Crisis ambiental: el rol de la juventud y el conocimiento científico

OPINIÓN. La urgencia de las problemáticas ambientales, el rol del sistema científico y una mirada desde la juventud.


Pertenece a la Agrupación Rolando García


Un llamado a la reflexión, a la responsabilidad, a “hacerse cargo” fue el debate impulsado en 1972 por la revista Ciencia Nueva en la que participaron científicos y pensadores tales como Jorge Sábato, Rolando García y Eduardo de Robertis. Una mesa redonda en la que ciencia y política se fusionaron bajo una pregunta ordenadora: “¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy?”. Aquel espíritu de debate busca la Agrupación Rolando García al titular a su ciclo de charlas con el mismo interrogante. Otres son les oradores, otro es el contexto, pero se mantiene la necesidad de analizar la política científica nacional, su estado de situación, sus futuros deseables y posibles.

El lunes pasado hubo un nuevo encuentro de dicho ciclo de charlas. El subtítulo “Crisis ambiental: el rol de la juventud y el conocimiento científico” convocó a Magdalena Pedace, perteneciente a Jóvenes por el Clima, y a Juan Emilio Sala, investigador del Instituto de Biología de Organismos Marinos (IBIOMAR) del CONICET. Ambes oradores con gran entendimiento sobre la relación entre ambiente y conocimiento científico, pero sobre todo con la perspectiva y el compromiso claro de pensar y actuar en la búsqueda de alternativas a las problemáticas ambientales desde el lugar que les toca. Esta nota es un resumen y un recorte de lo discutido, aquí está el video completo.


La crisis ambiental

Reflexionar sobre la crisis ambiental es traer imágenes muy distintas, todas dolorosas y dramáticas. A nivel global y a nivel local, están cambiando las condiciones en las cuales se desarrollan los seres vivos, incluidos nosotros. Algunas de esas modificaciones no son tan perceptibles, otras son monstruosas. La extinción masiva de especies, el aumento de la temperatura del planeta, territorios en llamas, ríos contaminados, inundaciones frecuentes, paisajes detonados por actividades extractivas. En nuestro país tenemos ejemplos de sobra, en los que gobiernos de diferente signo político han profundizado la devastación y desoído los reclamos por un cambio de rumbo.

Para sistematizar estas imágenes, Juan propone que más que una crisis se trata de tres crisis anidadas, una existencial, una ecológica y una climática. La primera, que se encontraría en la base de las otras dos, es la primacía del individualismo como modo de vida. “Nos realizamos a partir de ser grandes consumidores”, aclara Juan. La segunda se refiere a la salud de nuestros ecosistemas y a la pérdida de biodiversidad, con una tasa de extinción de hasta 300 especies por día. La crisis climática se hace evidente con el aumento de la temperatura global y las modificaciones en la atmósfera que producen, por ejemplo, tormentas e inundaciones cada vez más frecuentes y de mayor intensidad.

Uno de los aspectos a remarcar es que no somos todos igual de responsables frente a esta situación. “Ya van 50 años de acciones insuficientes y de obstruccionismo por parte de las corporaciones y de los intereses privados, que están atrás de la causa principal del cambio climático y el calentamiento global” enfatiza Magdalena. En la misma dirección, Juan advierte: “El sistema científico hegemónico nos habla del ‘antropoceno’. Se abandona el holoceno, el período más estable en términos climáticos para nuestra especie y a partir del 1800 entraríamos en el ‘antropoceno’. Para mí estas categorías, tan del hemisferio norte, me parece que hay que discutirlas porque ponen la responsabilidad sobre todos los seres humanos”. Agrega Juan algunos datos. “El 10% más rico genera el 50% de las emisiones de dióxido de carbono de todo el mundo, mientras que el 50% más pobre genera el 10% de las emisiones”. De tal forma, es importante aquí comprender que existen responsabilidades comunes pero diferenciadas de los distintos actores en esta problemática.

La(s) crisis en las que vivimos pues, tienen como responsable claro el accionar humano orientado con fines de lucro. Magdalena lo resume en pocas palabras: “Vemos enraizadas todas estas problemáticas en una matriz extractivista y depredadora del ambiente, que no contempla los intereses populares y sociales”. Ello se expresa todavía más en países neocoloniales como el nuestro, y exige una mirada situada, latinoamericana, para dar batalla.


