Una dieta para Sísifo

Por: Carlos Leyba

El sábado pasado el ideólogo del PRO, su alma Mater, afirmó, en la TV Pública y en un nuevo programa llamado “Por Venir”, “nada peor que el consenso, el consenso mata a la sociedad, mata a la democracia”, firmado J. Duran Barba.

De un plumazo derribó todas las buenas intenciones de algunos ministros y dirigentes del actual gobierno que proponen diálogo y entendimiento. Ministros y dirigentes que , lamentablemente, son periféricos. Tienen opiniones, ideas, proyectos. Pero nada de eso pesa en la mesa chica.

En esa mesa se sirven los platos que cocina Duran Barba y punto. Y es así porque el principio central de los que integran esa mesa, y seguramente que no es el de muchos dirigentes del PRO, es reducir la política a formular estrategias de campaña para ganar elecciones y así retener el poder alcanzado.

En esa mesa no se cocinan proyectos para superar los problemas estructurales del país. En esa mesa se consumen las encuestas diarias para analizar lo que “la gente” dice. Y con esa materia se cocina el plato principal que es la estrategia electoral.

Por cierto no se concibe sentar a esa mesa a quienes puedan opinar. Justamente “opinar” no sólo significa “creer en algo” sino más bien implica “opción”. Invitar a opinar a otros implica reconocer que “hay opciones”. Opciones de destino y también opciones de caminos distintos para un mismo destino. El manifiesto repudio de Duran al consenso es una buena introducción para una reflexión de este domingo 29 de Octubre, antes de los anuncios de Mauricio Macri.

Este lunes 30, Mauricio Macri, ha convocado a empresarios, sindicalistas, gobernadores y parlamentarios para informarles que ha preparado, en la más absoluta reserva, una dieta.

Un régimen cuyo propósito es, finalmente, justificar el cambio anunciado por el PRO.

La dieta, una manera apropiada de llamar a lo que se anuncia como las “reformas”, ha sido preparada en soledad por la mesa ratona, mesa chica, mesa exclusiva y excluyente, del PRO.

Recordando viejas definiciones del Presidente, la dieta, ha sido obra de los ojos, el cerebro y los oídos de Macri que – como declaró oportunamente –moran en la Jefatura de Gabinete a cococho de sus miembros.

Allí en la base, aquello que sostiene a Mauricio, están J. Duran Barba, el ideólogo. Marcos Peña es la voz que traduce. Mario Quintana es quien diseña. Finalmente Gustavo Lopetegui es el administrador que controla. Todo sale de allí: una mezcla de marketing y CEOs.

Por todos los medios nos han hecho saber que esta convocatoria, no se confundan, no es para acordar o consensuar absolutamente nada. Duran lo expuso clarito.

Será una exposición unilateral en la que el Gobierno informará lo que pretende de los gobernadores, de los legisladores y de los dirigentes sociales y empresarios.

De los gobernadores pretende que repliquen la dieta a nivel provincial y que – a cambio de mantener buenas relaciones – convaliden las decisiones presupuestarias.

De los legisladores que aprueben las leyes propuestas y de los dirigentes empresarios y sindicales que convaliden la “reforma”.

A medida que pasan los días lo que se imaginó, por afamados analistas políticos, como la “estrategia del acuerdo” fue decayendo al escenario de la “estrategia de comunicación” que – después del triunfo electoral – contiene el argumento de “compartan lo que propongo porque les conviene”. Hasta allí llega el diálogo.

El triunfo electoral podría haber habilitado la puesta en marcha de “las reformas” sin ninguna explicación o aviso condescendiente. Es cierto y ese ha sido el hábito K.

En el otro extremo, el triunfo electoral, podría haber inaugurado – desde una posición de fuerza – la tan demandada y necesaria “estrategia del acuerdo”. Nada de eso ha ocurrido en los últimos 40 años.

Ninguna de las dos será PRO. El lunes será simplemente el día de una relación “civilizada” entre oficialismo y aquellos gobernadores y legisladores elegidos por la oposición y empresarios y sindicalistas que representan otras dimensiones del poder.

Pero de ninguna manera el lunes será la iniciación de una mesa de concertación para políticas diseñadas en común. No. Nada que ver con la filosofía del Encuentro por más que Esteban Bullrich se haya encontrado en fidelidad con Francisco en el Vaticano. El rechazo militante de Duran Barba y de Marcos Peña al pensamiento y el obrar del Papa es dominante en la mesa chica.

