Cuando el imperio se ve amenazado prioriza socios incondicionales

OPINIÓN. La conducción política estadounidense ha dejado en evidencia, una vez más, que tiene intereses no amigos.


Las 13 colonias de fines del siglo XVIII han devenido en la potencia protectora de un sistema capitalista que, si bien desarrolló las fuerzas productivas como nunca antes, hoy ya no tiene más que ofrecer que miseria, muerte, un reino de desigualdad y una deslumbrante creatividad en operatorias mafiosas del poder concentrado. Actualmente el sistema y su principal administrador se ven amenazados por su propia crisis y un nuevo competidor civilizatorio. Cuando no hay tiempo que perder el imperio recurre a su mentor para enfrentar la gran contienda. En estas circunstancias pasa a segundo plano un negocio más o menos, llámese el damnificado Grupo DCNS (empresa naval francesa) u Odebrecht. Por importante que sea la venta de doce submarinos convencionales que Francia iba a proveer a Australia y el daño que esa frustración le causo a la industria naval y a la economía francesa, lo que está en juego es mucho más importante; ni más ni menos que la propia sobrevivencia de un sistema agotado y que enfrenta una amenaza irresoluble. Desde ya que el cambio de proveedor generará una suculenta ganancia a las empresas estadounidenses que fabricarán los submarinos, ahora con capacidad nuclear, en la base de Adelaida, ciudad marítima del sudeste australiano.

El declive de la potencia estadounidense, la dimensión planetaria alcanzada por el cuestionamiento alcanzado al orden post Breton Woods, que rige las relaciones internacionales desde entonces y la creciente omnipresencia planetaria de China, llevó al país más desarrollado del planeta a una agudización de las contradicciones con los principales socios europeos de la OTAN. Lo que hasta ayer era armonía y complementariedad para enfrentar el bloque socialista detrás de la cortina de hierro, hoy es robo de negocios, desconfianza, desencuentros diplomáticos y hasta la amenaza de formar nuevas alianzas defensivas. Pero las diferencias no son solo interestatales, sino que lo que además se está resquebrajando es una alianza de clase esencial. La secular sociedad entre las burguesías nacionales y el imperio es lo que también está en crisis. La “santa alianza” que posibilitó el doble saqueo de los países dependientes hoy abarca a otros protagonistas más encumbrados. El desafío actual hace que el poder anglosajón necesite de toda la energía para enfrentar el imparable desarrollo de la República Popular China y su propuesta de un nuevo acuerdo global en base al respeto y beneficio mutuo, que redunde en un mundo vivible para el conjunto de la población mundial. Completando el escenario vemos como crece la ola de rebeldías populares producto de un sistema que beneficia a una extrema minoría, dejando fuera y sin futuro a la inmensa mayoría. Por lo tanto, la crisis es de tal magnitud que hace que las necesidades y requerimientos de las burguesías locales pasen a segundo plano. Claro, también para muchas de ellas es una cuestión de sobrevivencia lo que está en juego, pero aún así se les hace muy difícil renunciar a las propuestas de negocios compartidos que propone China. La contradicción central consiste en que estas burguesías, apadrinadas, sostenidas y beneficiadas durante años por la protección imperial, hoy deberían ceder sus posiciones dominantes y empresas para fortalecer al “big brother”. Por otro lado, la dinámica de la concentración y la imposibilidad de contar con un proyecto inclusivo, las lleva a adoptar practicas fascistas tratando de evitar alternativas populares. Estas decisiones las debilita de tal manera que pone en juego su propia hegemonía nacional como es evidente en nuestro continente en Colombia y Chile, por ejemplo. Esta es la gran controversia que enfrenta hoy los intereses de EEUU y la UE. Lo que trata de explicar Blinken, Sullivan, Biden y otros altos funcionarios de EEUU a sus socios es precisamente lo que está en disputa. En cambio, la corona británica con otra sabiduría, experiencia y sagacidad comprende el momento y se pone al lado del líder imperial. Así surge la alianza defensiva AUKUS (Australia-United Kingdon-United States), se fortalece el sistema de espionaje en el indo pacífico 5 OJOS (Australia, Japón, Reino Unido, India y EEUU) y resurge el QUAD (Diálogo de seguridad cuadrilateral), Japón, India, Australia y EEUU, fundado en 2007 e inactivo hasta marzo de este año. El 25 de septiembre se reunieron en la Casa Blanca sus líderes Suga, Modi, Morrison y Biden, preocupados por el ascenso de China y relanzaron la alianza.



A su vez, EEUU, inmerso en una crisis multifacética, donde emergen diferentes miradas estratégicas entre el Pentágono y la Casa Blanca, debe enfrentar el reto de una potencia que ha demostrado ser superior en el terreno económico, cultural, moral y social, y que ahora también lo desafía en los ámbitos de la innovación productiva, el científico técnico y en los recursos militares.

