Cuarentenas eran las de antes

Por: Erina Petrera


La cuarentena no es precisamente un método novedoso para paliar la pandemia. Hay registros muy antiguos de su utilización, tanto que hasta en la biblia se narran actividades similares de distanciamiento social.

El término cuarentena se comienza a utilizar en el año 1377 a causa de la peste bubónica, que ocasionó la muerte de mas de 30 millones de personas. Se cree que el número 40 es totalmente arbitrario y proviene de la religión católica. Lo que es seguro es que en cuarenta días se curan casi todas las enfermedades infecciosas. Por lo tanto, la cuarentena se realiza con la población enferma para que no pueda contagiar al resto de la comunidad. Una cuarentena generalizada es una precaución aún mayor, es lograr el estado máximo de distanciamiento social.

La cuarentena siempre ha sido una medida muy segura en la lucha contra enfermedades que no tienen un tratamiento efectivo. Antiguamente se utilizaba con mas frecuencia debido a que la medicina no estaba tan avanzada, por ejemplo, no existían los antibióticos y había muchas enfermedades que presentaban una alta mortalidad para la población que hoy en día están contenidas, o estaban, porque algunas han vuelto debido a la resistencia bacteriana y a la moda de no vacunarse.

Por supuesto que esta es una medida de salud que no tiene en cuenta otros aspectos de la vida cotidiana porque se lleva a cabo con la única finalidad de que la enfermedad no se propague y de esta manera no solo baje el número de enfermos, sino especialmente el de muertos.

En nuestro caso actual de lucha contra la covid-19 está demostrado que la mejor manera de combatirla es el distanciamiento social y las medidas de higiene. Que una cuarentena sea exitosa depende de la población en la que se realiza, del nivel de acatamiento y en particular de que la mayoría de la población pueda llevarla a cabo. En cualquier época ha sido complicado mantener a la gente encerrada en sus hogares, aunque en otros tiempos había formas más persuasivas de lograrlo.

Hoy en día vemos cómo la mayoría de las personas tomó muy en serio la responsabilidad de quedarse adentro, pero también como otros no pueden hacerlo debido a los espacios reducidos donde viven o simplemente a que tienen que trabajar día a día para poder subsistir.

Pero, comprendamos, por qué es tan importante quedarse en casa. En epidemiología, el factor R0 representa el número promedio de personas que contraerán una enfermedad de una persona contagiosa. Se estima que para el SARS-CoV-2, el R0 está entre 2 y 3, lo que quiere decir que una persona infectada puede contagiar hasta 3 personas. Una enfermedad muy contagiosa es el sarampión con un R0 de 12 a 18, mientras que para la gripe es menor a 2. Sin embargo, dentro de espacios confinados como el crucero Diamond Princess donde ocurrió un brote de covid-19 en enero, se estima que el R0 para SARS-CoV-2 fue mucho mas alto, entre 5 y 14. Parece que hay un mayor riesgo de exposición asociado con la alta densidad de ocupantes y el contacto constante.

Es debido a esto que las reuniones sociales masivas fueron lo primero que se canceló. La cuarentena hace que el R0 disminuya porque la transmisión del virus se ve disminuida, teóricamente si el R0 es menor a 1 la enfermedad desaparece ya que las personas infectadas no pueden contagiar a nadie mas.

Por otro lado, quedándonos en casa evitamos que algún transeúnte nos tosa en la cara o cerca, pero además evadimos tocar superficies donde puede estar el virus. Se han realizado estudios con diferentes coronavirus para saber cuál es el tiempo en el que permanecen infectivos y los resultados son desalentadores. El virus puede permanecer infectivo entre 2 horas y 9 días dependiendo de la cantidad de virus inicial, del tipo de material de la superficie, la temperatura y la humedad.

Las superficies que permanecen contaminadas por más tiempo a temperatura ambiente son: el plástico donde el virus puede permanecer hasta 9 días, el metal y el papel hasta 5 días y la madera hasta 4 días, entre otros. El aumento de temperatura a 40oC disminuye notablemente la infectividad del virus, pero a 40C algunos coronavirus animales pueden permanecer infectivos por mas de 28 días. Los resultados de estos ensayos apoyan la teoría del lavado de manos con agua y jabón como uno de los métodos mas efectivos para evitar la infección, junto con toser en el pliegue del codo y no tocarse la cara. Con respecto a esto último sabemos que es muy difícil, en un estudio observacional se describió que los estudiantes se tocan la cara con sus propias manos unas 23 veces por hora, el contacto es principalmente con la piel, seguido en igual medida por la boca, la nariz y los ojos.

Por supuesto, cuando se conoció que el virus permanece tanto tiempo infectivo sobre ciertas superficies, se estudió cual era la mejor forma de inactivarlo o limpiarlo. Aunque no se conoce la carga viral de los coronavirus en las superficies durante una situación de brote, parece plausible reducir la carga viral en las superficies por desinfección, especialmente de las superficies que se tocan con frecuencia en el entorno inmediato del paciente, donde se puede esperar la mayor carga viral, sobre todo en los hospitales.