En el PRO la conciencia creciente es “ganamos” y de la que se deriva la afirmación de “esto es lo que creemos que hay que hacer. Y vamos a negociar lo necesario al solo efecto de ponerlo en marcha, pero no a discutir para cambiarlo. Una cosa es la negociación y otra cosa es el acuerdo”. El acuerdo no es doctrina PRO, Duran Barba dixit.

Aclaremos que la concepción PRO, sección mesa ratona, excluye - del ejercicio de la política - el acuerdo incluso con los otros socios de Cambiemos.

Poco importan, en la mesa chica, los triunfos radicales en varias provincias. Para la mesa ratona del PRO esos triunfos son del PRO y el radicalismo sólo tiene que agradecer los cargos electivos que ocuparán a causa del liderazgo de Mauricio. Cualquier parecido con CFK no es mera coincidencia, es una convergencia propia del “mareo del éxito”. Concepto apropiado en estos días de los 100 años de la revolución bolchevique la que se despatarró en lo que, en su momento, José Stalin advirtió como “mareados por éxito”.

El lunes empieza la dieta. Según Macri es un programa de “reformas permanentes” destinadas a cambiar el paso cansino de una sociedad que, a este ritmo, no logrará escapar de los problemas que la paralizan. El diagnóstico de “paso cansino” lo compartimos. ¿La terapéutica? Veamos y veremos.

Las reformas que propondrá el lunes serán las de una primera etapa. Es que su programa, dijo, es la “reforma permanente”.

Las elecciones han sido auspiciosas para el PRO. Por eso está en condiciones de empujar y sostener el proceso económico. En todo caso está en mejores condiciones que antes de las elecciones. Lo que había ganado por la elección presidencial, a lo largo de dos años, se deterioro. Esta elección le ha permitido superarlo.

Pero el notable repunte electoral, por los números y la geografía, le ha dado un notable volumen político. Notable volumen político en un escenario económico y social de altísima complejidad, pero en un escenario político en que cualquier alternativa sufre de extraordinaria debilidad.

La propuesta de Macri es “el reformismo permanente”. Suena a una versión SXXI de “La Revolución Permanente” de León Trotsky. Tal vez sea “el adjetivo” lo que justifica que J. Duran Barba considere al PRO la izquierda argentina.

La reforma a la reforma y así sucesivamente sería la versión perfeccionista del gradualismo.

Claro que ese proceso permanente de reforma de la reforma, corre el riesgo de conformar una fuente de incertidumbre que es lo que, justamente, la consolidación de la política, el triunfo PRO y el desplazamiento de CFK, trata de aventar a partir de la dieta del lunes.

Es decir el volumen político ganado opera como “garantía” de un planteo programático, siempre y cuando ese planteo (reforma) sea una propuesta que aspira a permanencia en la medida que es una propuesta global y no contradictoria.

El volumen se debilita cuando la reforma propuesta no es la verdadera reforma porque, mas adelante, propondremos otra reforma de esta reforma y así en permanencia.

Hasta aquí el escenario prometido para el lunes en que Macri nos informe la dieta. Dieta que, nos dicen, nos llevará a superar el presente aunque esta dieta no es la dieta completa; y definitiva, por aquello de la “reforma permanente” en el marco del gradualismo perfeccionista. ¿Cuestiones que el tiempo resolverá?

¿Cuál es el presente que debemos superar cualquiera sea el régimen o la dieta? ¿Por qué Sísifo?

Sísifo, como todos sabemos, fue condenado a empujar una roca desde la base de la montaña hasta la cima; y también a no poder alcanzar la cima y a ver desplomarse la roca nuevamente hasta la base y así una y otra vez.

La economía, la política y la sociedad argentinas, desde hace 40 años, sufren una condena comparable a la de Sísifo.

Siempre partimos de una crisis. Y cada vez que, con nuevas energías ( y con las mismas carencias), intentamos salir de la crisis heredada, la economía remonta. Y llegado el tiempo que pareciera que la roca está por alcanzar la cima, la piedra se desploma arrastrando los efímeros logros generando daños crecientes hasta volver a la base.

Pasa en la economía y las cifras claramente lo establecen a pesar de la debilidad de nuestras estadísticas.

Pasa en la sociedad en la que todos observamos el deshilachamiento continuo del tejido social.

Pasa en la política con la decadencia, primero, del radicalismo que alcanzó la ovación temprana y estuvo a punto de desaparecer. Siguió con la contradicción interior del peronismo que fue desde convocar al socialismo por la vía armada hasta envolverse en la bandera del neoliberalismo; y luego, ante el riesgo de naufragio explicito, decidió, para salvarse de la crisis manifiesta, hacer al país miembro dependiente del proyecto de expansión económica de la República Popular China.

