empleo en blanco.

Pero el neto de los ingresos fiscales, por ser empleo generado por el gasto público, aumenta el déficit hasta que ese gasto induzca creación de empleo privado sea por la activación de la capacidad ociosa o por el aumento de inversiones. Ambas cosas aún no han ocurrido.

Para que ocurran, el uso de la capacidad ociosa demanda políticas específicas que “dispersen” más allá de los sectores vinculados a la construcción; y la inversión requiere un escenario de convicciones que, por ahora, no se ha logrado.

El segundo título es que nuestra Balanza Comercial, en el segundo trimestre de 2017 en relación al mismo período del año anterior, arrojó una pérdida de 1500  millones de dólares.

De esa pérdida 600 millones son consecuencia del deterioro de los términos del intercambio. Los precios de nuestras exportaciones han crecido (4 por ciento) menos que los de nuestras importaciones (8 por ciento). Estamos  lejos de los tiempos de viento de cola de la década “soplada” (el viento de cola la soplaba y en términos “criollos” las ganancias se las soplaron los corruptos de la época).

Pero, además, exportamos menos cantidades (3,5 por ciento) que en el mismo período de 2016, mientras que las cantidades importadas crecieron más de 9 por ciento. El dato no es una buena señal.

Las exportaciones no atraviesan un período de dinamismo que pueda transmitirse al conjunto de la economía y el hecho tiene, en la dinámica, una deriva que acompaña el endeudamiento externo para financiar el déficit fiscal, mientras continúa la fuga de capitales más el balance negativo de las cuentas de turismo. Este es un segundo problema que apunta al estado de la “competitividad de la economía argentina”.

La competitividad de un producto es una medida relativa y dinámica que refiere a la variable tiempo.

Se es más o menos competitivo en la medida que – respecto del mercado mundial – la participación de ese producto aumenta (más) o disminuya (menos).  Nos referimos tanto a la participación de ese producto en la economía local como en la economía externa.

Ganar mercado es ser más competitivo sujeto a la condición de mantener el empleo y el nivel de los salarios. Ser competitivo sobre la base de la baja del empleo o de los salarios no refleja el carácter “social” de la competitividad que no puede lograrse a costa de pérdida de Bienestar Social.

Cuando las exportaciones declinan en cantidad es una alerta de pérdida de competitividad. Cuando los términos del intercambio declinan tenemos una alerta sobre los riesgos de la especialización en la que “somos competitivos”.

La tercera noticia de los diarios del viernes es que el crecimiento estimado por la CEPAL para 2017 (2 por ciento) no compensa la caída de 2016 (2,2); y además nos anoticia que el PBI por habitante – este año – habrá retrocedido respecto del anterior que ya había retrocedido respecto del anterior. El saldo de este bienio es negativo en términos absolutos (según CEPAL) y muy negativo en términos por habitante.

CEPAL señala que este modesto crecimiento se debe al impulso de la inversión pública frente a un más que moderada inversión privada.  La CEPAL agrega que la política monetaria y la fiscal deben cambiar para apoyar el crecimiento de la inversión privada.

La inversión pública tiene un peso menor en relación al total de la inversión y toda la inversión en relación al PBI  está no sólo por debajo de la tasa de los países de la región sino que es muy débil en la comparación con los buenos periodos locales de acumulación.

La baja tasa de inversión privada y, en particular, la de inversión reproductiva, es la madre de todas las derrotas económicas. No hay magia. Vale para cualquier modelo económico: la tasa de participación de la inversión sobre el PBI determina el nivel y la sustentabilidad del crecimiento.

La economía puede crecer sobre la base de incrementar la utilización de la capacidad instalada (N.Kirchner y CFK). Pero agotada la capacidad la economía se estancará y sufrirá presiones inflacionarias. Desde 2011 estancamiento con inflación. Clarito.

Sin inversiones reproductivas la declinación es inevitable. Bajará la productividad, la competividad externa, el empleo, la tasa de participación del empleo productivo y empeorará la distribución del ingreso y la pobreza será el desencadenante de nuevos desequilibrios. El título que ubicamos en el tercer lugar, para ser precisos, dice “por la inversión pública la CEPAL pronostica crecimiento del 2 por ciento”.

