Crisis y esperanza

Por: Ricardo Rouvier

A pesar de la derrota aplastante del oficialismo en estas PASO, sorprende saber que mejoró su performance, aunque levemente, respecto a las PASO del 2015. Cambiemos, ahora convertido en Juntos por el Cambio, pasó de un 30% en aquella elección a un 33% de votos totales en estas primarias. El Frente de Todos, en cambio, obtuvo una décima de puntos de porcentaje menos, ya que en el 2015 Scioli y Massa iban separados y ahora, con esta coalición peronista que agregó votos al envión inicial del kirchnerista, llegó al 47,66%. Si a este porcentaje le extraemos el voto en blanco, cosa que va a ocurrir en octubre, el Frente de Todos pisa el 50%, eso nos da unos diez puntos de porcentaje menos a la sumatoria peronista del 2015. Lo que explica, entonces, la enorme diferencia entre el Frente respecto de Juntos es la formación y unidad electoral del kirchnerismo con los sectores no k., más el progresismo que acompaña a la ex Pta. Cristina Fernández.

Gran parte de las intendencias del Gran Buenos Aires que habían sido ganadas por Cambiemos fueron perdidas en las PASO por la nueva alianza, abriendo una gran incertidumbre en el oficialismo respecto a recuperarlas en octubre.

Las terceras fuerzas tuvieron resultados poco significativos como para desafiar la polarización que alcanzó una proporción importante de casi un 80%. La elección de Lavagna superó apenas el 8% y Espert cosechó menos que Gómez Centurión y la izquierda unida. Al Frente de Izquierda Unidad las encuestas previas la ubicaban en alrededor del 4% y finalmente no logró llegar al 3%.

Estas primarias tuvieron antecedentes que iban marcando la dificultad que tendría el Gobierno en mantener un resultado favorable para su reelección. El desdoblamiento apareció como una jugada destinada a preservar el dominio local que, en algunos casos, correspondía a la UCR, socio del oficialismo. Un socio crítico, pero socio al fin. No se desdobló Buenos Aires, mandando a la candidata estrella Vidal al sacrificio y se unificó CABA, con la seguridad de que la gestión de Larreta iba a ser reconocida por los porteños.

La candidatura de Kicillof logró superar la medida nacional, ubicándose ya en el borde del 50% por encima de la fórmula F/F. En todo el país, hubo sólo dos distritos en los que el oficialismo triunfó y fue en la provincia de Córdoba y CABA.

La Ciudad de Buenos Aires, territorio originario del PRO, quedó como un reducto a defender en octubre, frente a la alternativa de la candidatura del todavía poco conocido Lammens que obtuvo 31,97%. A pesar que la diferencia que lo separa del candidato de Juntos por el Cambio, podemos calificar la performance de Lammens como una buena elección de su candidatura inaugural, ayudado, claro está, por la presencia en una boleta engordada por la polarización y empujada por los cabezas de lista. Cuando la disputa es exclusivamente local, el peronismo, el kirchnerismo y el progresismo en CABA alcanza un techo del 25%. Mientras el Frente de Todos mantiene hoy aspiraciones que considera posibles para el distrito porteño, el oficialismo se repliega a su lugar de nacimiento y va a defender el sitio. Si bien la aventura del Frente de alcanzar el ejecutivo de la Ciudad no es imposible, resulta poco probable, considerando las diferencias que obtuvo Larreta frente a la boleta del Frente.

La lectura política supone diversas conclusiones que pasamos a sintetizar y que, obviamente, son provisorias en la medida que estamos en medio de una crisis que aún no ha terminado. La polarización marca que el tablero político comprende a dos actores únicos que son el Gobierno y el peronismo con todos sus matices. La crisis desatada por la falta de idoneidad de una gestión que es responsable por la caída del nivel de vida de los argentinos, obliga a la oposición a desdoblarse en la disputa electoral, por un lado, y en la necesidad de ser prudente, por otro, para preservar las instituciones, ante un Gobierno que ha perdido la confianza y la credibilidad de los ciudadanos.  

La elección de Alberto Fernández como candidato a presidente ha sido muy exitosa, como también lo fue su esfuerzo en trabajar por la unidad del espacio. Se abre una expectativa tradicional en el peronismo en buscar a alguna figura que pueda dirigir al conjunto. Y esa figura es Alberto Fernández. Lo más conveniente para acumular fuerzas sobre la base del triunfo, es armar un acuerdo nacional que sea más amplio que el actual Frente electoral e integre a los diversos actores sociales como la clase trabajadora organizada, el empresariado nacional, las universidades, la economía social y los intelectuales. Cuando decimos amplio nos referimos claramente a tratar de angostar la grieta y fundar la etapa sobre el interés nacional y no sobre el interés sectorial.

La mayoría de los argentinos tiene una nueva esperanza desde el 11 de agosto luego de un ciclo en que él futuro fue cubierto por las sombras.


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