La economía, con la hiperinflación (1989), despatarró al gobierno de Raúl Alfonsín. Su costo fue superior a los que infirieron las crisis previas, por otra parte, todas hijas del rodrigazo (1975) cuyas secuelas se prorrogaron por décadas.

Luego ocurrió la implosión de la convertibilidad de Carlos Menem con costos sociales y económicos inenarrables.

La sucesión de grandes crisis a lo largo de muchos años han significado costos crecientes. Los costos de la crisis de 1989 fueron superiores a las que le precedieron; y los costos de la crisis de 2001 resultaron incomparables respecto a los costos de la hiper de Alfonsín.

Todas las crisis generaron colosales transferencias de ingresos, destrucción de patrimonios y de capital, parálisis de la economía, desempleo creciente y acumulación de la pobreza. Y lo peor es que todo registro de datos de la última crisis fue siempre superior al de la anterior.

La concentración patrimonial en estas cuatro décadas se ha agudizado.

La parálisis de la economía de largo plazo, más allá de algunos años aislados de tasas chinas, queda en evidencia cuando recordamos que el PBI por habitante, en estas cuatro décadas, ha crecido a una velocidad en la que, para duplicar el PBI por habitante, harían falta 100 años.

La destrucción del capital se pone en evidencia cuando se hace el inventario de industrias desaparecidas en las que el capital acumulado fue desorganizado por los remates y las quiebras que genera la parálisis.

El número de desempleados, sub ocupados, marginales, , no ha dejado de crecer poniendo en evidencia la caída de la productividad media, entre otras causas, por exclusión de fuerza de trabajo. Conformamos progresivamente una sociedad en que en la población activa aumenta el número de consumidores a una tasa mayor que la de los productores.

Esos ascensos de la roca interrumpidos por la rodada, se contabilizan con un crecimiento promedio del 7,5 por ciento anual acumulado de las personas que viven bajo la línea de pobreza. Ahí es dónde estamos.

La política no quedó indemne a ese deterioro de la realidad económica social y los hechos pusieron en evidencia su principal carencia: la incapacidad de construir una mayoría programática por ausencia de pensamiento riguroso para discernir sobre el futuro y en consecuencia, quedar prisioneros del presente y condenados a lo inmediato. La política de lo inmediato.

¿La crisis de 2014? No fue una crisis manifiesta como las anteriores sino una latente que no nos ha abandonado. ¿Por qué?

Los milagrosos términos del intercambio de la década soplada (2003/2014) y la previa maduración del proceso tecnológico del sector agrícola, permitieron financiar (posponer) la crisis sin necesidad de acudir más que marginalmente al crédito externo sin que la “economía para la deuda” haya sido transformada.

Ese financiamiento marginal fue de China con condicionalidades más gravosas que cualquier financiamiento tradicional.

Esas condicionalidades han quedado evidenciadas en la obligada construcción, convalidada por el PRO, de una represa no prioritaria, la construcción de dos centrales nucleares de dudosa tecnología, y, para no detallar, la traba que las importaciones ferroviarias masivas chinas han implicado para la industria y el trabajo nacional.

La latencia de la crisis 2014 es la prolongación de la estanflación con indicadores que no han logrado superar el 2011 y otros merodean el 2015.

El piso de la “U” – larga en la base - se extiende en el tiempo y con él las tensiones de legítimas demandas sociales para las que no se dispone de recursos que puedan satisfacerlas.

Todas las salidas de las crisis tuvieron el entusiasmo de “milagro” que le asignaron los medios, consultores y beneficiarios de las transferencias, generando un clima contagioso de optimismo.

Es peligroso. La piedra en ascenso permite imaginar alcanzar la meseta del reposo. Pero sostenerla en el mismo lugar es más difícil que la continuidad del ascenso. Es la física de la economía.

En todas nuestras crisis se interrumpió el ascenso, nunca se aproximo al reposo, y la roca se desplomó dejando una realidad más crítica que aquella de la que habíamos partido. Crisis de la economía, de la estructura social y del escenario político.

Mauricio Macri heredó la crisis latente.. ¿Estamos en el clásico “milagro” posterior a la crisis típico de estos 40 años? Económicamente aún no. Políticamente sí. Una extraña combinación basada en la confianza de los ciudadanos y no de los inversores.

“La piedra económica de Sísifo” no está cayendo, Macri detuvo la caída, impidió que se declare la crisis y la economía se mueve hacia arriba lentamente. Pero demasiado lentamente habida cuenta que el endeudamiento y el balance comercial externo negativo, corren de manera acelerada.

