¿Buenas noticias?

Las necesitamos tanto. Parece que, por ahora, la respuesta “no es positiva”. Las vacunas tardan. La política genera desesperanza. La economía no lo compensa. Sigue nublado.

1 – LA PANDEMIA Y LA VACUNA EN LA GRIETA

Respecto de la Pandemia, tal vez no hicimos todo lo que deberíamos haber hecho.

Tal vez nuestra escasa relevancia presente y nuestro problemático futuro forman parte del escenario poco atractivo en el que deben pararse nuestros negociadores.

Difícil apelar, en esta puja planetaria por las vacunas, a que somos “un país de oportunidades”. Por años hemos hecho lo posible por demostrar que no lo somos, al menos por ahora.

Echar culpas es una de nuestras más arraigadas costumbres.

Pocas veces, junto a la crítica escuchamos una propuesta inteligente y comprometida.

En todas las vacunas, Pfizer, Sputnik V, vacuna China, etc., es necesario mayor claridad.

El silencio y la oscuridad; y los gritos consecuentes enferman el clima social.

Lo que, el miércoles 3/2 en el programa “A dos Voces”, vimos el testimonio de la pequeñez de “dirigentes” de los dos espacios principales de la política nacional. Solo atinaban a gritar y echar culpas. Vergüenza ajena.

La falta de explicación, serena, convincente y de solvencia, contribuye a que la Pandemia se convierta en un miserable pugilato político. Muestra la baja calidad del debate y fundamenta la creciente preocupación por el desmanejo y la falta de alternativa.

La vacunación tardará más tiempo que el conveniente para lograr la inmunidad de rebaño antes que llegue el invierno. Vamos a vacunar. Seguramente pronto. No necesariamente como nos anunciaron.

Entretanto muchos hemos sido testigos de la eficacia del ibuprofeno inhalable y hemos leído la cantidad de casos así resueltos, gratis, gracias al invento argentino que el ANMAT hasta la fecha ignora. Hace falta un “sí o no” fundamentado.

En hospitales nacionales, se difunde boca a boca, se hace uso de la Ivermectina  (de bajísimo costo por haber vencido la patente) como preventivo. Varias provincias la promueven. ¿Y el gobierno nacional?

Sin vacunas en cantidad y en tiempo, ¿no sería razonable que las autoridades nacionales de salud dialogaran con las provincias, los médicos, las instituciones y los laboratorios nacionales que han realizado experiencias que entienden exitosas con esos medicamentos?

El paradigma de la corriente sanitaria principal sostiene la terapia excluyente de la vacuna. Pero hay una mirada alternativa, que no la rechaza, pero que entretanto cura y salva vidas. Otro paradigma.

¿No vale la pena dialogar? ¿Contribuye la objeción de “silencio” por parte de quienes tributan al paradigma sanitario dominante?

Tratándose de cuestiones básicas es inmoral no dialogar con los que – desde el campo científico – proponen aportes que, además, están disponibles.

Con problemas y sin diálogo en pos de alternativas sanitarias, ¿abundan las buenas noticias en el área? La respuesta “no es positiva”.


2 – ¿LA GRIETA EN EL MAR ES PARTE DE LA POLITICA INTERNACIONAL? ¿QUIEN ES INTRUSO?

En la política, dentro de ambas coaliciones mayoritarias, no sólo hay una disputa por nombres para ocupar los cargos en las próximas elecciones.

Dentro de cada espacio hay un verdadero enfrentamiento sobre “el modelo” que deben procurar instalar a futuro. Los extremos alarman.

Las voces mas fuertes y – la más irritantes – parecen imponerse en uno y otro espacio.

El oficialismo atraviesa esa confrontación no sólo referida al plano electoral sino a la concreta definición de la dirección presente del Estado.

La tensión en la cabina de comando genera confusión sobre la marcha.

Hay, por ejemplo, entre bambalinas y entre otras, una disputa sobre la estrategia internacional.

No se trata de la “retórica” sobre Venezuela o el Grupo de Lima, la que no tiene demasiadas consecuencias en lo que hace a la “verdadera estrategia internacional”.

Esas son cuestiones marginales. Dejan de serlo si se convierten en definiciones materiales estratégicas. O en gestos negativos, con posibles consecuencias.

Un ejemplo concreto de posibles derivaciones de la retórica en política internacional es el que se produjo con el barco americano que disponía de capacidad de información sobre la pesca ilegal. La que, por aquí, abunda.

