Callar es un arte

Por: Carlos Leyba

“Al padre B. Lamy, que le hacía entrega de su “Arte de hablar”, el Cardenal Le Camus le habría hecho, a modo de agradecimiento, la siguiente pregunta: “Es sin duda, un arte excelente; pero ¿quién nos escribirá El arte de callar?””

En 1771 el abate Dinouart aceptó el desafío y su “Arte de callar” hoy podemos disfrutarlo gracias a una edición estupenda de Siruela, Madrid,(2000) disponible en nuestras librerías.

En momentos tan difíciles un texto breve nos brinda gigantesca ayuda porque el silencio ayuda a madurar y a no pronunciar los compromisos incumplibles, las afirmaciones incomprobables, o los tropiezos que descalifican al que trastabilla por demasiado hablar.

Uno imagina a los científicos como personas de palabras pocas y juicios certeros.

Más allá de aciertos o errores, este gobierno, ya sabemos, no hace merito de ser uno de científicos; y no por carencia de estudios o saberes, que los resultados finales lo dirán, sino por la facilidad con la que omiten el silencio que nunca siembra tempestades. Ni tampoco ridículos. Ni tempestades que hacen difícil cualquier navegación. Ni ridículos de los que siempre es difícil volver. Esos son los beneficios del silencio oportuno para distinguidos funcionarios.

Hace pocos días personalidades del “no equipo económico” convocaron a los medios – siempre es así -  para exponer sobre el cepo.

La idea dominante, fuera del gobierno y en los medios, era que el cepo al dólar para ahorrar o atesorar o fugar, se reforzaría.

La mayor parte de los economistas, de las más diversas ideologías, creían inevitable y conveniente la suspensión de las ventas del dólar ahorro. Es decir que el BCRA deje de vender un solo dólar que no sea para importar bienes o servicios o cancelar obligaciones registradas.

Frente a ello los funcionarios salieron a hablar. No aplicaron el “arte de callar”. Veamos.

El domingo 13 de septiembre Martín Guzmán, dijo "Cerrar más el cepo sería una medida para aguantar y no vinimos a aguantar la economía". El lunes siguiente quien dijo “Vamos a continuar tratando de defender este cepo, así como está”, fue Cecilia Todesca.

A las pocas horas y el BCRA y el Presidente de la Nación, contradicendo la opinión de sus economistas, acometieron un desbarajuste administrativo, con el propósito de contener la sangría de reservas, a base de impuestos y cruces necesarios con el ANSES.

La operatividad de la disposición generó una suerte de feriado cambiario bancario ya que la ANSES no proveyó la información necesaria para verificar que los beneficiarios de transferencias sociales no usaran esas “ayudas” para vaciar la caja verde del BCRA.

La noche de esa decisión, Marcelo Bonelli le recordó al presidente del BCRA las declaraciones de Guzmán y Todesca, y contestó “pero yo no dije nada”.

Ese “yo no dije nada” es el tercer ejemplo de la imperiosa necesidad de la lectura de la obra del abate Dinouart y la practica del silencio.

No es todo. Particularmente el ministro Guzmán, que se está hablando sobre los laureles obtenidos con la exitosísima renegociación de la deuda, antes de comenzar su exposición del Presupuesto 2021, y con micrófono abierto dijo -dirigiéndose para tranquilizarlo al presidente de la Cámara mientras esperaban el comienzo de la reunión pública demorada - "Yo también puedo empezar a sarasear hasta que esté la presentación”. Fuerte.

Tal vez, en esa oportunidad, no haya “saraseado” lo que signfica brindar con énfasis un discurso vacío de sentido, lleno de palabras rimbombantes con aspecto técnico, con lo que, de jóvenes, en viejos tiempos, nos entretenía Fidel Pintos.

Guzmán no “saraseo” cuando explicó sus números y bien podría haber hecho silencio a la espera del momento de la palabra.

Se trataba de brindar un posicionamiento serio sobre su mirada de la economía del 2021 y de la del presente ya que, el presupuesto, parte desde el presente aunque los números sean una autorización de gastos para el año que viene.

Guzmán -y es inevitable que lo diga porque está escrito y es una síntesis de lo que su gestión procura – espera crecer 5,5% en 2021, una inflación de 29% y un déficit de 4,5% para el año.

No hace mucho imaginaba una tasa de crecimiento para 2021 y hasta 2030 de 1,7% anual. ¿Era necesario contradecirse tan fuerte? ¿Cuándo empezó la contradicción?

Pero tampoco eso es  todo. El días jueves en El Cronista, dijo que, en este contexto, no es bueno “proyectar (porque el contexto) está asociado a una altísima incertidumbre” .

Es cierto. Pero en pandemia y con igual incertidumbre, proyectó la evolución de la economía argentina hasta 2030 que hemos recordado y lo hizo en una presentación en la Universidad de Colombia (Infobae la publicó). Eso es un poco de mucho coraje.

Pero claro el propio Presupuesto es una proyección bien que solo por un año. Pero lo dicho por el Ministro supone enormes cambios.

