Apetito de pasado

OPINIÓN. Todos los países que han tenido éxito social y político, encontraron los recursos cuando fueron capaces de formular proyectos. Eso es el liderazgo del que hace tanto carecemos.

Pero Macri. Sin duda que, escarbando, Macri fue peor… hasta que llegó el presente.

Las cosas no mejoraron. No.

Es que, día que pasa, el pasado es más propiedad de los que hoy actúan que de aquellos cuyos males, los de hoy, acaban de heredar.

La palabra de Mauricio se devalúo de tal manera que escandaliza recordar que ganó votos cuando dijo que su aspiración era terminar con la pobreza, lograr la unidad nacional y liquidar la penetración del narcotráfico. ¿Quién podría disentir?

Pero ensanchó la grieta, profundizó las causas de la pobreza; y en la marginalidad de los conurbanos, como la tragedia de Rosario, no dejó de crecer el dominio territorial del narco. “Macri lo hizo”.

Pero, en esta política argentina, la devaluación de la palabra no tiene piso. Borrar el pasado propio devalúa. Borocotización.

Florencio Randazzo habla como si no hubiera pasado por todas las etapas de adhesión en 12 años de kirchnerismo explícito.

Hoy Alberto –fracasos en el combate a la pobreza, espectáculo de terror narco e inseguridad– ejerce un discurso militante para romper cualquier puente que trate de aproximar territorios engrietados. ¿Lo hace en defensa propia?

Lo de Olivos. ¿Vamos a ignorar que contabilizó públicamente las personas denunciadas y los autos secuestrados? Pero, a mí, no. ¿?

La profesora. Más allá del contenido, ¿está bien abusar de una posición dominante que reduce a polvo el supuesto cuidado del discurso de todos y todas, albañiles y albañilas? Fernández es docente autorizado, aunque no profesor designado por la Facultad, y no puede avalar esa conducta profundamente anti pedagógica. ¿Acaso algo más lejos de la paideia, de la humanitas o de la areté que ese espantoso video? ¿Cómo avalarlo? 

Por todo eso hay un apetito de pasado que consiste en ansiar que lo que ocurrió no haya ocurrido. Un apetito que nos lleva cada vez más atrás.

Hubo alguna vez los tiempos en que la pobreza era mínima y un estado de tránsito, porque rápidamente se salía al ritmo que las fábricas crecían, empleaban y los asalariados en blanco eran inmensa mayoría.

Hubo alguna vez la seguridad en las calles, las puertas abiertas en la Ciudad, los chicos en las escuelas, ni abundancia de porro, paco, coca, ni narco dueño de territorios.

La grieta existía, tal vez distinta, pero no tenía, al menos, estas consecuencias sociales y se miraba al futuro con la idea de que la inclusión creciente, la aproximación al progreso colectivo, iría construyendo el ideal de la Nación que era un ideal. No apropiarse de “la Nación” para excluir a los otros.

Las “sororas” del oficialismo, lo acompañan a Alberto y no paran de construir aislamiento como, por ejemplo, la ministro de Seguridad, Sabrina Frederik, burlándose de su tarea al proponer la alternativa o “seguridad y aburrimiento” (Suiza) o “crimen dominante y viva la joda”.

Sabrina, por los resultados de su tarea optó por la “joda” engalanada por el “En el peronismo siempre se garchó” que anunciara la trémula abuelita de 16 nietos y candidata del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz. Increíble pero real. El pez muere por la boca. ¿Apetito del pasado, tal vez?

Hasta en los números viajamos con el apetito del pasado. ¿Por qué?

Es que en 2022, finalmente, el PBI habrá superado el nivel de 2010. No es una mala noticia. Habremos “recuperado” -según las palabras del Ministro Guzmán- el nivel de hace 12 años.

Optimismo retrospectivo o apetito del pasado. Consciencia de la decadencia que nos embarga el futuro.

Peor sería “no darse cuenta”. Mejor sería “dar cuenta”.

“Darse cuenta” es dejar de mentirse. Guzmán no habló de crecer, ni de desarrollo. Estaría mintiéndose. Apenas dijo “recuperando”. Siempre gerundio. El pasado era mejor. Cierto.

“Dar cuenta” implica reconocer la causa del estancamiento que hizo que hayamos perdido, no sólo el futuro, sino los niveles del pasado.

“Dar cuenta” es responder a las preguntas ¿por qué perdimos el rumbo y el ritmo del desarrollo? ¿cuáles fueron las causas eficientes de que así haya sido?

Todos coinciden: las cosas se desbarrancaron a partir de 1975. Algunos insisten en olvidar que entonces ocurrieron cosas, por ejemplo, el rodrigazo que no fue una reacción sino un programa.

Un programa pergeñado, qué casualidad, por quien luego sería el autor de la frase “los argentinos somos derechos y humanos” cuando el mundo se sorprendía del salvajismo genocida que transitaba nuestro país.

Detrás de la represión estaba la vocación de un programa de “a por las joyas de la corona”  y el juego previo de los “estúpidos e imberbes” Perón dixit, que desencadenaron la tragedia.   