El “despido” del barco puede implicar un desinterés respecto al saqueo a que está sometido nuestro patrimonio ictícola, lo que es gravísimo, o un gesto que – a partir de la retórica – construye “relaciones internacionales”.

No podemos custodiar nuestra riqueza marítima por falta de infraestructura. Pero, además, hace años que llevamos una extendida vista gorda ¿En beneficio de qué países extranjeros?

El mar es un vacío de nuestra política económica y una de las principales cuestiones pendientes de política internacional. ¿Cuáles son los intereses aliados? 

La política internacional es “política de alianzas” con fines concretos. Carece de sentido una “política internacional” desvinculada de fines concretos.

Sin una estrategia de desarrollo nacional no es posible una “política internacional” cooperativa de los fines propios.  

Cuando CFK diseñó su Alianza Estratégica con la República Popular China, Aldo Ferrer, en un artículo liminar publicado en Página 12 en 2014, sostuvo que nuestra Argentina tendría “la China que se merezca”.

Puso en claro que ninguna alianza tiene sentido si no es parte funcional de un proyecto estratégico nacional. El mar es una materia concreta.

¿Cuál es el proyecto concreto del oficialismo acerca de las “alianzas internacionales”?

 “El incidente del barco yanqui” es la demostración de la urgente necesidad del debate estratégico sobre el mar argentino que esconde una inmensa riqueza saqueada e ignorada por la política nacional que no ha invertido en la explotación racional ni en la custodia de ese legado de la naturaleza.

En el gobierno hay una tensión entre aquellos que, en principio, no ven con entusiasmo la facilidad con que otros funcionarios acogen las ofertas de China y de Rusia respecto de obras de infraestructura financiadas “generosamente”. ¿Quién pesca ilegalmente?

Esa contradicción señala la carencia de una definición estratégica que incluya la visión de nuestro futuro.

Cuidado, porque en política internacional “la marcha atrás” siempre es cara. Lo es más cuando el país es extremadamente dependiente de los apoyos de las principales potencias.

Repetimos, bajo protección de CFK y alineados a La Campora, están los que motorizan la relación privilegiada con China y Rusia.

No hay sólo política, ideología y convicciones, también gritan intereses empresarios que empezaron con Franco Macri, “el comisionista chino”. Mauricio siguió la misma senda y en el PRO hay francos lobistas chinos. Ahora esa política también goza del entusiasmo de grandes empresarios nacionales (¿concesionarios?). 

En palabras de Aldo Ferrer “las relaciones que nos merezcamos” dependen de un proyecto nacional – con todo lo que implica – que defina el sentido de las relaciones internacionales.

La inversa, definir relaciones internacionales sin proyecto nacional, es suicida y cada paso dado en esos compromisos, sin proyecto nacional, es avanzar en sentido contrario a la construcción de la Nación.

Lo mismo vale para pensar el MERCOSUR a los 30 años de su vigencia; e incluso a definir sobre la presión de nuestros socios para abrir el MERCOSUR o a cada uno de los Estados Miembros a acuerdos como los que se han encaminado con la UE.

Todos los acuerdos internacionales tienen sentido a partir de definir nuestros propios objetivos que tienen que ser la consecuencia superadora del diagnóstico estructural de nuestros males.

Lo central, desde la perspectiva económica, que es el alfa y omega de las relaciones internacionales, es reconocer que somos un país “desindustrializado” (que tuvo en el pasado una estructura económica y social asociada a la dinámica de la industrialización). Y que, como consecuencia de esa desindustrialización, hemos generado una tragedia social y – en consecuencia – el desbarajuste de las cuentas públicas y el desorden de la macroeconomía.

Vale la pena debatirlo: el orden de las causas es el orden de las soluciones.

Llevamos años poniendo en práctica la “desindustrialización” – hoy lo estamos haciendo – pretendiendo al mismo tiempo resolver las consecuencias de ese proceso (sociales y fiscales) sin atender a las causas del mismo.

Toda política internacional, todo acuerdo estratégico, sin una recomposición estructural del país, tendrá implícita una definición sobre nuestro aparato productivo, sobre nuestro tejido social y sobre la debilidad o fortaleza de nuestros equilibrios macroeconómicos.

