Cinco claves para entender el estallido social en Chile

Es uno de los países más estables y prósperos de la región. Pero en los últimos días se vio envuelto en un estallido social sin precedentes. Las razones detrás de la furia de los chilenos.


Chile se ha caracterizado por ser una de las naciones más estables y prósperas de América Latina. En los últimos 30 años, consolidó su democracia, evitó crisis económicas grandes y experimentó avances sociales: el país trasandino logró bajar la pobreza del 40% a menos del 10%. Sin embargo, desde el viernes pasado, el país atraviesa una ola de protestas y violencia sin precedentes. ¿Cómo se explica este estallido social que sorprendió al mundo entero?


1) Por qué surgió la protesta

La crisis se desató por una decisión que podría parecer trivial: un aumento del 4% en la tarifa del subterráneo. A principios de octubre, el gobierno de Sebastián Piñera resolvió aumentar el precio del boleto del subte de Santiago 30 pesos chileno, de 800 a 830 pesos (alrededor de US$ 1,17). Los primeros en reaccionar a la medida fueron los estudiantes secundarios y universitarios, que llamaron a saltar los molinetes en un acto de desobediencia civil.

Las “evasiones masivas” se difundieron vertiginosamente por las redes sociales y se extendieron a otros sectores de la población. La respuesta violenta de la policía frente a los pasajeros que intentaban evitar pagar el boleto provocó la furia de la ciudadanía, que se volcó a las calles para protestar por el costo del subte en particular y de vida en general.


2) Las causas profundas del malestar social

La situación se agravó el fin de semana. Hubo quemas de metros y buses, saqueos a comercios y acciones violentas en espacios y edificios públicos. ¿Cómo se entiende este brote de ira colectivo y abrupto? “No es por 30 pesos, es por 30 años”, fue el lema ciudadano detrás de los disturbios. El aumento de la tarifa del subte fue el detonante que hizo visibilizar el malestar que hay en torno al modelo político, económico y social de Chile.

Chile es el país más desigual de la región. El 1% más rico de la sociedad se queda con el 26,5% de la riqueza, mientras el 50% de los hogares de menores recursos accedió al 2,1% de los ingresos en 2017. La clase media y baja salió a manifestarse en contra de un modelo económico que no les permite participar de los beneficios materiales que produce. Jubilaciones de miseria (el 80% cobra pensiones por debajo del sueldo mínimo), educación superior costosísima y solo para unos pocos, un sistema de salud pública deteriorado y un transporte público con precios exorbitantes son las causas profundas de un descontento que se terminó de cristalizar a través de la violencia y la furia.

Los chilenos se sienten, además, abandonados por un gobierno y una clase política elitista que no es capaz de conectar con los problemas del ciudadano de a pie. El día que se dispararon las protestas en todo el país, Piñera estaba festejando el cumpleaños de su nieto en uno de los restaurants más exclusivos de Santiago.


3) Cómo reaccionó el gobierno

La primera respuesta de la administración de Piñera fue netamente represiva. Frente a los saqueos y las movilizaciones, el viernes 18 a la noche declaró el estado de emergencia y encargó a los militares el restablecimiento del orden. Desde el fin de semana, se multiplicaron las imágenes de militares y policías reprimiendo y encarcelando gente en la vía pública de forma masiva. Las escenas evocaron a lo peor de la dictadura pinochetista. “Estamos en guerra”, señaló el Presidente el 20 de octubre.

Aislado y debilitado, el martes a la noche Piñera reculó y anunció una serie de medidas sociales para destrabar el conflicto. Anunció, entre otras políticas, el aumento de pensiones, la creación de un ingreso mínimo garantizado y la anulación de los aumentos de tarifas estipulados en el último tiempo. Además, pidió por “la falta de visión” para anticipar el malestar social.



4) Las denuncias de violencia y abusos

El accionar de las fuerzas militares y de seguridad produjo una generalizada condena internacional. Desde que comenzó el estallido, murieron 18 personas, al menos 5 de las cuales se adjudican a la represión policial. El Instituto Nacional de Derechos Humanos, un organismo público y autónomo, informó que hay 2.138 personas detenidas y 376 heridos, además de 5 muertos por agentes de seguridad. Además, se presentaron 44 denuncias judiciales por torturas, detenciones ilegales y violencia sexual en comisarías.


5) ¿Puede renunciar Piñera?

A pesar de las medidas anunciadas, este miércoles se repitieron las protestas en todo el país y hubo, además, una huelga general convocada por distintos gremios y organizaciones sociales. Los manifestantes que coparon las grandes plazas de los centros urbanos pidieron, cacerola en mano, la renuncia de Piñera.

Según la Constitución, si el presidente renuncia antes de cumplirse los 2 años de iniciado su mandato –como es el caso actual-, debe haber una convocatoria anticipada a elecciones. Entre los principales partidos políticos prima la voluntad de acompañar a Piñera a descomprimir la situación. Si el conflicto persiste, el mandatario quedará al borde del abismo.

El lápiz verde