Amortiguación: una estrategia para el alineamiento latinoamericano

En el lenguaje coloquial se sabe que los amortiguadores sirven para ejercer resistencia al rebote, las inclinaciones o el balanceo de un automóvil. Ahora bien, en la política exterior también se precisa de amortiguadores a la hora de establecer vínculos entre diferentes estados, con el fin de no extralimitar las asimetrías ya existentes. La estrategia de amortiguadores (Shock-absorbers strategy) es planteada en un reciente artículo de Estaban Actis y Nicolas Creus, como un elemento de una estrategia tripartita que podría ser de utilidad para los Estados latinoamericanos a la hora de oscilar entre la vinculación con China o Estados Unidos. Pero antes de analizar esta estrategia es necesario observar el panorama latinoamericano, así podremos entender por qué precisamos de estos “amortiguadores”. 

El COVID-19 cerró una década en la que los índices de crecimiento económico en Latinoamérica, la reducción de la pobreza y los niveles de desigualdad mostraron números rojos. Entre 2002 y 2014 pasamos del 54% de pobreza al 7,8 %, no obstante, desde 2015 hasta 2018 hubo un vertiginoso aumento de la pobreza que llego al 30,1%, este número se acrecentó en 2019 y a partir de la pandemia nos encontramos en el 34,7% (CEPAL, 2021). Junto a este panorama se encuentra un aumento de desempleo del 3,4% y una profunda caída del PBI del 5,3%, esto da por resultado 214,7 millones de personas en la pobreza para 2020 (34,7% de la población de la región) y 83,5 millones de personas en pobreza extrema. Dada esta situación son varias las interrogantes que suscitan para poder evitar una nueva década perdida, entre esas estarían: ¿El alineamiento con las potencias y la adopción de sus recetas económicas ha servido para reducir los índices de pobreza o las brechas de desigualdad? Siendo la respuesta negativa ¿Qué tipo de estrategia podemos adoptar para mantener los lazos comerciales y políticos con los países centrales al mismo tiempo que buscamos articular modelos de desarrollo autónomos? ¿Cuáles son los errores de los que deberíamos aprender como región para enfrentarnos a cambios como el ascenso de una nueva potencia o una crisis sanitaria global?

Dar una respuesta concluyente a estas incógnitas sería encontrar el santo grial del desarrollo periférico en contraposición a los intereses de los países centrales. Pero teniendo en cuenta el panorama y estos interrogantes es posible pensar que la recuperación económica no será impulsada por un modelo sólo en función de las necesidades y capacidades de la región, sino que debe articularse con las nuevas condiciones del mercado posterior a la crisis sanitaria, y para esto, la relación con países como EE.UU y China es primordial, así como mantener una “equidistancia” entre uno y otro actor. La necesidad de mantener una relación nivelada con China o E.U parte de los incentivos que precisa cada país de la región para salir de la crisis económica: adopción de crédito a bajas tasas de interés, renegociación de deudas, mercados con una demanda constante y una amplia concentración demográfica; además de inversión extranjera directa, sea por privados, entidades multilaterales o los estados directamente.

Aquí entra en juego la estrategia de amortiguadores: la estrategia consta en “desarrollar una infraestructura institucional” asegurando la estabilidad política y canalizando las demandas sin entrar en conflictos sociales, y, en segundo lugar, “equilibrar la macroeconomía” manteniendo así el acceso al crédito y ajustando los desequilibrios fiscales para socorrer la situaciones de emergencia; a este sumario se le podría agregar la lubricación de las relaciones diplomáticas y paradiplomáticas, siendo una herramienta fundamental para equilibrar las relaciones entre los Estados sumergidos en una disputa global.

Si bien este elemento es una parte integral de una estrategia que requiere complementarse, analizar la estrategia de amortiguación ayudaría a sacar provecho del enfrentamiento global, sea para la adopción de créditos, renegociación de deuda, inversiones o simplemente para reducir los costes de una disputa que pueda afectar los intereses nacionales.