Toda omisión programática en este campo es grave y lo es doblemente porque la clave es que puede no tener retorno. Hay relaciones internacionales que, en la práctica, se tornan irreversibles.

La política internacional es un correlato de la política económica y viceversa. Si queremos “reindustrializar” para desandar la tragedia social y el desbarajuste de las cuentas públicas y el desorden macroeconómico, la política internacional tiene que definirse a la luz de la balanza comercial externa: ¿alentar las relaciones que nos primarizan es acaso una buena noticia? La respuesta no es positiva.


3. – LA GRIETA EN CADA ESPACIO DE LA POLITICA

La disputa al interior del oficialismo se verifica en la gestión del gobierno y en relación al control de la oferta electoral del Frente de Todos en 2021 y a la consolidación del proyecto de gobierno 2023.

Máximo es el candidato 2023. La condición es sin interna en el FdT.

Al igual que Néstor designó a Cristina y Cristina a Daniel Scioli, que perdió, y luego a Fernández,  Cristina designará al próximo y todo indica que se prepara a Máximo.

La corriente del FdT que lidera CFK – la que aporta la mayor parte de los votos –requiere, como condición excluyente, el cambio de toda la Justicia (sistema, jueces, etc.) que sea necesario para obtener la declaración de inviabilidad o de inocencia, en todas las cuestiones en las que Cristina y sus hijos están en proceso. Es una originalidad nacional.

La reciente decisión de la Bicameral de modificar el Código Procesal para “eliminar en la práctica” la sanción definitiva, es un paso adelante hacia el precipicio judicial.

La condición sine qua non de la mayoría interna del FdT, que es hoy la mayoría en el Senado y juega en 2021 la mayoría en Diputados, es la cuestión judicial familiar.

La construcción de la “primera minoría militante activa” dentro del FdT, que garantice el triunfo interno de ese sector en 2021 y habilite el control del Frente en 2023, además del copamiento de las cajas gubernamentales y de los organismos de alta penetración (ANSES,etc.) requiere sumar, a sus “consignas” políticas, las de otra minorías culturales militantes (p.ej. el aborto) aunque contengan un discurso distante del peronismo tradicional del interior.

Esa construcción, que encabeza Máximo, requiere  embanderar el discurso de la izquierda tradicional y la nostalgia de los 70 (“somos todos hijos de Las Madres y Las abuelas” S.C.). Lo de la Justicia pasa, una suerte de contrabando de una cosa menor, adentro de ese paquete épico.

Por eso para CFK y sus seguidores de La Campora, los ex radicales y los grupos de izquierda incorporados, la definición de “la política” es hacer “una revolución sin armas”.

“Revolución” que consiste esencialmente en derrotar, hasta su desaparición política, a “los otros” que representan, a su criterio, una traba estructural para el desarrollo de la sociedad. La “revolución” que antes fue “Cristina eterna”, ahora es la “reelección permanente” sin “sanción definitiva”.

Con “los otros” no hay diálogo posible. Los “otros” en su lenguaje  son “el capital concentrado” (las empresas que no son pymes), “la oligarquía rural” (los que nos son “agricultura familiar”), “la burocracia sindical” (los dirigentes obreros del peronismo tradicional que no son la izquierda de las comisiones internas) y “los sectores medios altos de las grandes ciudades” (en su lectura la clase media apátrida).  

Los que, paradójicamente, tanto para el PRO y para el extremo “progre” del FdT, no son parte de “los otros” (son “propios”) son los grandes concesionarios del Estado. Los grandes concesionarios siempre están, asociados y protegidos.

Hoy, como ayer y, por las últimas transferencias reveladas, mañana también, “la oligarquía de los concesionarios” reivindica su capacidad de “pertenecer”.

Ellos  son el verdadero sotto governo que conduce la desindustrialización desde los 90.

El extremo militante del FdT carece de propuesta socio económica porque su construcción mental contiene más rechazos que propuestas.

De allí el “programa vamos viendo”, es decir, a no pensar ni expresar un programa de largo aliento.

Sólo puede ofrecer una sucesión de respuestas ad hoc ante cada problema que se presenta y una continuada erosión de la capacidad profesional para la administración de un Estado complejo.

De hecho, la sustitución de la burocracia profesional por militancia política va minando la capacidad del Estado. Militantes, personas de confianza, convertidos en funcionarios públicos.

