Claves para entender el debate por la actualización de tarifas de servicios públicos

Durante la última semana, se suscitó una serie de cortocircuitos entre la Subsecretaría de Energía y el Ministerio de Economía en virtud de la actualización o no de las tarifas de algunos servicios públicos.

Durante la última semana, se suscitó una serie de cortocircuitos entre la Subsecretaría de Energía y el Ministerio de Economía en virtud de la actualización o no de las tarifas de algunos servicios públicos (en particular, luz y gas), que han estado congeladas desde el inicio de la pandemia como parte de las políticas de protección social.

Muchas veces nos encontramos con discusiones respecto a estas tarifas, que son elementales para el funcionamiento de la economía. “Pagamos demasiado poco”, “podríamos pagar más”, “los ricos podrían pagar más”, son todas frases recurrentes. Sin embargo, más allá de la dimensión ética respecto a cuánto corresponde o no corresponde pagar, lo que interesa aquí es pensar el rol de las tarifas en el funcionamiento de la economía. ¿Qué es lo que se gana subiendo las tarifas y qué es lo que se pierde?

Para entender esta discusión, hay que mirar cinco variables relevantes: 1) la elasticidad-precio del consumo residencial de energía, 2) el rol de las tarifas de energía en la estructura de costos de los establecimientos productivos, en particular de la industria, 3) los balances de las empresas energéticas, cuánto ganan y por qué, 4) la estructura de subsidios energéticos del Estado y 5) como siempre, la restricción externa.

Respecto de 1), cabe aclarar el concepto de elasticidad. Refiere a cuánto se mueve proporcionalmente una variable si otra se mueve en determinada proporción, y sirve en economía como parámetro para proyectar cambios en una magnitud cuando otra se mueve. En el caso de la elasticidad-precio de la demanda de energía residencial, nos referimos a cuánto cambia el consumo cuando los precios varían en un determinado porcentaje. Cuando decimos que las curvas de demanda suelen tender pendiente negativa, nos referimos a que ante una suba de los precios, las cantidades demandadas suelen bajar. ¿Pero bajan mucho o poco? La pendiente de la curva está dada, precisamente, por la elasticidad-precio.

¿Cuál es la elasticidad-precio de la energía residencial? Todas las estimaciones muestran que es muy baja. Esto quiere decir que si las tarifas suben la gente no tiende a consumir mucho menos que antes y si las tarifas bajan la gente no tiende a consumir mucho más. Por supuesto, cuando hay tarifazos significativos hay algunos cambios, pero tienden a ser reducidos. Es mucho más fuerte el efecto de los cambios de temperatura (frío en invierno, calor en verano) que el de las tarifas.

En este sentido, es difícil que un aumento en las tarifas reduzca mucho la demanda. Si el problema que tenemos es la insuficiencia energética, si no producimos toda la que necesitamos y eso genera problemas logísticos o cortes programados o recurrentes, difícilmente esto se resuelva con un ajuste tarifario, a menos que este sea muy grande.

Respecto a 2), en las industrias el costo energético es uno entre tantos, como los salariales, impositivos, de insumos, publicidad, etc. Cada costo puede pensarse en un continuo entre fijo y móvil en relación a las cantidades producidas. El pago del alquiler del galpón es fijo: se produzca una unidad o mil, se paga igual. Los insumos directos son variables. Si produzco poco, uso poco y gasto poco en ellos. En el caso de la energía, depende del sector. Encender máquinas, luces o calefacción suele generar costos fijos independientes de las cantidades producidas. Pero cerrar turnos enteros y apagar todo sí permite ahorrar energía. En este sentido, dependiendo de cada sector, la energía será un costo fijo o un costo variable.

Las empresas producen lo que piensan vender, siempre y cuando ganen dinero, y el precio de venta suele ser un margen de ganancia sobre los costos. En este sentido, si aumentan los costos porque aumentó el precio de la energía, las empresas tenderán a subir los precios de lo que venden. Sin embargo, cuánto vendan dependerá de la demanda, y la demanda de lo que producen tendrá su propia elasticidad-precio en sus compradores, sean consumidores familiares u otras empresas. Entonces, si la demanda no acompaña, las empresas pueden no tener margen para subir los precios y mantener sus ganancias. Incluso puede llegar a suceder que las empresas no puedan cubrir esos costos fijos y terminen quebrando.

A su vez, los costos fijos hacen que el margen de ganancia, dado el precio de venta, dependa de las cantidades producidas. Si se produce más, se prorratean los costos fijos entre más productos y caen los costos medios, incrementándose los márgenes de ganancia. Entonces, en un contexto de caída de la demanda un aumento de las tarifas puede llevar a un estrangulamiento de las ganancias y a la inviabilidad de los sectores. O a que aumenten los precios, encareciéndose los costos de sus clientes o la canasta de consumo de las familias.

