Oposiciones en la Argentina: entre la consociación y el antagonismo

Por: Martín Astarita

Dice Gianfranco Pasquino, en un libro editado en 1997, que la Ciencia Política ha dedicado poco tiempo a indagar a la oposición como categoría analítica, en parte por razones histórico-contextuales, en parte también porque los politólogos estudian esencialmente el poder, y éste, en las democracias contemporáneas, se concentra en los gobiernos y no en la oposición. La Ciencia Política argentina no representa una excepción a esta trayectoria general.

A pesar de ello, es posible rastrear algunos elementos teórico-conceptuales que tal vez sirven para iluminar el actual estado de situación de la oposición, o mejor dicho, de las oposiciones en nuestro país. Según Pasquino, existen idealmente tres tipos de oposiciones. La primera es aquella oposición puramente antagonista, y que no genera ningún espacio ni posibilidad de establecer coincidencias con el gobierno de turno (si bien, como reconoce el autor, la práctica parlamentaria hace que aún la más intransigente de las oposiciones siempre colabore, mas no sea mínimamente). Las otras dos oposiciones son consociativas, pero son diferentes entre sí: una, denominada Gran Consociación, es sistémica y se refiere a acuerdos macro, globales, como puede ser la política exterior o la modificación de las normas constitucionales; la otra, llamada particularista, es una "pequeña Consociación", y se da a través de acuerdos puntuales. 

Sin forzar mucho los conceptos, se puede identificar al kirchnerismo y a la izquierda (FIT) como integrantes de una oposición de tipo antagonista. A su vez, dentro de la pequeña consociación, quedan incluidos el massismo (al menos, hasta hace poco), los gobernadores y otros peronistas no k. Lo que parece quedar vacante es la Gran Consociación, más presente en los anhelos presidenciales cuando habla de la necesidad de políticas de Estado de largo alcance que en la realidad.  

Identificados los distintos tipos de oposición, se revela más claramente la estrategia gubernamental. En lo discursivo y electoral, el oficialismo da la batalla, en aras de polarizar, contra el kirchnerismo (a veces suma a la izquierda), es decir, apunta sus cañones contra la oposición antagonista. Luego, para gobernar, busca establecer mecanismos de cooperación y consenso legislativo con la oposición que definimos como "pequeña consociación". Ausente la Gran Consociación, el oficialismo debe lidiar, forzosamente, con el peronismo "responsable" y "dialoguista", en un ejercicio de permanente negociación, es decir, la gimnasia del ceder.   

Con esta disposición, y a la luz de lo que ocurrió en la sesión frustrada por la reforma previsional de la semana pasada, pueden vislumbrarse dos inconvenientes principales para el gobierno.

El primero de ellos es que si sus medidas son demasiado impopulares, por la magnitud del ajuste o regresividad que conllevan, como el caso de la reforma previsional, los integrantes de la pequeña consociación encuentran pocos estímulos para acompañar la iniciativa. En esos casos, se amplía el margen de acción para la oposición antagonista, cuyo mensaje se fortalece.  

El segundo inconveniente es que la pequeña consociación tiene intereses y juego propio, más allá de que sus integrantes, al igual que Cambiemos, buscan excluir al kirchnerismo y además, son en su mayoría gobernadores (o responden a ellos) y deben forzosamente negociar con el gobierno central, pues la Argentina es un país federal (soberanías compartidas) y centralista desde el punto de vista fiscal.

Pero todo ello no impide que, en cada negociación puntual, la pequeña coalición busque sacarle la máxima tajada al gobierno nacional, objetivo que choca frontalmente con un programa de ajuste. Como dice Pasquino, "una consecuencia importante de este tipo de oposición de "pequeña consociación" es que el gobierno se ve obligado a diluir su propio programa para dar espacio a las demandas de la oposición (y lo hará recurriendo a un aumento del gasto público¨.

Extraña paradoja. De alguna manera, la existencia -incluso como simple amenaza- del kirchnerismo como oposición de tipo antagonista, le sirve al peronismo más dialoguista para mejorar su capacidad negociadora con el gobierno.

* Martín Astarita es editor del sitio http://artepolitica.com/.

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