Cuando la contradicción (que lo es con la presentación de Columbia) es notable y quién la comete la puede notar antes de hablar lo mejor es callar.

Pero las palabras no se contienen, particularmente cuando no hay hechos que se puedan explicar, comentar, sostener. Lo único que no distrae es el silencio.

Este mismo jueves pasado (Infobae) Guzmán dijo “La brecha cambiaria es un problema para el funcionamiento de la economía y nos ocupa. Buscamos primero estabilizar la brecha para luego reducirla. Pero no con un shock, no con devaluación. Había distintas alternativas, una fue la que se tomó. Otra era un mecanismo de mercado más formal: un desdoblamiento cambiario”.

Los argentinos somos duchos en saber que esas alternativas no se menean: la soga en casa del ahorcado. No voy a hacer el inventario de las imprudencias de muchos ministros y altas jerarquías y sorprende que ellas no hayan enseñado a cerrar la boca a los sucesores.

Mire Usted, más allá de la improbable veracidad de las versiones de “La Politica on line”, Emmanuel Alvarez Agis se rumorea como nuevo Ministro de Economía y el pase de Guzman al Central.

Otros hablan de Carlos Heller al Central y como siempre se ha lanzado la versión enésima de Hernán Martín Perez Redrado como ministro de Economía luego de una devaluación que practicaría un “heroe” transitorio. Nada de eso es probable. Pero es eso lo que generan las palabras de más de los funcinarios encumbrados. Otra vez cuando el silencio ayuda a que no se multipliquen los rumores que son febriles cuando el presente es incierto.

En ese terreno suman las palabras del Presidente en Radio 10 :"No hay nada sobre un corralito. A mi no me gusta el cepo, pero hay que entender que es algo que yo no puse, que lo heredamos“.

No es fácil, pero – Señor Presidente - se puede renunciar a la herencia. Alberto no puso el cepo y que le guste o no le guste es irrelevante. Pero lo cierto es que lo mantiene y lo profundiza.Para mí de manera insuficiente y poco seria.

Pero, otra vez, las alternativas cambiarias no se menean.

El silencio cambiario es lo mejor para la salud cambiaria. Hechos no palabras.

Y como boton de muestra del mucho hablar tenemos el pedido de Alberto Fernández del día viernes: “le pedimos al presidente de la Corte que se ocupe (de las cuestiones de género) y sólo recibimos silencio”. De manera lapidaria le contestó su amiga Elena Higton recordándole los antecedentes de la Corte en la materia. El silencio cura, el monologo enferma.

Con este parcial inventario de la sopa de palabras con las que se atraganta la semana, sin olvidar el nuevo conteo de fallecidos por Coronavirus que el ministro del área de la Provincia de Buenos Aires quiso convertir “en virtud” y que seguramente habría sido mejor reconocer el error y punto.

Volvamos al Presupuesto que contiene el  violento cambio de velocidad de crecimiento para 2021 ¿es el resultado de un rediseño de la estrategia económica o de un programa de expansión hasta ahora no anunciado o el rebote del gato muerto que se eleva más cuánto más alto el piso desde el que se lo tira? Es decir ¿no es acaso la consecuencia de la descomunal caída de la actividad en este año, seguramente de más de 12 %?

El punto super álgido de ese derrumbe es el desempleo informado por el INDEC de 13,1 % que está, como es notorio, subestimado si es que “empleo” implica “productividad”. En la misma línea dramática está la estimación de UNICEF respecto de la pobreza que afectaría a 8 millones de chicos.

Recordemos los inexorables resultados de 2020 son consecuencia de la recesión heredada, de la demora en el diseño de una estrategia de salida – las 60 medidas siguen esperando -, de la larga duración de la negociación de la salida del default y de la doble pinza de la pandemia y de la cuarentena.

La caída de 12% es una medida de los reflejos de esta administración que hereda una década de estancamiento y una decadencia que se sintetiza con una tasa promedio del crecimiento del PBI por habitante de 0.2% anual. Como señaló Martin Rapetti este año nuestro PBI por habitante sera igual al de 1974.

Estas condiciones se arrastran desde hace años y más allá de los “milagros” transitorios del “déme dos” - sostenidos por la deuda externa o el agotamiento de los stocks - o los de “las tasas chinas”, espejismo efímero de un rebote sostenido por los términos del intercambio. Por eso para cambiar el horizonte necesitamos de un liderazgo y de una visión capaz de concitar consensos y en función de ellos la confianza en que, explicitando un rumbo, ese camino es posible de ser transitado.

Suena quimérico. Sobre todo, en un escenario dominado por un termómetro de mercurio sin capsula que lo contenga que es “la politica del oficialismo”. La responsabilidad final es de quien conduce.

El dólar y otra vez, la enesima vez que un funcionario agita su nombre y convoca a los espiritus malignos de la palabra torpe.