La inoperancia manifiesta de ese Estado se pretende sustituir con la operación de lo público por organizaciones populares que conforman un nuevo y peligroso modo de privatización. Es el caso de la política social y hasta de la vacuna todavía no disponible pero sí prometida. Marcando la diferencia Martín Guzmán acaba de rechazarlo de plano.

Hay un fracaso provocado del Estado cuando se prescinde, posterga o mina la estructura profesional burocrática. Una vez generado el fracaso, provocado, se fundamenta la privatización de lo público ahora por parte ahora de la militancia política y ayer por los CEO´s imaginarios.

En este fracaso operativo del Estado, cuyas manifestaciones son múltiples, las responsabilidades son compartidas por esa corriente del Frente de Todos y la marea liberal que llegó, varias veces, como una fuerza invasora destinada a transformar el papel del Sector Público, deshilachar el tejido de la burocracia moderna y subalternizar el bien común.

Los extremos son convergentes.

Las privatizaciones del peronismo menemista y las concesiones de lo público, el reemplazo de la burocracia de carrera por el Decreto 92/91- década fundacional menemista, y la posterior avanzada de los CEO´s imaginarios del macrismo (muchos entrenados en el Club Boca Juniors) llevaron a cabo una gran tarea de demolición que – ida y vuelta – empalmó con la de sustitución de burocracia por militantes del kirchnerismo, en la primera década, y ahora por el FdT.

Llevamos 30 años acumulados de capas geológicas de destrucción de una burocracia profesional; y hoy estamos, ante la magnitud requerida de la tarea (sanidad, seguridad, educación, justicia, ayuda social, legislación), en una baja notable de la productividad de la función pública.

En este año político se juegan muchas cosas. Tanto en el Frente de Todos como en la oposición “las internas” serán cruciales.

En ambas formaciones, integradas por corrientes de pensamiento con fuertes diferencias, se disputa el significado concreto de “la política”.

Para el destino del consenso y la formulación de políticas estratégicas de largo plazo, la condición esencial es que “la política” se entienda como “conversación” destinada a proponer y programar ideas claras para desde el Estado contribuir a la construcción de la Nación.

En el reportaje en Pagina 12, Alberto  Fernández reivindicó lo que parecía iba a ser el “carisma” de su gestión y que hasta ahora goza de una notable ausencia: dijo “con Gustavo Beliz. Lo que queremos es tener una mirada de más largo plazo y discutir todo: cómo va a ser el sistema educativo, el sistema de salud, el sistema financiero, las condiciones laborales a largo plazo, etc.” Una mirada de largo plazo, para tener andamiento, requiere conversar, discutir y consensuar, sobre todo con la alternativa politica posible. Sin ella no hay largo plazo.

En la “política” entendida como “revolución”, que implica el desplazamiento político definitivo del otro, ausencia de conversación y diálogo, imposición del criterio de la mayoría accidental, ausencia de programa de largo plazo, el “vamos viendo” de derecha o izquierda, el consenso - no sólo no se persigue - sino que se afilan y en punta, las diferencias. La política, en esa versión, es la construcción del disenso para conservar el poder. No como descripción intelectual sino como propósito material.  

Por cierto, que adentro de la oposición militan sectores del mismo talente reaccionario y virulento, que van del anarco liberalismo hasta los principales protagonistas del macrismo en la última gestión.

Ambos extremos son los más activos y los más encaramados en los medios públicos.

En la oposición también hay una corriente acallada, con mayor sintonía con la opinión pública como lo sería de la misma manera la que acompaña al peronismo tradicional en el Frente de Todos.

En ambos casos, en ambas coaliciones, hay dirigentes propensos a la política como conversación, que es lo mismo que decir que hay tolerancia y comprensión de la alternativa.

Pero, en la oposición, se destacan aquellos que, con mayor virulencia “anti sector público”, definen su “política como revolución” que procura el total y final desplazamiento político de “los otros”.

Esas voces agrias son las de los que militan junto a Patricia Bullrich, una militante de los 70 que, como todos los extremos, se overlapa con sus opositores, idénticos en naturaleza, del Instituto Patria.

La Bullrich – que en los 70 militaba con los “jóvenes maravillosos” que asesinaban dirigentes obreros por burócratas y a empresarios por oligarcas y cipayos – sintetiza, al igual que los que identificamos mas arriba del FdT, a ese fanatismo destructivo de algunos sectores de la oposición y del oficialismo.