China ha dado señales suficientes en los últimos años de que su norte como sociedad sigue siendo el socialismo, si bien aplico varias recetas económicas capitalistas para desarrollar su economía.

En este contexto, EEUU recurre a otros socios en el área donde la disputa amenaza con guerra, desplazando a la vieja Europa, la cual hace tiempo perdió la brújula de su destino, aunque de vez en cuando tiene arrestos soberanistas como fue la finalización del gasoducto Nord Strean II. EEUU desplaza al principal socio europeo en la región del sudeste asiático, ya que Francia es la segunda potencia con mayor presencia en la región, con aproximadamente 8000 efectivos militares y 1 millón de ciudadanos.


Taiwán en el ojo de la tormenta

 


En EEUU se levantaron voces de disidencia en cuanto a la estrategia a seguir para enfrentar la coyuntura. Hay quienes critican la retirada humillante de Afganistán, así lo manifestaron, en los últimos días, compareciendo ante el senado estadounidense: el Gral LLoyds Austin (Secretario de Defensa), el Gral James Mark Milley (Jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas) y el Gral Kenneth Mc Kenzie (jefe del Comando Estratégico). Sin embargo, se va consolidando la decisión de concentrar el mayor esfuerzo en el mar Meridional de China y sobre todo en acumular fuerza aliada para aislar a la potencia asiática, armar la isla de Taiwán, desde ahí provocar permanentemente a China, y generar una nueva guerra fría, donde la opción sea “conmigo o contra nosotros”. Biden, con mayor nivel de agresividad, continua la política de Obama que a su vez estuvo sostenida en la doctrina elaborada por el fallecido Zbigniew Brezezinski, su principal asesor en temas de seguridad.

La isla de Taiwán siempre perteneció a China, aunque hoy algunos medios pongan en duda sus derechos soberanos para confundir e influir en la opinión pública, hasta que Japón la invade en 1895, como parte de las operaciones de la primera guerra declarada a China. China es derrotada y por el acuerdo de Shimonoseki cede el control de la isla. Al final de la segunda guerra mundial con la derrota de las potencias del eje Japón es obligada a reintegrar los dominios que había usurpado. Pero como en China se reanudaba la guerra civil, Taiwán quedo a merced de las potencias occidentales que comenzaron a colaborar con el partido nacionalista chino. No pudieron evitar la victoria del Partido Comunista chino, pero posibilitaron que Chiang Kai Shek, en 1949, se refugiara en Taiwán e instalara un gobierno paralelo. La joven República Popular China, sin fuerza suficiente para recuperar el control de la isla acepto momentáneamente la situación. En 1972, con el acercamiento EEUU China, occidente reconoce la existencia de una sola China, la Republica Popular. Paulatinamente la gran mayoría de los países fueron reconociendo a la RPCh como la única representante del país continente en los organismos internacionales. Hoy solo alrededor de 20 países, entre ellos varias islas, reconocen a Taiwán como representante de China. Sin embargo, como siempre lo ha hecho Gran Bretaña, y después EEUU han logrado mantener enclaves en territorios estratégicos para recurrir a ellos oportunamente.

 El riesgo de un enfrentamiento en la zona es real. Para China la recuperación de Taiwán es una cuestión de honor y soberanía. Para EEUU es el ariete desde donde puede desestabilizar a China. Las provocaciones anglosajonas en el estrecho de Taiwán y alrededores son continuas: buques de guerra provistas de misiles, vuelos con aviones caza de última generación, aprovisionamiento permanente de armas al gobierno taiwanés, etc.

La situación está llegando a un extremo de alta peligrosidad ya que el poder anglosajón sabe que su último recurso es involucrar a China en una guerra para intentar detenerla y por otro lado la RPCh pareciera que ya ha cobrado suficiente músculo como para recuperar lo que le pertenece.

EEUU aspira a controlar y detener el desarrollo de China que en alianza con países emergentes y reemergentes desafían el orden unipolar capitalista guerrerista y mafioso reclamando un reseteo de las instituciones globales en base a la multipolaridad.

Es cierto que, a través de la historia, la mayoría de las veces, los conflictos entre la potencia en declive y la que aspiraba a sucederla, en ascenso, se dirimió con guerras, sin embargo, en esta oportunidad, es de esperar que el poder nuclear existente disuada y enfríe las mentes más acaloradas. Si esta hipótesis se confirma asistiremos a una transición, no exenta de guerras locales, pero donde probablemente se vaya construyendo una nueva síntesis civilizatoria y esperanzadora, donde las contradicciones se vayan resolviendo a favor de la vida y la naturaleza, sin la exclusión de ningún protagonista.


Sobre el autor: Ruben Darío Guzzetti

IADEG-IDEAL-CEFMA

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