Todo ocurrió sin catástrofes naturales. Las causas fueron políticas: “Las políticas económicas aplicadas”. ¿Cuáles, cuándo?

¿Cuáles? Las que intentaron e intentan, remediar las consecuencias sin asomarse a las causas que las provocan. Causas que los sostienen y garantizan la continuidad del daño. Y va casi medio siglo sin que gran parte de la profesión tuerza el cuello.

¿Cuándo? Sistemática y coincidentemente, desde que las decisiones de dirigentes políticos, que olvidaron la idea central de qué cosa es “hacer política”, se sometieron al recitado de la profesión de los economistas que influyeron excluyentemente. Es decir “tomando el rábano por las hojas”: mala práctica y peor cosecha.

“Hacer política” es tener ideas claras de cómo, desde el Estado, contribuir a construir la Nación.

Lo elemental de esa construcción es incluir a todos los habitantes dentro de la frontera social e incluir a todo el territorio en la soberanía del Estado, de modo que no haya, bajo la misma Bandera, el nivel de Bélgica y la pobreza de India:”Belindia”, el país imaginario que, en este territorio, es realidad.

La economía puede brindar instrumentos. Pero “la política” traza el camino.  

¿Qué ha generado la dirigencia política en los últimos 46 años? Exclusión de la mitad de los habitantes y desintegración territorial “Belindia”.

En esta campaña o en el discurso político habitual, de las causas no se habla.

Se simplifican “los problemas” hablando de sus síntomas o se ocultan o se miente descaradamente con la táctica de asignar la culpa al otro. Vamos mal.

La hipocresía, en la política cotidiana, es el pantano donde se hunden – si las hay - las mejores intenciones.

Volvamos al PBI. El ministro tiene razón cuando señala que los datos hablan de “recuperación” y no sólo de “rebote”.

Un rebote ocurre cuando se toca el piso y el PBI salta para arriba. Hablar de rebote es decir “tocamos el piso”.

Guzmán entiende que en este su período gubernamental, no habrá otra caída que perfore el piso que él mismo ha transitado (2020, PBI -10%) y por lo tanto éste (+8) y el que falta (¿+3?) serán años de “recuperación”.  

El salto puede recuperar o no, el nivel alcanzado antes de caer. En este caso el rebote previsible – no sólo el de este año, sino sumado al del año que viene – alcanzará a recuperar, como hemos dicho, el PBI de 2010. No es para ufanarse. Es para reconocer que estamos muy mal.

¿Por qué no empezamos por ahí?

Pasar de la verificación del concepto “rebote de recuperación” a “superación del pasado” implica, necesariamente, un cambio en la concepción y en la acción, de las políticas económicas respecto de las dominantes en los últimos 46 años que son las responsables del estancamiento.

El ministro de Economía (Infobae) propuso (o pronosticó) una tasa de crecimiento de 3% anual para los próximos diez años. ¿Saldríamos de Belindia?

Guzmán no propuso un cambio de rumbo. Y tampoco de ritmo. 

Para duplicar el PBI ph en 10 años se necesita crece a la tasa del 7,5 % anual todos los años y con una política de desarrollo regional convergente, podríamos comenzar a retroceder Belindia. ¿Apetito de Futuro?

Partiendo del buen rebote de recuperación de 2021 para que en 2022 alcancemos al nivel de 2015 deberíamos crecer el 9%. Muy difícil. Si se diera esa “tasa china” Alberto Fernández podría aspirar a la reelección.

Con esta política es imposible. Pero si no aumentamos la velocidad del tren, el mismo será detenido por el peso real de los pasivos.

El pasivo social, la demografía de la pobreza, es explosiva y la administración de la misma, privatizados los recursos estatales para generar control, no le abre puertas de entrada a la inclusión.

Es una manera ¿ingenua? de extraviar el sentido de compensación del daño que las políticas económicas les han inferido y que requieren que esa política se revierta para que no seguir martirizando.  ¿Lo están haciendo? No.

Siempre dude de la lógica de un Ministerio Social que repara lo que el de Economía destruye.

El pasivo externo: la dependencia de todas las cadenas de valor de la manufactura de los insumos importados hace que cada movimiento interno hacia arriba se enfrente a la restricción externa, mientras - al mismo tiempo - la fuga del excedente demanda dólares y la política acude al “endeudamiento externo” de mil maneras.  

Ese pasivo es consecuencia de la política y mientras no se revierta la que lo produce, se profundizará. ¿Están tratando? No.

Siempre dudé de la lógica de un Ministro de Finanzas  que financia lo que el de Economía destruye.

Pasivo social y externo son la dominante concepción de la política económica que nos gobierna desde Isabel, sin exclusiones, hasta Alberto.

Cada uno de esos gobiernos hizo cosas diferentes. Pero todos renunciaron a la estrategia de desarrollo, a la política industrial, a la promoción exportadora y a los incentivos a la inversión.

La suma de esas ausencias generó el pasivo social (desempleo, informalidad y pobreza) y el externo (restricción externa, fuga y endeudamiento).