El rol del conocimiento científico

En aquel debate de Ciencia Nueva, Rolando García decía: “La época en que se definía la ciencia como ‘la búsqueda de la verdad’ pertenece al pasado; la ciencia es hoy un poder demasiado grande, un factor demasiado decisivo en la sociedad para que alguien se permita el lujo de ser investigador puro sin responsabilidad social”. Y como sabemos, muches se dieron el lujo de hacer ciencia “para el progreso” sin medir las consecuencias sociales y ambientales que ello significaba. Por ello, no se nos puede escapar que el conocimiento científico forma parte de procesos industriales contaminantes, de sistemas intensivos de producción de alimentos, que crea técnicas “de mayor productividad” de extracción de recursos naturales y que legitima en gran medida discursos dominantes de tipo extractivistas. “Hay que decir que el sistema científico hegemónico ha sido un gran partícipe de que este mundo se haya dado” enfatiza Juan. Y agrega  “¿Qué ciencia tenemos hoy? El pensamiento es disciplinar, acotado y busca generalidades, donde las problemáticas de una población local no tienen espacio, porque eso no es publicable”. Las palabras de Juan nos obligan a repensar y cuestionar el abordaje que hace la ciencia sobre las problemáticas que trata, sobre las respuestas que da y las que no, las que omite y abre un interrogante sobre cuál es su lógica.

Desde luego, surge la inquietud y la necesidad de una ciencia con características distintas, comprometida con un nuevo rumbo. Al respecto, Magdalena, mucho más optimista sobre el papel de los científicos, remarca otro aspecto del rol de la ciencia. Así pues, acentúa que gran parte del diagnóstico, presentación y problematización de lo que es el cambio climático y la crisis ambiental se debe a diversas investigaciones científicas. Con esa base, apela a que la ciencia debe “sugerir sistemas alternativos para poder transicionar a modelos más justos, más limpios, porque la ciencia es la que realiza las investigaciones que nos van a permitir direccionar nuestros esfuerzos hacia un futuro que queremos”. En esta clave, Magdalena pone sobre la mesa que precisamos un modelo de desarrollo distinto, soberano y que permita  “direccionar las investigaciones científicas hacia un modelo que nos permita pensar en la justicia ambiental y en la justicia social”.

La ciencia que tenemos nos alerta sobre las emisiones de carbono al mismo tiempo que se alía con poderes empresariales para aumentar su tasa de eficiencia. ¿Es contradictoria? Más bien hay que entenderla como una actividad humana atravesada por intereses y valores sociales. Depende de nosotres entonces, como sociedad y comunidad organizada, que la ciencia tome un camino deseable.


El rol de la juventud

En los últimos años, uno de los sectores que logró mayor capacidad de organización y movilización alrededor de la temática ambiental es indudablemente el de les jóvenes. Para Magdalena, la juventud puede funcionar “como eje articulador de los distintos movimientos sociales y expresiones de la sociedad en su conjunto para acercar los informes científicos a la práctica política y hacia los sectores que tienen la capacidad de direccionar este sistema hacia una solución viable y justa para los territorios más afectados”. Juan retoma sus palabras al indicar que “les jóvenes van a empujar al sistema científico, que estaba más ocupado en resolver su curiosidad individual o grupal para saber un poco más del mundo que nos rodea (lo cual es importantísimo), hacia problemas concretos que no están teniendo respuesta”. Para Juan, el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación hoy en día presenta aquella dirección y pone como ejemplo las políticas llevadas adelante en esta pandemia.

Una de las temáticas recurrentes cuando se piensa en el rol de la juventud es el lugar de la educación ambiental. Desde luego, ambes oradores remarcaron su importancia para el futuro. Sin embargo, también se ha señalado que la exacerbada apuesta a la educación ambiental encontrada en los discursos gubernamentales no es suficiente para dar respuestas concretas a los problemas acuciantes de hoy. La juventud no sólo reclama por su futuro sino por su presente, que es el de todes nosotres.

¿Estamos a tiempo de cambiar el rumbo? Diversas voces, desde posiciones científicas hasta organizaciones de jóvenes, nos advierten que ya no queda prácticamente margen de maniobra para paliar las crisis climática y ecológica. Precisamente este es el momento de reflexionar sobre nuestro vínculo entre nosotres y con la naturaleza, en el que nos encontramos en plena pandemia por un virus de origen zoonótico, producto de nuestra forma voraz de relacionarnos con ella.

La grave situación de deterioro ambiental exige que la perspectiva ambiental tenga que atravesar todas las dimensiones de la política, la economía y la sociedad. En ese contexto, se pone de relieve la importancia de una ciencia con características distintas, más preocupada por lo que sucede en nuestros territorios y con capacidad de articulación con los movimientos sociales y ambientales. ¿Qué posibilidades tiene el desarrollo científico tecnológico en la Argentina de hoy, atravesada por la crisis ambiental? Difícil respuesta en la que sólo se puede llamar a la organización, al diálogo permanente con los diversos sectores y a aumentar nuestro grado de conciencia. Nuestro pequeño aporte será, por lo pronto, continuar con este ciclo de charlas los lunes, cada dos semanas por nuestro canal de youtube.



Sobre el Autor


Christian Francese. Es Biólogo, doctorando en filosofía (UBA). Integrante de la Agrupación Rolando García.

Diarios Argentinos