Todos los indicadores, menos el valor real del tipo de cambio, el balance de pagos y las cuentas fiscales, señalan mejoras respecto de 2015.

Una zona pantanosa traba el ascenso. El déficit fiscal ronda el 6 por ciento del PBI. La inflación resiste muy por encima de las metas y la tasa de interés, mecanismo de ajuste, es una soga al cuello para la reactivación.

La economía real de la crisis latente, gira en un circulo de estancamiento subiendo y bajando, electrocardiograma, a lo largo de cinco años. El déficit de la cuenta corriente del Balance de Pagos está en el 5 por ciento del PBI; y el tipo de cambio atrasado – según el gobierno – sufrirá un atraso permanente. ¿Reforma permanente y atraso de cambio permanente?

Acceder a la meseta requiere del crecimiento sostenido de todas las variables relevantes. El pantano dificulta el ascenso. Si bien no se ha partido desde una crisis manifiesta, la crisis latente igualmente destructiva. Pantano y ruinas.

Pero hay otra roca que el gobierno debe remontar la sociedad para superar la crisis latente y que no se convierta en manifiesta.

Alfonsín dejó el cargo anticipadamente. Menem concluyó dos mandatos, pero la crisis de la convertibilidad lo sepultó como dirigente del peronismo y también sepultó a Fernando de la Rúa y puso cerca del cementerio al propio radicalismo.

Es decir, la roca de la política tampoco llegó a la meseta que vendría a ser la consagración de una sociedad democrática en la que los partidos son organismos centrales de su continuidad. Ni la meseta económica ni la política han sido alcanzadas desde hace 40 años. ¿Sería posible lo uno sin lo otro?

Mauricio Macri, al menos, ha logrado sostener la latencia económica de la crisis. Después del triunfo electoral se despejó el clima y tal vez pueda remontar la roca de la política. Está en el trayecto. Un tramo indispensable es el del consenso sobre las reformas.

Pero la idea de “reforma permanente” tensiona cualquier consenso salvo el “consenso permanente” lo que, más que a Trotsky, suena a documento del PC Chino.

En la ideología PRO no cabe el consenso. Y menos el “consenso permanente”, que sugiere un esquema institucional de concertación.

En el PRO se pretende la adhesión permanente para una reforma permanente, lo que solo sería posible en el ascenso esplendoroso y permanente de la economía y la reducción del conflicto social y en el marco de la inexistencia de una alternativa política. Para el favor del PRO la alternativa no está. ¿Lo demás está?

Para el gobierno la economía está en ascenso permanente y – a pesar de los ajustes fiscales anunciados – el conflicto social se amortiguará. Es un deseo legítimo y un pronóstico optimista que, si conforma el escenario en el que el PRO toma las decisiones, estaremos complicados. Mas que iluminación por los resultados electorales, en este caso, estaríamos en encandilamiento peligroso.

A las dificultades - el pantano del déficit fiscal y comercial externo, la modestia del desempeño de la economía real y la cuestión inflacionaria – el gobierno cree poder superarlas sin instrumentos y sólo apelando al clima basado en la confianza de los votantes y la dispersión de los adversarios. Según el gobierno las reformas serán herramienta y climatización a la vez.

El lunes se anunciará la dieta de reformas tributaria, previsional y laboral y comercial externa.

No se conoce el contenido. Sorpresa. Pero si la dirección. Aliviar la carga tributaria empresaria. Reducir el costo laboral. Aumentar la recaudación previsional. Apurar la apertura comercial.

Los costos reales de los que pagan impuestos sólo puede reducirse realmente si los que no pagan pasan a pagar y reducen sus “ganancias” de evasión.

De eso se trata el alivio de la carga de los que pagan y esto es lo que permitiría realmente reducir la carga tributaria, previsional y laboral y aumentar – al mismo tiempo – la recaudación. El test de calidad de esas reformas pasa por si reducen o no la evasión. Ese es el hecho central de una reforma de convergencia en materia tributaria.

El otro tema es la apertura. Mario Negri, en IDEA, fue contundente: no volveremos a los 90. Un problema radical, o de los aliados, para el PRO.

Es que con este tipo de cambio, con el ingreso de dólares para el pedal financiero y la emisión para monetizar la deuda, cualquier paso hacia mas apertura puede provocar más y no menos evasión. Contradicciones de los enfoques no sistémicos.

Empujar requiere la suma de fuerzas. No ocurre hace 40 años.

El lunes podría haber sido el de una dieta compartida. No lo va a ser.

Y – lamentablemente – podría volver a ser una vez más la dieta de Sísifo que ocurre hace 40 años. Dios quiera que no.

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