La inversión pública mejora la infraestructura económica y social, aumenta el empleo y la masa salarial por el tiempo de las obras, pero no ofrece por sí un horizonte de crecimiento sustentable (en nuestro caso es la contra cara de un aumento vigoroso del endeudamiento externo) porque se trata – en definitiva – de una “mejora patrimonial”.  Pero no de una expansión consistente de la capacidad de producción aunque, es cierto, puede contribuir a la mejora de la productividad. No ha sido lo ocurrido en el período K: trenes, energía, uf¡¡

Para que la inversión sea disparador de transformación la participación en relación al PBI debe orillar el 30 por ciento. Y eso sólo es posible de alcanzar no solo con políticas fiscales y monetarias que convaliden e incentiven, sino con un programa de amplio consenso capaz de establecer prioridades compartidas. Y el compromiso de un horizonte de políticas que puedan generar rumbo y método al menos por cuatro gobiernos futuros con una sólida base social.

Esas prioridades incluyen la concepción de nuestra política económica internacional. Especialmente consensos en la transformación del MERCOSUR para que ese mercado sea la base de nuestra diversificación productiva y no la base de nuestra especialización como economía primaria. Brasil es demasiado caro para cumplir esa función. Pura perdida.

Toda nuestra política económica internacional debe tener como motivo dominante la diversificación de nuestro modelo productivo.

Para lograr el desarrollo no hay otra opción de rumbo y sin embargo la cuestión no es materia de debate público y lo que es peor “lo políticamente correcto” y el “sentido común” de los medios, la política y la moda panelista, sin saberlo, da por obvio el rumbo contrario, es decir, todo lo que lleva a la especialización que aquí y ahora es primarización.  

Es que la naturaleza de las cosas o las cosas de la naturaleza, nos genera una tendencia a la especialización que, en nuestro caso, es la primarización.

Esa natural tendencia a la especialización es la madre de la reducida tasa de inversión reproductiva de nuestra economía y, a partir de ella, es la madre del déficit comercial estructural que siempre estará presente en ausencia de términos del intercambio hiperfavorables. Y en esas condiciones asistiremos a la tendencia al déficit fiscal y las presiones inflacionarias. Entre 2013  y 2016 tuvimos un déficit de comercio de manufacturas de 30 mil millones anuales, con cepo, DJAI, Aduana, Guillermo Moreno y lo que quieran. Estructura y filosofía de aspirina.

En la medida que la política, el empresariado y la dirigencia sindical, los intelectuales y los colegas economistas, no asuman que el disparador de una política de crecimiento, de desarrollo integral y de progreso social, pasa inexorablemente por la diversificación productiva y por la necesidad de superar la natural tendencia a la especialización, no habrá manera de lograr una política económica capaz de sostener una tasa de inversión reproductiva decente.

La especialización, que se da naturalmente, no requiere de un programa de transformación sino de uno de continuidad. Continuidad que se arrastra hace 40 años: baja inversión, desindustrialización, primarización.

Los años que, en el último período largo, la Argentina creció fueron los años del endeudamiento y los de los términos del intercambio hiper favorables. El fin del endeudamiento nos arrojó al infierno del 2001 y el fin de los términos del intercambio favorables es el que nos ha instalado en el estancamiento en el que chapoteamos.

La cuarta noticia de los diarios del viernes es el enfrentamiento de un conjunto de gobernadores con el planteo de María Eugenia Vidal acerca de recuperar el Fondo del Conurbano, de lograr vía la Corte Suprema la restitución de los recursos que, en su momento, le fueron quitados a la Provincia de Buenos Aires.

Hemos alcanzado la Presión Tributaria mas alta de la historia, atravesamos un período de déficit fiscal históricamente más altos y a la vez un período de la mayor densidad y dimensión de las carencias – identificadas con la pobreza – en el conurbano de Buenos Aires y en las periferias de  todas  las grandes ciudades del país y además la estructura social del SXIX en las provincias del Norte. 

La Ciudad de Buenos Aires tiene un ingreso por habitante que es 7 veces el de algunas provincias y seguramente más de 7 veces el de los habitantes del conurbano bonaerense.