La única medicina sin iatrogenia, es la inversión reproductiva . Requiere clima y confianza y enorme cantidad de zanahorias como en todas las praderas del Planeta.

De no mediar una catástrofe nuestro PBI para 2022 será superior al del desastre de 2020. De no mediar un milagro será inferior al de todos los años de la década pasada.

El PBI por habitante de 2022 igualará al de 2006.

Cierto 2022 será mejor a 2021 y 2020. Pero no que 2019. ¿Entonces? Para satisfacción de Cristina el año final de Mauricio fue peor que todos los años previos hasta 2010.

En 2022 la productividad media, lo que dispondremos por habitante producto de nuestro esfuerzo, será inferior al nivel de 2006. Estaremos al nivel de 16 años para atrás. Hablamos del Ingreso Disponible que implica detraer los pagos netos a los factores de la producción del exterior

En el último año de Alberto el Producto por habitante será inferior al del último año de Macri; y muy inferior al último año de Cristina.

¿Habrá algún trofeo para exhibir? No.

No pudieron exhibirlo Mauricio en 2019 y tampoco Cristina en 2015. En ambos casos el final de la gestión fue peor, en términos por habitante, que el año en que comenzó esa presidencia.

En el caso de Cristina la segunda presidencia fue notablemente peor que la primera, sin abrir juicio acerca de esa.

Estos hechos nos hacen recordar a Sansón Carrasco que, en El Quijote, le dijo a Sancho Panza “Nunca segundas partes fueron buenas”.

Lo podría decir Carlos Menem de su segunda presidencia respecto de la primera, y obviamente es clarísimo para Cristina en su segunda respecto de la que la precedió; y ni hablar de la que, como creen muchos, corre como su tercera presidencia, aunque delegada.

El inventario de las “segundas partes” vienen a cuento de la propuesta del increíble ministro Ferraresi que lanzó la candidatura de Alberto para 2023.

Si en la primera le irá mal, ¿cómo se puede imaginar que en la segunda la vaya mejor?

En la Argentina eso no pasó. Ni a Perón le fue mejor en la segunda que en la primera. Y en la tercera presidencia, en la que ostensiblemente corrigió los errores de las otras dos, el resultado no lo podemos catalogar porque el ciclo lo cerró la muerte.

Aunque mientras estuvo vivo (1/7/74), en la tercera, le fue muy pero muy bien si de resultados económicos se trata.

De acuerdo al FMI, poco amigo de aquel modelo de gestión, en su Informe del  16/11/74 señaló que “detuvo radicalmente la espiral de precios y salarios mediante una política de ingresos basada en un pacto social… un aumento considerable de las reservas netas en 1973 y en el primer semestre de 1974…el PBI … aumentó un 5,4% superando la tendencia registrada desde 1968”.  Para pensar ¿no?  

Volviendo al principio hay consenso en que lo primero que nos debemos preguntar es ¿crecimos o fuimos para atrás?

La respuesta, salvo un giro enorme en la política económica y en la capacidad de generar confianza, más zanahorias, basados en los pronósticos más razonables, “recuperando” habremos ido un poco para atrás que es la insólita manera de progresar por estos pagos. Apetito por el pasado u optimismo para atrás. Para eso no hacen falta expectativas de futuro alcanza con memoria del pasado.  

Todos los problemas heredados y los nuevos, serán más difíciles de resolver. Quien crea que puede sólo está perdido.  

Esto no depende del resultado de estas elecciones sino de los límites de la actual política y la previsible, cuyas alternativas se pueden resumir en las opciones de un poco más de Guzmán o un poco más de Kicillof. Nada que no conozcamos.

Lamentablemente es tal la magnitud del deterioro económico que se arrastra de décadas y de aquello que agregaron la gestión de Cristina – a pesar de estar bendecida por los términos del intercambio - y el modo en que la agravó, de manera realmente inexplicable, la improvisación irresponsable de Mauricio Macri, que era muy difícil esperar que se verificara una salida airosa como la que imaginaron la mayoría de los votantes que depositaron en Fernández la fe.

Creyeron en un administrador capaz de sellar la grieta y poner el carro en marcha. No lo hizo. Nadie esperaba un liderazgo. Y sería injusto enrostrarle lo que ni prometió ni sugirió.

Pero lo que hoy sabemos y que el ministro Guzmán expresa con corrección, con su idea de tranquilizar la economía, que lo que podemos esperar con bastante probabilidad de éxito es el optimismo retrospectivo: volver al pasado que, en nuestro caso, es el mejor futuro. Apetito de pasado.

Todos los países que han tenido éxito social y político, encontraron los recursos cuando fueron capaces de formular proyectos.

Eso es el liderazgo del que hace tanto carecemos. Y que por ahora no asoma.

El optimismo posible es retrospectivo e insólitamente hay que despertar el apetito del pasado porque nuestro país fue mejor. Y puede volver a serlo.

Para hacerlo necesitamos ser honestos con la memoria. La palabra esta devaluada.

Pero si se devalúa la memoria no hay manera de volver al futuro.

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