Tensión en Medio Oriente: Trump reconoce a Jerusalén como capital de Israel

El presidente de Estados Unidos anuncia el traslado de la embajada norteamericana a esa ciudad, considerada territorio sagrado por judíos, musulmanes y cristianos. Se teme una escalada de violencia.

Donald Trump anunció este miércoles el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel y dispuso el traslado de la embajada norteamericana a esa ciudad. La medida, de consecuencias imprevistas para la región, es resistida por la Unión Europea e inclusive por el papa Francisco, por el valor sagrado y ecuménico de ese territorio. Para los países musulmanes implica una provocación que agrava la tensión en Medio Oriente.

Jerusalén es considerada una ciudad sagrada para judíos, musulmanes y cristianos y ha sido durante mucho tiempo eje de disputas interreligiosas. En 1947, el Reino Unido se retiró de Palestina y la ONU acordó una gestión internacional de la ciudad. Pero al año siguiente, árabes e israelíes entraron en guerra. Jordania ocupó la parte oriental del territorio en disputa e Israel, la parte occidental.

En 1967 se produjo la Guerra de los Seis Días, episodio que finalizó con la conquista de Israel de la zona oriental de Jerusalén. Este país plantea desde entonces que ese distrito es su “capital eterna e indivisible”, algo impugnado por la comunidad internacional, que rechaza la anexión “de facto” del territorio ocupado. La zona oriental sigue dominada, en su mayoría, por población árabe.

Por cuestiones diplomáticas, logísticas y de seguridad, todos los países con representación en Israel tienen sus embajadas en Tel Aviv, ciudad a la que reconocen como capital. Trump había prometido durante la campaña electoral el traslado de la sede diplomática norteamericana a Jerusalén como señal de gratitud hacia un aliado estratégico en la región. El presidente de Estados Unidos se ampara en una ley sancionada en 1995 por el Congreso que establece el desplazamiento, que por cuestiones de “seguridad nacional” se fue aplazando durante años. Hoy el líder republicano explicó que "la nueva embajada, cuando esté terminada, será un magnífico tributo para la paz".

La decisión entraña múltiples riesgos. En primer lugar, ubica a la embajada norteamericana en una zona hostil, expuesta a ataques violentos en su contra. Pero, además, por la carga simbólica del lugar, el traslado supone una provocación para la población musulmana. El movimiento islamista Hamas, que controla la franja de Gaza, advirtió sobre una nueva intifada. El presidente de Turquía, Recep Erdogan, señaló: “Podrían ir tan lejos como romper nuestras relaciones diplomáticas con Israel. Es una línea roja para el orbe musulmán”.

El mandatario de Francia, Emmanuel Macron, intentó frenar sin éxito la resolución de la Casa Blanca. “La cuestión de Jerusalén debería tratarse en el marco de las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos”, sostuvo. Inclusive el papa Francisco pidió que se respete “el status quo de la ciudad”. Trump desoye a la comunidad internacional con un movimiento que puede desestabilizar una región signada por los conflictos religiosos.

El lápiz verde