Veamos volviendo al “arte de callar”, Santiago Cafiero, el Jefe de Gabinete, por encerrarse en el nudo de palabras (“la pasión” según el Abate) de contienda con dos periodistas que le preguntaban, tropezó y dijo “lo que nosotros tenemos que promover es el ahorro en dólares”.

Es obvio que no quiso decir eso sino “el ahorro en pesos”. El problema no es el error cometido. Claro que no.

Pero reflexionar sobre el ahorro en pesos sería un camino para el diseño de una polìtica económica consistente y no es lo que estamos haciendo: no estamos reflexionando sobre una política consistente porque no convocamos para eso.

Y es lo que, más allá de la absoluta inconsistencia de la estrategia de Mauricio Macri - que terminó en el default en pesos y boqueando el default en dolares- ; o la de los Kichner - que dilapidaron la mayor oportunidad de desarrollo de los últimos 45 años -, lo que le corresponde a este período de gobierno – cercado por la pandemia mundial, debilitado por todo lo heredado – es, justamente por esas condiciones de marco (herencia y contexto), diseñar y proponer una estrategia capaz de generar consenso – de las fuerzas políticas y de los sectores sociales y empresarios – para encaminarnos hacia un horizonte de crecimiento y estabilidad.

Este gobierno no lo está haciendo porque toda su gestión es a la defensiva.

No es original. Es lo que le cabe a una legión de gobiernos que han abandonado la voluntad de crecer, de desarrollar.

La defensiva es la peor fórmula para enfrentar la magnitud de nuestra decadencia.

Es cierto que esa actitud no es nueva y hay que tener una férrea voluntad y un claro liderazgo para escapar a ella.

La defensiva está unida a este escabullir dones y oportunidades de nuestra Patria.

Por eso JJ Ortega y Gasset dijo, en su tiempo, de nosotros y me permito engarzar distintos textos: «El argentino … es un hombre a la defensiva» y luego “en vez de vivir a la defensiva” nos exortaba con su ¡Argentinos, a las cosas, a las cosas! Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos” , dejarnos de lamentar “una existencia que no fue”.

Lo contrario de la defensiva es la estrategia de ataque, tanto a los principales conflictos del presente como para los que se presentan en cualquier mirada que ensayemos sobre el futuro.

Todas las estrategias frente al presente, sea sobre las reservas del BCRA, la cuestión social o el nivel de actividad lo son a la defensiva. Todas dominadas por una demora y una vacilación que desespera.

Los funcionarios cada vez que les toca hablar del futuro, de lo que van a hacer, vuelven sobre el espantoso pasado del macrismo y pasean un inventario de medidas cuyo resultado está años mil de cualquier aspiración lógica por ausencia de resultados.

La demora influye y puede ser producto de un modo de organización y gestión que hemos llamado “coral”: muchas voces, sin partitura, ni particella ni director. Pero lo que la determina es la “concepción defensiva”: van a subsanar el problema que ya ocurrió, nunca a evitar que el problema ocurra.

Eso es la defensiva, no a “las cosas” que es a lo por venir.

Atacar la cuestión de las reservas es practicar otra mirada sobre las exportaciones y las importaciones, la necesaria sustitución de las mismas y un modelo de la economía real deseada. No lo tienen o no lo han traducido en medidas, que es lo mismo.

Lo mismo podemos señalar respecto de la cuestión social, la pobreza y el mayor problema que es el futuro de 8 millones educados en la pobreza que no es, precisamente, una plataforma para el SXXI.

El nivel de actividad tal vez está a la espera de las 60 medidas, ¿puede ser un plan?.

Pero seguro que no pasa por las manifestaciones, que no voy a reiterar, de los funcionarios de máxima jerarquía cuando anuncian las buenas que, en algunos casos, como los del financiamiento de la peluquería en 12 cuotas indican cuanto se ganaría aplicando el “arte de callar”.

Tenemos por delante grandes conflictos del futuro y el primero es la pendiente negativa de nuestro producto potencial, por falta de inversiones; el deterioro del bono demografico, por los estragos de la pobreza; y no menor ni menos urgente, un Estado ineficente y en este estadio, infinanciable.

La política no puede seguir monologando. A pura crítica al “otro”.

Hacer política es conversar porque es reconocer al otro y con el otro, dar vueltas a una idea, a un argumento, a un problema, a una solución. Porque la política es el arte de pensar lo común.

Digamos que ante la pulsión del monologo, al que nos someten muchos de los que hacen politica, lo mejor es recomendar el silencio.

Para hacer el bien común lo mejor es conversar, no monologar. Conversar es la política si de democracia hablamos.

En las condiciones en las que estamos urge la reflexión, que es hija del silencio.

Dice el Abate que “no es cuando la pasión habla cuando el hombre se conoce a fondo” y que su arte es para “la tranquilidad del Estado, el bien de la sociedad”.

Deberiamos practicar, me incluyo, el arte de callar que es el paso previo a la conversación, porque lo que tenemos por delante, insolitamente, embellece el pasado y esa nostalgia paraliza. Que es donde estamos: paralizados por no callar el monologo.

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