Streaming y sexo

Por: Walter Ghedin

En estos últimos tiempos la influencia de la tecnología no es la única culpable de que las parejas (y las personas en general) estén demasiado atentas a los dispositivos en detrimento de la comunicación “cara a cara”, sin interferencias. Estar alerta a los mensajes y responderlos sin demora provoca que la atención esté disociada, además de niveles más altos de ansiedad. En el año 2013, un estudio publicado en The Lancet revelaba que el uso desmedido de  las aplicaciones (Facebook y Twitter) incide en el comportamiento sexual, sobre todo en una disminución del deseo. Y si a esto sumamos ver series de TV en streaming el resultado no es nada favorable para el encuentro erótico. La intimidad necesita de una conjunción de factores que no se requieren en otras áreas: deseo, baja ansiedad, atención centrada en el acto, fantasías, cuerpo predispuesto, capacidad para sentir placer y disfrutar. Para que esta reunión de principios se desarrolle e incremente en forma propicia hay que atenuar y/o evitar algunas de  acciones desfavorables que conspiran en contra. En la actualidad, hacer un programa nocturno de “delivery y peli” está siendo una opción para muchas parejas. La idea de estar juntos, compartiendo “el calor del hogar” ayuda la conexión física y emocional. La cuestión surge cuando esta alternativa queda solo en eso y no se aprovecha para avanzar más allá, convirtiendo esa unión en sexual.

Las consecuencias de tanta información

El avance de la tecnología es tan vertiginoso que la adaptación psíquica no da abasto para tanta información, optando por conductas que no se cuestionan porque se naturalizan como parte de la subjetividad. En los adultos y mucho más en las  nuevas generaciones los dispositivos son parte inseparable de la vida personal y de relación. La comunicación se establece por mensajes, videos y exposición de la vida privada en las redes sociales. El tema no es el uso, sino lo que esa conducta establecida encubre. Varias décadas atrás la llegada de la televisión a los hogares ponía en cuestión la comunicación familiar y de las parejas. Sin embargo, el uso del tiempo, de la imaginación, del juego, mantenía aún su primacía. La típica imagen de la familia reunida frente al televisor trasmitía una inocencia que hoy se ha perdido. La diversidad actual de estímulos externos, y la falta de tiempo, no da lugar al procesamiento y a una intervención más pausada de los mismos. Es más, la ansiedad por dar respuesta a los mensajes o, en el caso de las series televisivas, por saber cómo continúa, provoca una expectativa que compite con el misterio del sexo.

Cuando el sexo se posterga

Las series por streaming son la nueva adquisición de una realidad que todo lo ofrece ocupando el lugar de la intimidad. No critico la calidad de las mismas que supera en ideas, estética y actuaciones a muchas producciones cinematográficas, sino a los espacios personales que se ven vulnerados por su dominio. Y si ellas ingresan alguien les abre la puerta. Las exigencias de la vida diaria, las responsabilidades y las preocupaciones aguardan un momento de relax y por qué no de placer. Por lo general, se espera que la noche y el fin de semana (cuando no se trabaja) traiga un poco de tranquilidad. Sin embargo, esos pocos espacios se llenan de otras ocupaciones pendientes, que poco queda para el sexo. Las series de TV por streaming despiertan un interés casi adictivo que lleva a postergar lo que se esté haciendo con el fin de saber qué pasó. Sin embargo, las personas saben que lo que se demora por un tiempo luego cuesta recuperar. Dejar que en el “medio de la cama” aparezca la computadora, el teléfono, y ahora, las series por TV alejan los cuerpos y las ganas de encontrarse. Hay que tener en cuenta que el deseo sexual no surge por “arte de magia”, necesita de fantasías, insinuaciones, contacto, atención focalizada, y tiempo para que esa amalgama de factores concluya en un placer único, que merece ser repetido. 

*Médico psiquiatra. Sexólogo.

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