En las internas de cada coalición se producirá, este año, el avance de los extremos que, si trabajaran a cara descubierta sin la cobertura que le brindan los mas sensatos de cada agrupación, no sumarían ni el 10% de los votos populares.

Las coaliciones tienen la virtud de sumar aproximaciones diferentes. Pero la experiencia indica que los sensatos, de cada espacio, sólo son el vehículo del triunfo de los extremos.

Vivimos el tiempo del copamiento por parte de las minorías activas y militantes.

Vamos a vivir primero el enfrentamiento interno dentro de cada coalición motorizado por los que rechazan el diálogo que no aspiran al consenso.

Son los sectores minoritarios en la lectura de la opinión pública. Pero los más activos en las internas de los agrupamientos y, por lo tanto, los que mayores posibilidades tienen de imponerse internamente.

Tienen, en su beneficio, cada uno de ellos, los extremos, el apoyo de medios masivos de comunicación alineados.

Ambos extremos tienen, de hecho, canales de TV, diarios y radios, comunicadores y prensa: construyen “sentido común”.

Los sensatos, que en ambos lados del conflicto los hay, no gozan de ese apoyo mediático.

Como tampoco lo goza el concepto del consenso como lógica de la política o del Estado profesional interviniendo activamente en la solución de nuestros conflictos básicos

En la política como en la cuestión pandemia, no es una buena noticia rehuir al diálogo que es el único acceso a la sabiduría del Consenso.


4– CONFLICTOS BÁSICOS Y ECONOMÍA COTIDIANA

Esta reflexión nos remite a los conflictos básicos y a la economía cotidiana. ¿Hay allí buenas noticias?

Sí. Hay al menos una buena noticia. En 2021 creceremos 4/5 por ciento. Los economistas del FMI son menos optimistas y piensan en 2/3%. El 4% es un buen pronóstico.

Pero venimos tan mal que, con este crecimiento, estaremos con un PBI igual al de 2008. Lo menos bueno es que el “nivel de vida” (el PBIph) será aproximadamente igual al de 1997.

Nos estamos transportando al pasado de hace 23 años. Pero con la estructura social erosionada por la pobreza.

Este crecimiento no aporta demasiado para la administración de la cuestión social ni para el desarrollo futuro.

Las fuerzas del mercado no son suficientes para garantizar ni el crecimiento futuro ni la tranquilidad social.

El presidente de la UCR acaba de señalar, junto a los líderes del PRO y de la CC, (Una vuelta más, TN) que aspiran a un crecimiento de 2/3% en la próxima década. Si ese fuera el propósito ¿tienen idea de lo que significa en términos de conflictividad social futura?

Como hemos visto tenemos un Estado orgánicamente deteriorado por la extinción de la burocracia profesional y agigantado en su tamaño como consecuencia de décadas de desindustrialización y de destrucción de empleo productivo.

El “remedio” de la privatización, empresaria y “social”, hasta ahora, ha sido peor que la enfermedad.  

El panorama se torna más complejo a causa de una aceleración en la tasa de inflación. En primer lugar, como consecuencia de la relajación de la cuarentena y del tibio crecimiento en una economía de poca flexibilidad, rígida en materia de oferta y con considerables problemas estructurales.

Hay allí una primera secuencia de precios al alza en la que las “expectativas” juegan un papel fundamental.

La apertura entre los tipos de cambio oficial y libres, y también – a pesar de su baja incidencia en los costos finales – juega en esa dirección el reciente crecimiento del precio de las materias primas – producto de la debilidad del dólar y el estirón chino – son factores que juegan a favor de precios al alza en ausencia de una política que atienda el problema racionalmente. El alza de las materias primas es universal. Pero la inflación no. No es por ahí.

Todo esto ocurre a pesar de estar en un mercado de trabajo que ha destruido el empleo informal y mientras las convenciones colectivas, celebradas en torno a la capacidad de presión de cada organización gremial, más allá de la necesidad de compensar el deterioro en la calidad de vida, marcan un escenario de permanente encadenamiento de la actualización de las estructuras de costos y el anticipo de valores. Más allá de la pertinencia, es un dato.

El Gasto Público – en todas las jurisdicciones – genera un déficit estructural, porque el “desempleo real” y la pobreza son estructurales.