Entonces, tanto en el punto 1) como en el punto 2) mostramos que las tarifas tienen una incidencia clave en la economía de las familias. Las tarifas altas reducen el ingreso disponible de la gente para comprar otras cosas y pueden llevar a las empresas a quebrar, reduciendo la demanda de trabajo, o a subir sus precios, afectando nuevamente a las familias. Las tarifas energéticas son un precio básico, con impactos que trascienden al propio sector energético.

Respecto al punto 3), cabe recordar que la estructura del sector energético, dividida en la producción supuestamente libre y el transporte y la distribución asignados a empresas concesionarias nunca se ha modificado desde los años 90. Las empresas energéticas, en particular las distribuidoras, ganan mucho dinero siempre. En general, cuando rigen controles tarifarios las ganancias que estas empresas dejan de obtener son reemplazadas por subsidios estatales. Así, los subsidios energéticos funcionan como transferencia indirecta de dinero del Estado a las familias. ¿Cuál termina siendo la tasa de ganancia de las empresas energéticas? Esto depende de la negociación con el Estado, dado que, como mostramos antes, la elasticidad-precio de la demanda es bastante baja en el caso residencial, mientras que la cantidad de energía demandada en la industria es bastante sensible a los ciclos económicos y al crecimiento de la economía. En términos estrictamente económicos, a las empresas energéticas les da lo mismo recibir dinero de los hogares y las empresas o del Estado. En términos políticos, muchas veces la dependencia de los subsidios es problemática para los grupos económicos.

Aparece entonces el problema 4), que refiere a la política fiscal. Si mantener tarifas bajas sin alterar el esquema general de generación, transporte y distribución de energía requiere que el Estado subsidie a las empresas (e indirectamente a las familias), el problema es fiscal. ¿Cuánto dinero está dispuesto a gastar el Estado en subsidios energéticos? Eso dependerá de las reglas fiscales o de las pautas que establezca el propio Estado. En la medida en que los subsidios son en pesos, toda restricción presupuestaria estará autoimpuesta o será indirecta en relación a los usos de esos pesos, pero no a su disponibilidad. Es más: si los subsidios energéticos hacen que las familias tengan más dinero en el bolsillo para consumir, que las empresas no quiebren o que las empresas no tengan que subir sus precios de venta, abaratándose la canasta de las familias, es posible que la economía crezca, que se produzca más, se venda más y se recaude más, con lo que una parte de esos subsidios se recuperarán en la recaudación impositiva adicional.

El verdadero problema, como siempre, es el punto 5). En Argentina faltan dólares, y la energía que no se produce localmente debe ser importada y pagada con dólares, que el Estado argentino no puede imprimir. Durante el segundo gobierno de Cristina Fernández uno de los grandes problemas económicos fue el déficit energético, que implicó la necesidad de importar energía en grandes cantidades y de destinar muchos dólares escasos. El crecimiento de la actividad y de la demanda no había sido acompañado por un crecimiento acorde de la generación. Esto se resolvió con Macri básicamente por la caída de la actividad.

Este problema también se asocia al punto fiscal, dado que una de las consecuencias posibles de las transferencias de pesos desde el Estado es la demanda de dólares para atesoramiento o formación de activos externos. En el caso de las empresas, esto es bastante claro, dado que las distribuidoras extranjeras tienden a remitir utilidades dolarizadas a sus casas matrices. En el caso de las familias, puede ser una conducta de los más ricos, principalmente en ausencia de inversiones atractivas en pesos que compitan contra la dolarización de carteras. Gran parte de este problema está bajo control desde la adopción de los controles cambiarios, pero la falta de dólares es un problema siempre recurrente.

Una mención especial merece el contexto específico de la pandemia, en el que muchas familias han visto una merma en sus ingresos, ante la cual la respuesta estatal, sobre todo para las de menores ingresos, ha sido insuficiente. Algunos sectores se están recuperando, pero los salarios no están subiendo en términos reales. Así, en este contexto, un ajuste tarifario sería perjudicial para la economía en su conjunto, pero en especial para los sectores afectados por la pandemia e implicaría un nuevo impulso a una inflación que está creciendo desde fines del año pasado.

En materia de precios, las tarifas congeladas y cubiertas con subsidios son una transferencia del Estado a las familias que, en un contexto de desempleo moderadamente alto y capacidad ociosa, puede impulsar el crecimiento del empleo. Si la política fiscal tiene efectos nocivos sobre el mercado cambiario -sea en subsidios energéticos u otra-, corresponde que estos sean resueltos en la regulación cambiaria y financiera, y no en la reducción del gasto. En materia de cantidades de energía, las tarifas van a cambiar muy poco, y en todo caso si vuelve el déficit energético tendrá que ser cubierto con importaciones, para no frenar el aún insuficiente crecimiento de la actividad.

Más allá de la discusión política sobre los funcionarios que funcionan o no o las internas del gobierno, es importante señalar que la discusión tarifaria es una discusión que trasciende al sector y tiene impacto sobre toda la economía. Y en este contexto de pandemia sacarle dinero del bolsillo a la gente no parece ser la mejor idea.

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