1982: La guerra de Malvinas por TV

El documental “1982” expone la manipulación de los medios oficiales durante la Guerra de Malvinas.

El general camina orgulloso frente a la Casa Rosada. Miles lo aplauden, lo victorean, lo celebran. Sonriente y arrogante saluda a su público. “¡Viva la patria!, exclaman. “Los vamos a reventar, los vamos a reventar”, cantan. En medio de la euforia todos quieren abrazarlo, mostrarle cariño y respeto.

El general es Leopoldo Fortunato Galtieri y acaba de anunciar la recuperación exitosa de las Islas Malvinas: “Hoy 2 de abril recién hemos comenzado con la actitud de recuperar las Islas Malvinas y toda su zona de influencia y ya flamea la bandera Argentina en nuestras islas”.



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La plataforma Cine Ar Play subió la semana pasada el documental 1982 (2020) de Lucas Gallo, un meticuloso trabajo sobre el accionar de los medios de comunicación oficiales durante el conflicto bélico.

Centrado en el programa 60 minutos y el especial Las 24 horas por Malvinas (ambos de ATC - Argentina Televisión a Color), la película expone la construcción del discurso triunfalista por parte del gobierno militar. ¿Cómo lo hace? Mostrando lo evidente. El realizar trabajó -de forma brillante- con un solo recurso: montaje y edición sobre el material original.

La búsqueda de la transparencia es uno de los grandes aciertos del documental. Gallo decidió no utilizar voces en off, zócalos ni algún tipo de elemento gráfico (solo hay placas al inicio y al final) para dejar en evidencia la torpeza del asunto. No hace falta señalar, todo está a la vista.

“Quise que se vieran las noticias tal como se las daban -señaló el realizador en una entrevista a Infobae-. Poner una voz en off lo convertía más en un documental informativo y también te trae al presente. Yo no quería hablar desde el presente, sino que se viera el pasado, que te sientes frente a la televisión de 1982 y hagas un viaje en el tiempo”.


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Mario Benjamín Menéndez, designado Gobernador de las Islas Malvinas, sentando en un cómodo sillón con las piernas cruzadas, cuenta las novedades en el territorio: entregaron televisores argentinos para que los malvinenses puedan conocer nuestra cultura.

Le preguntan a un soldado -joven, como todos- cómo ve el futuro en las islas. “Ya no va a pasar nada, ya es nuestra”, responde tan frágil como deseoso de sus palabras. 

Entrevistan a un ciudadano malvinense. Es un hombre grande. Contesta desde su camión. Quieren saber su opinión sobre los últimos acontecimientos. Más o menos, con la sabiduría de los años, el viejo responde: “Ya somos grandes, vivimos mucho tiempo de una manera… esperábamos terminar nuestras vidas de la misma manera”.


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Estructurada en tres partes (abril mayo y junio), el documental expone el seguimiento brindando por 60 minutos, uno de los programas periodísticos emblema de la última dictadura.

El partido amistoso ente Argentina y la Unión Soviética. Las palabras del Secretario de Estado Alexander Haig donde señala la estrecha relación entre Estados Unidos y la Argentina. La campaña “Argentinos, a vencer” donde le enseñan a una ama de casa cómo contribuir en la guerra. Un póster de Maradona en el bar de Malvinas. Todo sirve para construir el relato. Todo es entusiasmo, épica, esfuerzo y patria.

La impunidad era tal, que en varios fragmentos presenciamos a los periodistas José Gómez Fuentes y Nicolás Kasanzew describir situaciones que las propias imágenes contrastaban. Por momentos parece absurdo como intentan tergiversar lo evidente: soldados sin preparación, instalaciones paupérrimas, militares improvisando sobre la marcha…

Las 24 horas por Malvinas es un hito nefasto en la tv local. El país entero quiso aportar al Fondo Patriótico, y el “país entero” fue representado por sus famosos, quienes dijeron presente.

Passarella, Ardiles y Maradona brindaron su apoyo a la causa. Mirtha Legrand ofreció a ir al frente para colaborar. Amalia Fortabat dijo que iba a donar cemento para construir en las nuevas islas. El canciller Nicanor Costa Menéndez, con brillos en los ojos y paso lento, saludó al público como si fuera un prócer. Alberto Olmedo y Jorge Porcel pasaron para dejar constancia de su compromiso patrio (el segundo donó uno de sus cuadros favoritos… de su autoría). Susana Rinaldi cantó el himno. Todo bajo la batuta de Pinky y Cacho Fontana, quienes fueron más argentinos que el dulce de leche, el colectivo… y las Malvinas. 


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1982 nos muestra que todo se hizo ante la vista de todos. La torpeza discursiva, la operación periodística y la manipulación perversa fueron acompañadas -y celebradas- por el público. Lucas Gallo dejó testimonió de la operación trabajando con archivo, sin necesidad de agregar nada, todo estaba ahí.

“Estamos ciego de ver”, cantaba Charly García en “Los sobrevivientes” (La grasa de las capitales, Serú Girán, 1979), una vez más, estaba en lo cierto.   


Sobre el autor: Nahuel Billoni coordina el sitio www.incont.com.ar, en Twitter es @nahue84 y hace otras cosas. 

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