La OMS recomienda la limpieza a fondo de las superficies ambientales con agua y detergente y la aplicación de desinfectantes de uso común como la lavandina a una dilución de 20 ml en 1 litro de agua y para la desinfección de superficies pequeñas recomienda etanol al 70%.

En estos días es muy común escuchar: “la cuarentena se hace para achatar la curva”. ¿Pero esto qué significa? Cuando hablamos de la curva nos referimos al gráfico que relaciona el número de casos confirmados positivos desde la aparición del primer caso en función del tiempo. Si cada persona infectada puede infectar a otras 3 personas y no hay aislamiento social, el número de casos positivos totales aumenta de forma exponencial. Esto quiere decir que la curva aumenta rápidamente hacia arriba. La cuarentena, al distanciar a las personas entre sí reduce el contagio, entonces la curva no aumenta tan rápidamente, sino que empieza a achatarse. Es importante que tengamos en cuenta que los casos positivos en un día se infectaron aproximadamente 15 días antes, por lo tanto, debemos esperar al menos ese tiempo para ver si la cuarentena está siendo efectiva.

Achatar la curva nos hace ganar tiempo. Su importancia está en que, al disminuir el número de infectados, la capacidad de los hospitales no se ve sobrepasada y todos pueden ser atendidos según sus necesidades. Además, este tiempo permite que se puedan preparar hospitales de campaña, aumentar la fabricación de respiradores, adquirir insumos para seguir testeando, etc.

El resultado mas prometedor de la cuarentena sería que el número de casos positivos por día disminuya con respecto al día anterior.

La cuarentena generalizada no es la única manera de aplanar la curva. En ciertos lugares como Taiwán, Singapur y Hong Kong, se mantuvo una curva epidémica plana para COVID-19 mediante la aplicación, muy temprana en el brote, de pruebas generalizadas, aislamiento inmediato de casos sospechosos en hoteles fuera de la comunidad y rastreo de los contactos mediante el uso de la tecnología. En Corea del Sur, el control del brote, que se había perdido temporalmente se recuperó sin bloqueo, pero con la búsqueda activa de casos mediante pruebas generalizadas, aislamiento inmediato y mediante el uso de nuevas tecnologías digitales para maximizar el rastreo de contactos y la cuarentena de todos los contactos.

La salida de la cuarentena debería ser escalonada, permitiendo la circulación paulatina de las personas a sus trabajos, sin la realización de eventos sociales masivos y manteniendo a resguardo particularmente al grupo de riesgo. El uso de cubrebocas obligatorio disminuirá el contagio ya que se utiliza para que aquellos infectados que son asintomáticos no infecten a los demás. Es importante entender que no se deben usar barbijos de uso sanitario para que todos los trabajadores de la salud puedan estar correctamente protegidos. Pero además no hay que olvidarse de que el cubrebocas no te protege, lo que te protege es el distanciamiento social de entre 1 y 2 metros, lavarte las manos con agua y jabón regularmente y nunca tocarte la cara y los ojos. El uso de guantes de látex no está aconsejado porque nos da una falsa sensación de protección, si nos tocamos la cara con los guantes, también podemos infectarnos con el virus que permanece infectivo en ellos.

Esta es la primera pandemia que ocurre en una época de uso masivo de redes sociales, y este experimento mundial ha arrojado buenos y malos resultados. La buena noticia es la conexión instantánea con amigos y familiares que están lejos haciendo la cuarentena. La generosa predisposición de muchas personas para hacer tutoriales con tareas que comprenden desde origami hasta entrenamientos físicos. Canciones motivadoras de solistas famosos o de grupos conformados por cantantes cada uno conectado desde el living de su casa. Museos interactivos que abren sus puertas virtuales y muchas otras actividades disponibles para hacer desde casa.

Lo malo de la sobreinformación al instante es la dispersión de noticias falsas a una tasa mucho mayor que la del sars-cov-2, la venta de información sensacionalista o la promesa de curas milagrosas. Esta propagación de información falsa obligó a las autoridades de salud a estar mas presentes en las redes sociales, aunque lamentablemente sea muy difícil competir con la ciencia ficción.

La forma de evitar la infección y propagación del virus es simple y sigue siendo la misma: mantener la distancia, lavarse las manos con agua y jabón, toser en el pliegue del codo y no tocarse la cara, aunque uses barbijo. No hay curas mágicas, a pesar de que los videos que circulan así te lo hagan creer. Esto me recuerda a los charlatanes de feria, que captaban la atención con artilugios para vender elixires maravillosos. ¿Debemos los científicos o comunicadores de la ciencia salir en carromatos como los charlatanes para que la información confiable sea escuchada? Ojalá que la gente recapacite, deje de creer en curas milagrosas y empiece a creer en muchas otras que sí funcionan y no se usan.

Sin ánimos de ser pesimista, creo que deberíamos acostumbrarnos a las cuarentenas porque entre el aumento de la resistencia bacteriana, la falta de concientización en la población sobre la importancia de la vacunación y el disimulo de las autoridades ante posibles brotes epidémicos debido a actividades y mercados que deberían estar prohibidos, volveremos a usarlas como una herramienta cotidiana para combatir las enfermedades que nos aquejen.



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