¡Auxilio Estado!

Por: Daniela Triador


A riesgo de volvernos monotemáticos, es una realidad que toda la agenda informativa  -como gran parte de los aspectos de la vida de las personas- se está viendo atravesada por la pandemia de COVID-19. 

En economía, gran parte de los debates giran alrededor de dos grandes preguntas: ¿Cuál va a ser el impacto/costo de la pandemia? y ¿Cuáles son las medidas que están tomando los distintos países para minimizar los efectos recesivos?

La cuarentena obligatoria parece ser, hasta el momento, la única medida para lograr aminorar el ritmo de contagios y evitar así el colapso del sistema de salud a nivel mundial. 


Se para el virus pero se desploma la economía. 

A nivel doméstico, limitar las actividades a los rubros que garantizan la subsistencia, reduce la demanda y afecta directamente a los sectores que se ven obligados a parar por completo su actividad. A la recesión interna se le suma la caída de la demanda externa de los distintos países que han adherido a las medidas extremas de aislamiento. A su vez,  la recesión aumenta las probabilidades de incumplimiento de pago de los activos financieros lo que se traduce en un retorno masivo a mercados y activos de mínimo riesgo, lo que claramente excluye cualquier tipo de deuda emitida por Argentina. 

Sin intervención este combo recesivo podría llegar a ser incluso más letal que el mismísimo virus que lo causa. Ahora bien. ¿Cuáles son las medidas que se están tomando a nivel nacional y en el resto de los países del mundo?

Se observa de manera casi generalizada esfuerzos por reactivar la economía real reduciendo la tasa de interés. Esta política, por un lado, abarataría el costo de los créditos para incentivar la demanda interna, desincentivando a su vez la capitalización financiera. 

La inyección de dinero público que se está llevando a cabo por las principales economías del mundo -G20- sextuplica el volumen de dinero que se utilizó para palear las consecuencias de la crisis financiera del 2008. Alrededor de 6 billones de Euros serán utilizados para reactivar la economía real a través de subvenciones, planes de asistencia social, ayuda al sector productivo privado, y obra pública. 

¡Intervención estatal para todos!

En Argentina, las medidas de emergencia anunciadas en los últimos días se enmarcan en la misma lógica: incentivar la demanda. Así, en el plano económico, la restructuración de la deuda pierde -momentáneamente- protagonismo en las prioridades del gobierno nacional que concentra actualmente sus esfuerzos en el aumento del déficit fiscal. Pago único y excepcional a jubilados, trabajadores de sectores informales y monotributistas, reducción momentánea de aportes patronales, obra pública y la reactivación de créditos para la construcción. 

Ahora bien, me interesa un momento detenerme en lo que pareciera ser el retorno de la lógica keynesiana de incentivo a la demanda a nivel mundial. Dicho más llanamente, la intervención de los correspondientes estados en la economía de casi todos los países del mundo. Quisiera pues no desperdiciar esta valiosa oportunidad. La verdad es que resulta, como mínimo, curioso el consenso que se manifiesta en la mayoría de los medios de comunicación masivos sobre la responsabilidad- ineludible- que tiene el Estado de intervenir para amortizar los costos de la crisis sanitaria y consecuentemente económica. Los mismos medios y comunicadores que han incentivado la reducción de la participación estatal y han contribuido no solo a la estigmatización del bien público sino también a su desfinanciamiento y desarticulación. Para ser absolutamente clara, se pide, o más bien se exige, ayuda al Estado que durante los cuatro años del gobierno del expresidente Mauricio Macri ayudaron a desfinanciar. 

Mucho se habla en estos días de la “responsabilidad social” que tenemos los argentinos de acatar y hacer acatar al otro las medidas de restricción social obligatoria, no solo por la preservación de la salud individual sino por conciencia y empatía con la población de riesgo. 

Se ha dado aquí una convergencia que no debemos desaprovechar: una repentina oleada de conciencia social masiva junto con una situación que no nos permite desestimar la importancia del Estado en materia de salud pública, promoción a la investigación científica, a la educación, a la economía real y el bienestar social. 

Permítanme pues recordarles solo algunos datos que vienen al caso. Durante el gobierno de Mauricio Macri el presupuesto en educación se redujo un 35%, mientras que el presupuesto en ciencia y técnica – dinero que se destina entre otras cosas al financiamiento de CONICET- se redujo un 38%. En cuanto a la gestión de la salud pública, la alianza cambiemos no solo eliminó el ministerio de salud, sino que redujo en un 25% el presupuesto sanitario nacional durante su gestión. La dilapidación de las reservas monetarias nacionales y el endeudamiento externo utilizado para financiar la fuga irrestricta de capitales limitan en la actualidad los recursos del Estado para afrontar la crisis. 

Celebremos entonces esta proliferación masiva de conciencia social, celebremos incluso a los medios que nos repiten continuamente sobre nuestra responsabilidad sobre los otros. Celebremos los aplausos a los médicos y la solidaridad en tiempos de crisis. Pero no perdamos esa responsabilidad si algún día -y ojalá que no suceda- alguien vuelve a poner en cuestión cualquiera de los derechos que tiene que garantizar el Estado. 



*Daniela Triador. Investigadora docente. Área de Economía Política. UNGS.

Diarios Argentinos