Las provincias apenas pueden sostener su estancamiento si es que de las arcas públicas depende crecer. Pero la de Buenos Aires, en un minúsculo pedazo de su territorio, acumula la mayor cantidad de Villas Miserias del país y también concentra, en pocos kilómetros cuadrados, la mayor densidad de pobreza y marginalidad. Una bomba de tiempo que los recursos provinciales solo alcanzan para retardarla no para desactivarla.

Ella y la periferia de la Ciudad de Buenos Aires, reciben día tras día migrantes –sin capital y con desesperanza - de todo el país y de los países vecinos y ya no sólo de los países limítrofes.

Si se computara como población de cada una de las provincias a los que se han radicado como habitantes de la provincia de Buenos Aires, más específicamente en el conurbano, y si a la Provincia se le entregara, por cada uno de esos habitantes emigrados, la misma cantidad que reciben las respectivas provincias por cada uno de sus habitantes, los ingresos de la provincia de Buenos Aires aumentarían drásticamente. Ese aumento haría que cada migrante sea merecedor de los recursos federales que recibiría en su provincia de origen. ¿No sería razonable?

Las provincias han visto migrar a sus hijos por falta de oportunidades de trabajo y de vida, de bienes públicos y de infraestructura económica y social. Esa es la crisis de la ausencia de federalismo y de improductiva de los Estados.

Los migrantes, nacionales y extranjeros, van en busca de oportunidades a la provincia de Buenos Aires. La oferta de oportunidades ( de empleo y de infraestructura) de la provincia ha sido largamente superada, en estos últimos 40 años, por la demanda de migrantes. La consecuencia es que las condiciones de vida, que en teoría mejoran para quien migra, aquí han empeorado generando consecuencias sistémicas inimaginables que incluyen hasta daños medio ambientales.

Mariah Eugenia Vidal ha planteado con todo rigor y toda razón la inviabilidad de la continuidad de este proceso, migraciones, aumento de la demanda de oportunidades y reducción relativa continuada de los recursos de la provincia. Pero los gobernadores, con razón, exponen que sostener las ya deterioradas condiciones de vida de sus habitantes requiere no perder recursos fiscales.

El problema de la inequidad “federal” y su doble consecuencia de sufrimiento (PBI de la CABA 7 veces el del Norte) provincial y creciente marginalidad infinanciable en el conurbano bonaerense, requieren replantear el federalismo sobre la base de dos ejes centrales.

El primero es el de terminar con las condiciones de pobreza multidimensional privilegiando a los menores de 14 años pobres, que son el 50 por ciento de los menores de 14 años; y el segundo un proceso de ordenamiento y desarrollo territorial y demográfico.

La primera lucha es la de un programa revolucionario para la educación de los niños de la pobreza. La segunda es la definición territorial de la diversificación productiva. Las dos cosas a la vez.

Superar la pobreza privilegiando a los niños; y superar la tendencia a la migración generando, amparados en un programa de inversión reproductiva, un programa de inversiones de diversificación productiva.

Lo que hoy tenemos, la estructura que tenemos, genera la pobreza de los jóvenes y la migración hacia la marginalidad. Y la continuidad de ese proceso amenaza la inviabilidad de la Nación.   

La quinta noticia dice que “Dujovne (Nicolás, ministro) festeja los “brotes verdes”. El ministro sostiene que el consumo privado creció 4,8 por ciento en mayo. Pero las consultoras privadas (lo dice el mismo diario) estiman que las caídas del consumo llegan al 6 por ciento.

Dujovne – que claramente tiene poca confianza en la suerte económica del país dado que sus fondos líquidos gozan de la seguridad de estar colocados en el exterior - ha decidido montar su propia oficina de las buenas noticias y todas las que publica – que bien puede tener algo de verdad – le avalan su gran afirmación de que la economía ya está pum para arriba. Pero si lo está, lo está sin el concurso de sus propios fondos. Sus fondos deberán esperar, para volver, algo todavía mejor que lo que él  nos describe. ¿?

Por ahora sus brotes verdes son parciales, uno acá y otro allá, y presentados todos juntos procuran una imagen de prosperidad que no está en las zonas urbanas de recursos medios y bajos. Allí no llegó.

