Una historia macrista

Por Juan Ignacio Agosto

Mariano Amadeo Bronenberg niega haber integrado el Batallón 601 -la tristemente célebre unidad de inteligencia del Ejército destinada a infiltrarse en agrupaciones políticas y organismos de derechos humanos entre 1970 y 1985-, a pesar de que su nombre figura, con el grado de Capitán, en el listado publicado por la revista Veintitrés el 18 de febrero de 2010.

Bronenberg se presenta como un "consultor independiente en estrategias de comunicación" y es, de algún modo, cierto: entre 1991 y 1997 se desempeñó, ya con el grado de Teniente Coronel, como jefe del departamento de Comunicación Institucional del Ejército Argentino. Su trabajo abarcaba no solo el territorio nacional sino también representaciones en el exterior (agregadurías militares y fuerzas de paz de Naciones Unidas).

Tras la convocatoria al paro nacional realizada por los sindicatos docentes, el ex militar se ofreció como voluntario para romper la huelga y dar clases los días 6 y 7 de marzo. "No soy maestro pero ejercí 25 años la docencia universitaria, seré voluntario no rentado para empezar las clases en fecha", le escribió en Twitter a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal.

La chispa de Bronenberg encendió una llama que se propagó por toda la red, incentivos oficiales mediante, ascendió a los medios de comunicación y llegó a los oídos de los funcionarios. Entre ellos, de la gobernadora, que en una conferencia de prensa la semana pasada manifestó su emoción por semejantes muestras de compromiso con la causa antisindical de Cambiemos y prometió convocar a los voluntarios, aunque no para reemplazar a los docentes.

Una propuesta alocada de un ex militar cuyo nombre figura en el listado de agentes del Batallón 601 se transformaba, así, en una posibilidad para el gobierno macrista. No hay que salvar tantas distancias para recordar otras iniciativas de ex uniformados, como el regreso de los desfiles militares en los festejos patrios o el trunco intento de eliminar el feriado del 24 de marzo.

El Gobierno elige a Roberto Baradel como enemigo porque cumple con varios requisitos: es kirchnerista, representa a trabajadores, tiene la capacidad de indignar a sus votantes al tener "a los chicos de rehenes" y cultiva un estilo combativo opuesto al modelo dialoguista PRO.

Así lo manifestó Mario Oporto, que tuvo más de una desventura con Baradel cuando estuvo al frente de la Dirección de Educación y Cultura de la Provincia de Buenos Aires: "Lo quisieron personalizar en Baradel porque es el que tiene menos 'estilo' de docente tradicional".

El ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, salió hoy a desactivar la bomba y aclaró que "un docente no se reemplaza con un voluntario". Horas antes, en la apertura de sesiones legislativas, la Gobernadora había destacado el rol de los maestros.

Cambiemos fogonea, agradece y anota como posible una propuesta de un ex militar que tiene como objetivo frenar una medida de fuerza encabezada por un sindicalista combativo. El primero es presentado por los medios amigos como el héroe: un hombre de bien, que ofrece sus servicios, que "pone el hombro". Y el segundo, como el villano: autoritario e ilegítimo, con intereses partidarios kirchneristas, que "pone palos en la rueda". Los funcionarios anuncian la posibilidad de darle curso a la iniciativa, reciben un tendal de críticas y dan marcha atrás. Spoiler: Vidal volverá a sonreír para la foto y los docentes volverán a resignar poder adquisitivo.