“Cara de camión”

En esta oportunidad, Julián Axat vuelve a la carga con sus aguafuertes de un defensor, esta vez, la historia de “Cara de camión”; el apodo que se inventó un barrio de Ensenada, para poner nombre a todos sus males.

“Pues, vengo a hacerles esta humilde proposición…”

Jonathan Swift

Un adolescente apodado Cara de camión, con 28 entradas policiales por distintos delitos, huyó el miércoles de un instituto de rehabilitación en el que había sido internado una hora antes. Es buscado intensamente en distintos barrios del partido de Ensenada, informaron fuentes policiales.

Así comenzaron, a principios de 2010, las crónicas que lo tuvieron como protagonista principal en la prensa local. Con el tiempo, Cara de camión se fue convirtiendo en un personaje famoso con distintos rostros y modos de aparecer y desaparecer de la escena de sus supuestos delitos. Aunque la gran mayoría de las notas coincidían en la inmensa cicatriz que surcaba su frente, huella de la rueda de un camión que lo habría atropellado cuando era chiquito; quienes lo habían visto, o padecido, decían que la forma geométrica, perfectamente cuadrada de su cabeza, similar a la de un acoplado, ameritaba el mote y que la cicatriz se la hacía con carbón, para asustar nomás.

La cuestión era que, según los diarios, Cara de camión parecía arremeter contra todo en Ensenada: kioscos, almacenes, verdulerías, hasta frigoríficos. Los vecinos cuchicheaban que, en una vuelta que había caído preso, llegó a robarle la billetera al comisario. Los más leídos del barrio decían que se trataba de una invención, de una forma imaginaria ideada vaya a saberse por quién para que todos se cuidaran y que los más pibes no salieran por la noche con tal de no transformarse en víctimas de Cara de camión, que para esa altura revivía el mito del Viejo de la Bolsa que se llevaba a los niños.

Lo cierto era que, desde que en Ensenada todos estaban desesperados por esa presencia, ocurrieron dos hechos importantes: se dispararon las ventas de camioncitos en las jugueterías de la zona y, con la excusa del hartazgo por los robos perpetrados por Cara de camión, se reforzó la seguridad en los lugares más exclusivos y residenciales. Además, se solicitaron varios patrulleros al gobierno de la provincia, que los entregó con bombos y platillos en un acto solemne al que asistieron el intendente del municipio y el ministro de Seguridad (bonaerense) de entonces. Todos hablaban del peligroso joven y de los métodos más eficaces para rehabilitarlo una vez que lo detuvieran.

Entre 2010 y 2014, hubo registros de más de cuarenta caídas de un muchacho con el mismo apodo. Lo paradójico del asunto es que mientras el “tan temido delincuente” estaba detenido, nuevas víctimas denunciaban que el mismísimo Cara de camión había ingresado a sus viviendas para robarles. Entonces, lo dejaban en libertad por falta de méritos. La Policía comenzó a dudar si se trataba de la misma persona o, en realidad, había una banda criminal que, disfrazándose, se hacía pasar por él. La viveza criolla no se hizo esperar ni medio minuto: ni bien se corrió la bolilla de esa hipótesis policial, salió a la venta en las jugueterías una careta de Cara de camión y fue furor, igual que los camioncitos.

A mí me tocó asistir a ese muchacho como defensor en dos oportunidades, aunque en ningún momento estuve seguro de que era el causante de tanto revuelo. Claro que en el expediente judicial figuraba sindicado con aquel mote, pero ante mi pregunta inicial, siempre negaba ser quien todos decían que era. Y yo, por supuesto, le creía.

–Me llamo Axel, no soy ningún Cara de camión –declaró ante el fiscal que, obnubilado, trataba de encontrar algo fuera de lugar: la huella de la rueda sobre su frente, cierta forma de la cabeza.

Nada. Nunca nada.

Entonces pedí hablar con la madre del chico. Me dijo que Axel sufría cada vez que se lo llevaban preso y le decían “vos sos Cara de camión”.

Yo recordaba un fragmento de los Ensayos del francés Michel de Montaigne: “… lo que nosotros llamamos ‘monstruos’ no lo son a los ojos de Dios, quien ve en la inmensidad de su obra la infinidad de formas que comprendió en ella. Es de presumir que esta figura que nos sorprende se relacione y fundamente en alguna otra del mismo género desconocida para el hombre. De la infinita sabiduría divina nada emana que no sea bueno, natural y conforme al orden, pero nosotros no vemos la correspondencia y relación. Llamamos contra naturaleza lo que va contra la costumbre; nada subiste si con aquélla no está en armonía cualquiera que lo existente sea. Que esta universal y natural razón desaloje de nosotros el error y la sorpresa que la novedad nos procura…”.

***

Ensenada, Marzo 25 de 2010.  Cara de camión, el adolescente de 15 años que está en la picota por haber protagonizado varios robos en Ensenada, fue internado ayer en la misma comunidad terapéutica a la que fue llevado el viernes pasado, pero se escapó a poco más de una hora de estar, informaron fuentes de la institución.

Al mediodía de ayer, la Policía lo dejó en la comunidad terapéutica San Mateo, de San Vicente. Fue con su mamá, María, quien contó a Trama Urbana que se quedó un tiempo con él. Pero al rato, el chico no se sintió cómodo y se retiró.

El subdirector de la ONG que controla esa comunidad, Marcelo Damonte, explicó que el chico se fue por su propia cuenta después del mediodía, cuando psicólogos y trabajadores sociales se preparaban para entrevistarlo. “No pudimos ni hacerle el diagnóstico y se escapó saltando el alambrado”, indicó el director. 

Según algunos trascendidos, el chico se habría molestado porque allí dentro no le habrían permitido utilizar el MP3. Incluso, algunas fuentes indicaron que se puso violento, rompió un vidrio, se cortó y que no dejó que lo atendieran.

El caso fue tan comentado que llegó a los pasillos de la Gobernación, al punto que se ordenó formar una comisión investigadora, la que rápidamente dispuso intensos operativos en busca del chico en casas de familiares, y hasta vecinos. No llegaron a nada, dado que a esa altura existía instalado un fuerte rumor: Cara de camión había sido contratado por un circo itinerante que pasó por Ensenada a finales de 2014, y se había convertido en el fenómeno más importante de su espectáculo. Sus historias siguen dando qué hablar.

Hoy Axel tiene casi treinta años, y vive de changas. Por suerte, lejos de la localidad de Ensenada.

 

Sobre el autor: Julián Axat es abogado y escritor.

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