Messi, U2 y una noche inolvidable en La Plata

El 10 argentino fue el telonero perfecto de la banda irlandesa, que aceptó tocar más tarde y, con Argentina clasificada, desplegó una batería de hits que hicieron delirar a más de 50 mil personas.

La banda esperó. A pesar de que la cita era a las 19, Bono, The Edge, Adam Clayton y Larry Mullen Jr. aceptaron no solo la propuesta de Daniel Grinbank de posponer el show, sino también la de ceder la gigantesca pantalla del escenario para proyectar un partido de fútbol determinante para la enorme mayoría de quienes, meses antes, habían sacado entradas sin imaginarse que Argentina llegaría así de ajustada a la última fecha de las Eliminatorias para el mundial de Rusia.

El riesgo era alto. El resultado en Quito podía convertir esa noche en única e irrepetible o amargar antes del concierto a más de 50 mil personas que habían esperado seis años y medio para volver a verlos en vivo. 

Gracias a Lionel Messi, fue lo primero. El público explotó con los goles de Leo, cantó y alentó como si la selección estuviera jugando en el mismísimo campo del Estadio Único. Apenas el árbitro pitó el final, la pantalla y las luces del estadio se apagaron. A la noche memorable todavía le faltaba un recital de U2.

"Lionel Messi prueba le existencia de... En realidad creo que Dios prueba la existencia de Messi", dijo Bono antes de subir al escenario. Segundos después, sonaban los acordes de Sunday Bloody Sunday y la euforia y goce del público se sentían en el aire. 

Lo que siguió fue una seguidilla de hits ochentosos de la banda como New Year's Day, I still haven't found what I'm looking for, Where the streets have no name y With or without you, estos últimos tres del disco que dio nombre a la gira, The Joshua Tree, a 30 años de su aparición.

El resto de los temas del álbum, menos conocidos para el público en general, operaron como mimos a los fans. Así pasaron Running to stand still, Red Hill mining town y In God's country, intervenidos por licencias que Bono se tomó para homenajear a David Bowie. 

Hasta que llegó el momento de Mothers of the disappeared, canción inspirada en las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, y el frontman aprovechó para destacar el trabajo de "quienes luchan por los derechos humanos" y, en castellano, pidió corear que "el pueblo vencerá".

No hubo lugar para el reclamo por la aparición con vida de Santiago Maldonado, algo muy esperado en la previa, lo que demostró que Bono está cada vez más lejos de la definición de activista y cada vez más cerca de la de lobbysta de su campaña One. 

Incluso, al vender esa campaña, llegó a decir que las personas que luchan contra la pobreza y el hambre en el mundo "no son de izquierda ni de derecha", como si se tratara de una realidad que no es resultado de la implementaión de políticas públicas en un sentido determinado. 

Tampoco hubo mención a Milagro Sala, a pesar de que en anteriores oportunidades sí pidió por otros presos políticos (la caracterización que Bono hace del autoritarismo de un gobierno parece estar más trazada por paradigmas culturales occidentales que por principios humanistas).

Para el final, la banda se guardó hits de la "nueva época" como Beautiful Day, Elevation y Vertigo. Siguió con Ultraviolet (Light my way) a modo de homenaje a las mujeres que transformaron la historia del mundo, entre las que incluyeron a Eva Perón, a las Madres de Plaza de Mayo, a Susana Trimarco, a Mercedes Sosa y al colectivo Ni Una Menos. 

El cierre fue con One y una enorme bandera argentina proyectada a lo largo de la pantalla. Antes de despedirse, y con ese fondo celeste y blanco, Bono —champagne en mano— volvió sobre el héroe de la noche: "Un brindis por Lionel Messi".

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