Juez Arias: "El Ejecutivo persigue a jueces por su ideología"

El magistrado sostuvo que hay un intento de "disciplinamiento" sobre jueces y fiscales y defendió a Rafecas y a Gils Carbó: "Son perseguidos por su posicionamiento ideológico".

Por Juan Ignacio Agosto

El juez en lo Contencioso Administrativo de La Plata, Luis Arias, sostuvo en diálogo con El País Digital que hay un intento de "disciplinamiento" del Poder Ejecutivo sobre los jueces y fiscales que hicieron lugar a los pedidos de la sociedad civil para frenar lo tarifazos del gas y la electricidad, y aseguró que con el ingreso de Carlos Rosenkrantz a la Corte Suprema "cambiaron las relaciones de fuerza", tanto dentro del máximo tribunal como en el Poder Judicial en general. Además, defendió a sus pares Daniel Rafecas y Martina Forns y a la procuradora Alejandra Gils Carbó: "Son perseguidos no por su actividad judicial sino por su posicionamiento ideológico".


¿Cómo evalúa la actitud del Poder Ejecutivo con el Poder Judicial en el último tiempo?

Yo creo que es un disciplinamiento que se vino luego de que medio centenar de jueces votaran en contra del aumento de tarifas, me parece que fue una consecuencia directa de esa situación. Se le escapó de las manos al Poder Ejecutivo y lo que hicieron fue tratar de disciplinar jueces. Creo que la entrada a la Corte de Rosenkrantz marcó un antes y un después: no es lo mismo el fallo de CEPIS (gas) que el de la tarifa eléctrica.

¿Si hay un disciplinamiento, por qué cree que el presidente de la Corte lo tolera?

Yo creo que cambiaron las relaciones de fuerza, dentro de la Corte dentro del Poder Judicial, con el ingreso de estos dos jueces, fundamentalmente de Rosenkrantz. Y esto se advierte, por algo también los jueces se apuraron a votar el caso CEPIS antes del ingreso de Rosenkrantz. Ese fallo se votó una semana antes y fue, desde un punto de vista teórico, muy bueno. La semana siguiente, con el ingreso de este nuevo juez, las cosas cambiaron. Hubo otro discurso, altamente disciplinante, respecto de la jueza Martina Forns. Innecesario desde todo punto de vista, más hacia una jueza que había logrado un margen de legitimidad importante frente a la sociedad interpretando el derecho a favor de los sectores más vulnerables. Ojalá hubiera más juezas como Martina Forns, porque prestigian al Poder Judicial.

¿Por qué ubica a Rosenkrantz como la variable de este cambio de discurso o de paradigma de la Corte?

Sabemos que Rosenkrantz no representa una forma de pensamiento similar a la que tenían muchos jueces de la Corte, y si algunos tenían una ideología más afín al gobierno, esto se ha potenciado con el ingreso de este juez.

¿Qué opina sobre lo que ocurrió con el juez Rafecas y el silencio de la Corte al respecto?

Es parte de lo mismo. A partir de lo que la Corte dice respecto de Martina Forns, se desencadenó una persecución de jueces a partir de su ideología y no de sus acciones. Rafecas, la propia Gils Carbó, Rozanski, Casanello, no son perseguidos por su actividad judicial, son perseguidos por su posicionamiento ideológico, esto es lo grave. Hay una suerte de macartismo. Todos tenemos nuestra ideología, nuestra forma de pensar distinta, pero eso no implica que tengamos un posicionamiento partidario, ni que fallemos en función de intereses partidarios. Eso está mal, está prohibido para los jueces. Pero no tener un pensamiento ideológico o pertenecer a una agrupación como Justicia Legítima, a la que algunos medios presentan como una banda de delincuentes. Esto es realmente preocupante, porque pareciera que se quiere expulsar del Poder Judicial a los pocos jueces que tienen un pensamiento progresista, un pensamiento a favor de la apertura de derechos, y parece que esto molesta dentro del Poder Judicial.

¿Usted lo vive también?

Sí, por supuesto, pero tengo cierto entrenamiento con eso. Hay muchos jueces penales o fiscales portadores de una ideología extrema, criminalizante, donde la mayoría de los conflictos sociales terminan siendo criminalizados o mirados desde una óptica represiva. Y la misma Justicia penal forma parte de un aparato represivo, integrado además por la policía y el servicio penitenciario.

¿Cree que esta actitud del Ejecutivo tiene como objetivo final sacar de su cargo a Gils Carbó?

Sí, entre otras cosas. Es uno de los objetivos. Resulta absurdo que carguen contra Rafecas y Forns y nadie diga nada de los jueces que encarcelaron injustamente a Milagro Sala. Porque estos jueces utilizaron una figura, que es el artículo 124 del Código Penal, frente a una protesta en la cual Sala ni siquiera estaba. La acusan de instigar la protesta. Es un disparate, una figura penal que que jamás se ha aplicado en una protesta social. Además es excarcelable. Desde todo punto de vista es un ridículo. Han señalado en el mundo entero esta situación, ven a Milagro Sala como una presa política. Y sin embargo acá nadie los critica a esos jueces. Critican a jueces que son probos, que han dado fallos protegiendo derechos de la sociedad. Algunos compran el discurso de que Milagro Sala está presa por corrupta, y esto nunca fue así.

Hay quienes dicen que la persecución no tiene tanto que ver con la ideología sino con la relación que los jueces tienen con los servicios de inteligencia.

Los servicios de inteligencia son un instrumento. La decisión es política. Y si bien los servicios tienen cierta independencia, aquí hay objetivos políticos, que se instrumentan a través de los servicios de inteligencia pero son políticos. Al menos esa es mi percepción. Por eso es importante la apertura a la sociedad de todos estos procesos, de toda la actividad del Poder Judicial, de la forma de seleccionar a los jueces. Pero no solamente en la Justicia, porque también es cierto que desde el poder político se propicia la reforma del Poder Judicial y no se hace una reforma política. Así se terminan negociando cargos de jueces de la Corte, o procurador de la Corte como va a pasar en la Provincia de Buenos Aires, a partir de una negociación donde hay que votar la Ley de Presupuesto para que les den a cambio estos cargos. Hay negociaciones siempre oscuras. Es un estilo de hacer política que se tiene que terminar, porque a medida que se pierde calidad democrática ganan estos personajes oscuros que manejan los hilos de la política y de la Justicia.

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