Con nuestros pañuelos como barbijos

Por: Silvia Lospennato


Probablemente esperábamos un 28 de mayo completamente diferente, con la consagración legal del acceso a la interrupción voluntaria del embarazo en nuestro país ya sancionada por el Congreso, en su lugar estamos padeciendo la primera pandemia que nos afectó en un siglo y que ha puesto en un compás de espera no sólo el tratamiento de esta ley sino el desarrollo mismo de nuestros planes y proyectos de vida.

En el día de la Acción Global por la Salud de las Mujeres debemos recordar que el derecho a la salud implica gozar del más óptimo estado de bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad, como señala la Organización Mundial de la Salud.

La pandemia desnuda la desigualdad en todas sus formas, la hace no sólo más visible sino más potente y dolorosa, y en el acceso a la salud es donde se manifiesta más cruel. 

Pero también somos las mujeres y nuestros cuerpos la principal fuente de resistencia a la enfermedad, ocupando mayoritariamente los trabajos en las áreas de la salud más expuestas, en el trabajo y también en el abrazo (sin contacto) de cada mujer que está en la primera línea de batalla contra el virus, en la multiplicación de los trabajos de cuidados en cada hogar, en el empeño por sostener la educación de nuestros hijos y de afrontar lo mejor posible la situación por la que atraviesan nuestras familias y nuestra comunidad.

Por eso hoy más que celebrar conmemoremos a cada trabajadora de la salud y a cada niña y mujer que tiene sus derechos a la salud en general y a la salud sexual y reproductiva en particular vulnerados y juntemos fuerzas para retomar la lucha, volver a llenar las calles de verde y abrazarnos de verdad muy pronto.

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