Qué son y para qué sirven las UVA

Las unidades creadas por el Banco Central pretenden fomentar el ahorro a largo plazo. Los nuevos créditos hipotecarios se ajustan por esta unidad. ¿Son viables frente a escenarios inflacionarios?

La Unidad de Valor Adquisitivo (UVA) es una magnitud de ahorro y de préstamos que fue creada el año pasado por el Banco Central con el objetivo de potenciar el acceso a la vivienda.

En marzo de 2016 la autoridad monetaria fijó el valor inicial de una UVA equivalente a la milésima parte del costo promedio de construcción de un metro cuadrado testigo y se ubicó en los $14.053.

El valor de la UVA se actualiza todos los días por el Coeficiente de Estabilización de Referencia (CER), que se basa en el índice precios al consumidor y es informado por el INDEC. Es decir que es una unidad que se actualiza con la inflación y su valor diario puede ser consultado en la página del Banco Central. A modo de ejemplo, una UVA cotizaba el 12 de junio a $19,11.

Bajo esta modalidad las familias pueden ahorrar en UVA ya que el Central creó la figura de cuentas de ahorro para esta unidad. De este modo, los ahorristas pueden hacer depósitos que se irán actualizando por el índice de precios y las mismas son gratuitas. Además de la actualización por inflación, las entidades bancarias pueden pagar intereses.

Los plazos fijos en UVA les otorgan a los ahorristas una buena alternativa para cubrirse de la inflación ya que el valor de la UVA estará siempre igual o por encima de ella.  

Por otro lado, también existen los créditos hipotecarios que se ajustan por UVA. La principal característica que tienen estos créditos es que permiten tener una cuota inicial más baja que en un crédito hipotecario tradicional lo cual amplía el acceso a la vivienda a sectores medios que están pagando un alquiler.

Que la cuota mensual sea más baja implica que el que tome el crédito podrá acceder a un monto mayor con menores ingresos. Esto puede resultar muy atractivo si el Gobierno logra reducir la inflación y se mantienen los salarios reales ya que los ahorristas deberán la misma proporción de sus ingresos durante el plazo del crédito.

Como el valor de cada cuota y del capital se actualiza con la inflación, el que toma el crédito debe analizar que puede ocurrir que su salario aumente por debajo de la inflación, es decir, que su salario real caiga. De ocurrir esto, las cuotas representarán una mayor proporción de sus ingresos.

Además, el capital también se ajustará y demandará una mayor cantidad de salarios para cancelarlo.

Si bien el ajuste por inflación puede asustar a las familias, los créditos UVA pueden resultar tentadores para los inquilinos que también sufren ajustes en sus alquileres cada seis o doce meses debido al aumento general de precios.

Para evitar que los créditos se tornen impagables en caso de un rebrote inflacionario, el Banco Central estableció que si la inflación supera en un 10 por ciento la evolución de los salarios, los bancos deben ofrecer una extensión del plazo del crédito de hasta un 25%. Así se lograría que se mantenga la relación entre la cuota e ingreso aunque la deuda seguiría aumentando.

En cambio, en los créditos hipotecarios tradicionales el capital es fijo y la tasa de interés es variable por lo cual convendrían en escenarios con alta inflación. Estos créditos tienen una cuota inicial más alta aunque luego se van licuando con el alza del nivel de precios.

El Banco Central lanzó la semana pasada la posibilidad de adquirir créditos hipotecarios desde el "pozo". Esto permitirá a los bancos tomar como garantía de financiamiento boletos de compra con el objetivo de dinamizar el mercado inmobiliario y facilitar el acceso a propiedades a consumidores finales. A esto también se le suma la reducción de la alícuota de ingresos brutos para préstamos hipotecarios que ya repercutió en la baja de tasas de varios bancos. 

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