Ahora deberíamos preguntarnos: ¿Cuáles serían esos instrumentos funcionales dentro de la estrategia de amortiguadores que permitirán aliviar las cargas de una relación asimétrica con estas dos potencias? Las opciones son limitadas, como las posibilidades de no pagar algún coste en esta polarización, empero, es posible dilucidar dos ejes a fortalecer para poner en práctica esta estrategia: la política subnacional y los bloques regionales.

  1. Política subnacional: si bien es arduo un trato vis a vis con los estados norteamericanos o las provincias chinas, ya que son pocos los gobiernos subnacionales latinoamericanos que se puedan comparar, su funcionalidad deriva en la vinculación político-comercial a nivel subestatal y la resolución de conflicto internos, ya que brindar mayores y mejores canales de interlocución entre el Estado y la sociedad a través de la política subnacional,  asistiría el fortalecimiento de las economías e instituciones latinoamericanas, mejorando la recuperación o resistencia ante escenarios críticos. No es menos importante mencionar que si el fortalecimiento subnacional es relevante, lo es más aún la cooperación con la totalidad del Estado: muestra de esto fueron las medidas tomadas por la crisis sanitaria, ya que mientras se mantuvieron en coordinación los gobiernos subnacionales y el nacional pudieron contener la cantidad de muertes y contagios, mientras que los Estados que tuvieron una desorganización interna estuvieron más expuestos ante el virus.
  1. Bloques regionales: el fortalecimiento de los bloques ya constituidos permite generar una resistencia a la hora de negociar con países centrales, también brindaría facilidades para la cooperación en casi cualquier ámbito (crédito, aduanas, movilización de personas, cuidado ambiental, entre otros) y así solidificar las competencias de una nación, el bloque y la región, frente a las ventajas que se adjudicarían a un país central al negociar en solitario con una sola nación latinoamericana.  

La funcionalidad de esta estrategia deriva tanto en la capacidad de cada Estado en solucionar sus problemas internos como de reflexionar sobre el modelo de desarrollo que se quiere y se puede tener. No obstante, un primer paso que debemos recorrer es aprender de los errores del pasado, con el fin de mejorar los canales de interlocución en la región y fijar objetivos comunes, trazando metas desde el Estado para así mantener los compromisos planteados en los bloques existentes independientemente del gobierno de turno. Lamentablemente, tanto el Mercosur, la Alianza del Pacifico como el Mercado Común Centroamericano (por poner algunos ejemplos) son casos en que los compromisos planteados desde el Estado han sido deformados por los gobiernos de turno, sea por desacuerdos ideológicos, mediocridad a la hora de fijar metas de desarrollo en común o desvirtuación del espíritu de los acuerdos.

En conclusión, plantear alternativas para salir de la crisis en la que estamos y plantear un modelo de desarrollo funcional puede sonar a una entelequia dadas las condiciones reales del contexto regional, la disputa global y la debilidad en la que se encuentran todas las naciones latinoamericanas; pero hace dos años nadie creería que estaríamos a punto de vivir la peor crisis desde la formación de los Estados latinoamericanos, dando lugar a la búsqueda de soluciones drásticas ante un escenario imposible de concebir en nuestra época. Ahora bien, la implementación de estrategias para encarar esta situación parte del reconocimiento de las capacidades regionales, trabajar acorde a las necesidades actuales, ser pragmáticos en la medición coste-beneficio de alinearse con uno u otro actor y reestablecer los valores colectivos; siendo que no solo los rasgos culturales nos unen, también las necesidades y la condición de periferia.

Hoy es la pandemia, mañana puede ser otra la razón por la cual entremos en crisis, pero solo hay dos cosas claras: la necesidad de reorientar el modelo de desarrollo para salir del círculo vicioso en el que nos encontramos y fortalecer todos los canales de interlocución entre el Estado y la sociedad, para permitir aumentar las capacidades del Estado y cerrar esas asimetrías que nos obligan a aceptar condiciones que a largo plazo nos afectan negativamente a cambio de asistencias cortoplacistas.


Ilustración: Gabriel Roldán

Diarios Argentinos