Y no es bueno, ni sensato explicarle a la gente que está soleado cuando llueve. Aunque es cierto que en la misma ciudad a veces brilla el sol y a unas cuadras nos baja un chaparrón. Tan claro es este damero contradictorio que, al lado de esa afirmación optimista que ignora al INDEC (no se olvide que Dujovne desautorizó al INDEC cuando este publicó que en Córdoba la pobreza llegaba al 40 por ciento), aparece una que dice que “la extracción de petróleo retrocede a niveles de hace 38 años”. Esta sería la sexta noticia. Pero me quedo un rato más con la quinta.

No es la primera vez que los ministros niegan el INDEC y desesperan por negar lo que otros ojos ven. Lo hizo Guillermo Moreno. No fue el primero y parece que tampoco el último.

Y todos recuerdan cuando – a pesar de la crítica a la fuga de capitales (blanco o negro lo mismo da) – Néstor Kirchner fugó los dólares de Santa Cruz y CFK tuvo que ordenarle a Aníbal Fernández que se pase a pesos y a pesar de eso Florencia Kirchner guardaba en una caja millones de dólares.

Claramente ser consistente no es una virtud que abunde. Y tampoco la de aceptar la realidad tal cual es . Para pedirle a los demás confianza primero hay que tenerla.

Vamos a la sexta noticia. La misma refleja la morosidad exploratoria del gremio petrolero en la Argentina y el absurdo que, siendo simples concesionarios de un recurso de propiedad pública, puedan fijar el precio y las condiciones en las que invierten.

La lógica del recurso concesionado es que debe responder a un programa de producción y de exploración y que si el concesionario no está en condiciones de explorar un área o explotar un yacimiento, simplemente debe retornar la concesión para que otro – o en su caso el propio Estado – se haga cargo del sistema.

Los concesionarios no son dueños del recurso y deberían trabajar en base a costos más utilidad. Y si esto no les sirve entonces que retornen la concesión. Cerrar un pozo y presionar por un precio mayor que el internacional no es admisible ni política, ni económica, ni lógicamente.

Esta es una consecuencia más de todas las que sufrimos como país desde que nos gobierna la lógica de la oligarquía de los concesionarios.

Con esa lógica ninguno de los problemas, que hemos reflejado en los títulos del diario de hoy, tendrán solución porque esa lógica es la que nos ha llevado a los problemas.

Finalmente el último título del viernes 5 de Julio es “los productos argentinos valen hasta el doble que en el exterior”. Chocolate por la noticia. Algo harto conocido, nos pasó con J Martínez de Hoz, con D. Cavallo, con A. Kicillof y ahora. Nada distinto puede ocurrir si hacemos lo mismo. Y es lo que estamos haciendo. Fíjese hoy en Atenas, Grecia, con un dólar a 18 pesos, una Coca Cola Cero de 1,5 litros vale 31 pesos, un Pan Lactal de 700 grs. 21 pesos y un kilo de Café Lavazza para maquina espresso 350 pesos. Estamos caros.

“Cambiemos”, hasta ahora, tiene en común con las gestiones de los últimos 40 años la misma carencia: no tiene un programa de desarrollo porque no se propone la diversificación de la economía a través de la multiplicación de inversiones reproductivas. A todos los iguala lo que no hacen y que garantiza los mismos resultados de estancamiento.

Un programa de transformación exige dos consensos básicos. El primero desplazar del ejercicio del poder real a la “oligarquía de los concesionarios” que, al igual que la mafia rusa, se ha apoderado del nervio vital del Estado. El segundo formar el consenso, como el de las Coincidencias Programáticas de 1972, para la productividad de la democracia que se basa en un programa de desarrollo.

Las títulos de un día nos muestran las múltiples caras dolorosas de carecer de ese programa y de estar gobernados por esa oligarquía súbita, todos nuevos ricos, contraria a los intereses de la inmensa mayoría que incluye al menemismo, al kirchnerismo y continúa con los Macri. Ocurre desde 1975. Florecieron fortunas inexplicables de banqueros y contratistas, dueños del juego y de los servicios.

Argentina, “generosa” con muy pocos, ha montado un sistema que es a la vez madre de la corrupción y del estancamiento. La política, como mínimo por omisión, lo ha convalidado; y la ausencia de propuestas en esta elección, que se prolongará hasta Octubre, ha sustituido la lucha por la idea por el marketing para alcanzar el poder … para no hacer nada sustantivo.

Diarios Argentinos