Y, entre otras cosas, porque el incremento de personas mayores que reciben una jubilación suma a quienes no sólo no lo necesitan, sino que nunca aportaron y que nunca trabajaron porque no lo necesitaban por su condición económica y social. Son miles de millones de pesos con justificación cero en materia de política social.

En este marco el único recorte que no debería suscitar discusión política y representaría el fin de un rubro de gastos enormes, es el de esas jubilaciones absolutamente impropias. Hay manera de hacerlo sin violar derecho adquirido alguno y apelando a la honestidad de los beneficiarios. Pero es otro tema.

La cuestión social y lo derivado de la pandemia, impiden imaginar, por largo tiempo, un verdadero equilibrio del sector público, lo que implica fuerte financiamiento vía emisión, que la hay también si nos financiáramos con deuda externa; y que sólo no la hay si lo hacemos con deuda en pesos que le suma al problema la tasa de interés. Por ese lado más racional camina Martin Guzmán.

¿Todo eso significa inevitables fuertes presiones inflacionarias a futuro sin que ocurra un fuerte incremento de la oferta de la producción nacional?

Debe tenerse en cuenta que cada empresa, de cualquier dimensión, que cierra a causa de la situación heredada, la pandemia o los errores de política económica, representa una disminución no sólo de la actividad presente sino del producto potencial y reduce la productividad.

En la administración de esta crisis no sólo estamos afectando al presente sino al futuro próximo.

El éxito de largo plazo de la política de compensaciones ha de medirse por la preservación del producto potencial.

Una apostilla. En la Contabilidad Nacional, el valor agregado por el sector público “es” la nómina salarial. Los empleados públicos cobran el 100% concurran o no (los privados el 75% si no concurren) el valor agregado por el sector público será – si no aumenta la nómina – igual a 2019 como si no hubiera habido cuarentena. Pero, por la cuarentena, en el sector público no se ha agregado valor igual a los salarios pagados.

Todas estas consideraciones (presiones externas, jubilaciones innecesarias, convenciones en continuado, grossing up, etc.) obligan a un verdadero acuerdo de política de ingresos.

En ese sentido es estimulante la convocatoria a ese instrumento por parte del gobierno. Es lamentable la crítica ab initio por parte de comunicadores y consultores que militan el extremo de la grieta.

Cuando las expectativas presionan al alza defensiva por parte de todos los sectores y es absolutamente imposible corregirlas con equilibrios reales en el empleo, el sector externo y el fiscal, en el marco de un clima negativo de inversiones y para la expansión de la oferta, no hay alternativa a las “políticas de administración”, excepto aceptar la inevitabilidad de una colosal crisis social.

Seguramente un acuerdo requiere consenso, cesiones, esperas y sobre todo un horizonte claro y mucho tiempo, en el marco de una profesionalidad y sensatez que, entre nosotros hoy sería casi milagrosa.

Pero la alternativa, cualquiera sea ella, de ajustes significativos capaces de generar equilibrios, demanda enorme cantidad de tiempo y un grado de tolerancia social difícil de obtener con 40% de pobreza concentrada en el conurbano, después de una década de estancamiento y en el medio de una pandemia. Claramente no es “una alternativa”.

Las que no son buenas noticias es que el paradigma dominante no ayuda en materia sanitaria cuando, en ausencia de vacunas, no se considera una alternativa y el “dominante” se niega al dialogo.

No son buenas noticias cuando los extremistas de cada coalición rechazan el diálogo que habilita el consenso imprescindible para el horizonte de largo plazo.

Suma el llamado al Consejo Económico y Social.

Tampoco son buenas noticias que ahora se niegue ab initio la posibilidad de tratar de administrar el escenario de coyuntura vía política de ingresos acordada, exigiendo a cambio la ejecución de equilibrios prontos los que son, lisa y llanamente, imposibles sin desencadenar una crisis social ingobernable.

En este contexto las razones de mercado no son necesariamente contributivas a la paz social, al menos en el tiempo necesario.

En todos los casos, sanitario, político y económico, vivimos tiempos de urgencia y las buenas noticias necesarias son que, los responsables, entiendan que en la urgencia la coordinación, el entendimiento por el diálogo y el encuentro, no sólo son imprescindibles, sino que la descoordinación nos lleva a un estadio peor.

Y todo eso está muy lejos de ser buenas noticias y demasiado cerca como para permanecer de brazos cruzados.

Adelante los sensatos.  

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