Daniel Molina: "Es una frivolidad total discutir que ahora no existe libertad"

En diálogo con EPD, el escritor y crítico de arte cuestionó el rol de los medios durante la pandemia, conceptualizó a la grieta y pronosticó una etapa superadora. Además, analizó el comportamiento de la dirigencia política.

"Ese instante es eterno. Es el momento perpetuo en el que se tiene la certeza de haber perdido, tal vez para siempre, la libertad, la dignidad, todo. Ese instante es la muerte"describió Daniel Molina en un texto que publicó a comienzos de la pandemia. Allí, con escritura poética, narró cómo fueron los 10 años en los que estuvo detenido en plena dictadura militar. La elección de volver a contar en ese momento su historia no pareciera ser azarosa, lo hizo justo cuando gran parte de la sociedad se quejaba por el "encierro" dispuesto por el Gobierno para paliar los efectos del virus. 

La crudeza de su testimonio y el virtuosismo con el que plasmó sus vivencias tras las rejas ofreció una mirada enriquecedora de lo que significa una verdadera reclusión. Pero Daniel Molina no es sólo eso, es mucho más: tiene una prolífica trayectoria como escritor, crítico de arte y literatura, y se transformó en el último tiempo en uno de los pensadores más lúcidos y controversiales que circulan en las redes sociales, que invita a reflexionar a diario sobre el escenario social, político y cultural.  

En diálogo con El País Digital, sostuvo que la grieta es "ideólogica y conceptual" y pronosticó que cuando superemos este estadío social vendrá otra etapa en la que habrá "un florecimiento de la tolerancia". Además, afirmó que los medios "son los que peor se comportaron durante la pandemia" porque "solo les interesa atacar a quienes consideran sus enemigos ideológicos".

Finalmente, el referente de la cultura web consideró que tampoco "es un buen momento para el arte y la literatura" y explicó porque se opone a la utilización del lenguaje inclusivo. Y como si fuera poco, nombró cuáles fueron los cinco libros que lo marcaron. 



Sobre Daniel Molina. Estuvo preso desde noviembre de 1974 a enero de 1984. Según contó, antes de ser detenido se encontraba haciendo el servicio militar y participaba clandestinamente en el PRT-ERP. Pese a no haber participado de ninguna acción violenta fue nombrado por un soldado al ser torturado. De ahí en más empezó su periplo por distintas cárceles del país, en donde sufrió todo tipo de vejaciones.

Al salir de prisión, comenzó a estudiar Letras en la Universidad de Buenos Aires. Se recibió con promedio distinguido en 1990. Desde un tiempo antes había iniciado su participación en distintos medios reconocidos y continuó en los años siguientes destacándose como escritor y consultor de arte y cultura.


En una columna reciente, sostuviste que uno de los problemas centrales de nuestra época es la "tribalización de las sociedades", que en Argentina tiene que ver con lo que denominamos "grieta". Hay algunos que se animan a hablar de "fractura social". ¿Ves alguna salida a esta situación? ¿Creés que con la pandemia se profundizó?

La grieta es ideológica y conceptual. No es solo política. Pero es esencialmente una discusión política (aunque no solo sea partidaria). No es una fractura entre ricos y pobres, ni un estadio prerrevolucionario: es una forma de participar de un bando, de sentirse parte de un bando. Eso es la tribalización: cada individuo, antes que nada, se siente parte de una manada, de una tribu (kirchnerismo, antikirchnerismo, en la Argentina, pro-Trump o en contra de Trump en EEUU).

Siempre hay salidas a cualquier situación, pero salir de estas grietas que fomentan encerrarse en las tribus, defender la manada y odiar a la manada de enfrente, es muy difícil porque casi todos los sectores que tienen poder discursivo (los medios, los partidos políticos, los grupos económicos) ganan con la división social que surge de la grieta, de la tribalización. Mientras más tribalización hay más se consolida el apoyo a tal medio o a tal partido.

Así que salir de estas grietas va a ser muy difícil. Aunque no creo que sea imposible. Solo que necesitamos actores nuevos y estímulos mejores para que pertenecer fanáticamente a una manada no sea algo deseable.


También sos muy crítico del rol que los medios masivos ejercen en este contexto de emergencia sanitaria. ¿Qué papel le asignás en esta "tribalización de las sociedades"? ¿qué relevancia le asignas en el surgimiento de ciertos discursos como por el ejemplo "los antivacunas"?  

Casi todo lo malo y lo bueno que se ve en la pandemia ya estaba antes, solo que se ha acentuado. Desde la tribalización y la irracionalidad social, el aumento del fanatismo o los momentos de solidaridad y colaboración social (que también están y gracias a los que sobrevivimos una época tan difícil).

Pero la pandemia exacerbó todo. Es como una lupa puesta sobre cada detalle. Todo se ve y se siente más. Los medios son los que peor se han comportado en la pandemia. Son los que más aterrorizan a la población, los que peor informan, los que más caos generan, hasta cuando no pasa nada.

Es lógico que así sea porque los medios están en un proceso de cambio total (y muchos desaparecerán). La TV ha dejado de tener los ratings que conocía hace apenas 5 o 10 años. Las páginas web necesitan material nuevo cada 5 minutos (y a veces no pasa nada interesante por más de 10 días y hay que inventar todo). En ese caos de cambio, los medios han optado por el mero presente: exacerbar la locura social. Darle voz a los peores discursos (desde los “antivacunas” a militar en contra de cualquier medida racional).

En el siglo XX un medio temía perder su prestigio porque ese era su principal capital, pero hoy todos los medios se han desprestigiado, se bajaron a la lucha en el barro hace ya 10 o 15 años y están totalmente desprestigiados. Entonces ya no les interesa ser confiables, creíbles o prestigiosos.

Solo les interesa atacar a los que consideran sus enemigos ideológicos (y si tienen que recurrir a la mentira sistemática lo hacen) y lograr la mayor cantidad de clicks posibles para facturar más publicidad. Y casi nada más. Es una escena de la orquesta tocando en el Titanic: ya que nos vamos a morir ahogados, facturemos mientras tanto.


Se dice que gran parte de las audiencias consumen medios que sólo refuerzan su postura sobre un tema y no ponen crisis su pensamiento. ¿Estás de acuerdo con esto? ¿Pensás que hay responsabilidad también de parte del público en la vigencia de este escenario social "agrietado"? ¿Se les puede exigir aún más?

Las audiencias masivas buscan medios que les confirmen sus creencias previas. Muy poca gente lee medios para informarse lo más objetivamente posible y para conocer posiciones políticas, ideológicas y sociales distintas de las propias. Casi todo el mundo prefiere que le machaquen constantemente lo que ya sabe y en lo que ya cree.

Y los comentarios de lectores en los medios (además de las encuestas y focus group que organizan los medios) confirman eso: apenas un medio pone una noticia o columna más objetiva, que contradice aunque sea mínimamente la línea editorial del ese medio, su audiencia mayoritaria se enoja.

Es decir, los medios alientan a su audiencia a enloquecer, dándole basura todo el día para que sigan teniendo material que fomente su fanatismo, pero las audiencias les exigen a los medios que les den esa basura y solo basura. Esto no es algo nuevo.

El problema de esta época mediática es que esto es ahora lo único que existe. En el siglo XX solo lo que se llamaban “medios amarillos o escandalosos” eran los que se plegaban a esto. Los llamados medios “serios” no lo hacían. Hoy todos los medios son amarillos.


¿Crees que este panorama de división, odio, y falta de empatía por el otro que domina el escenario público se traslada a distintos ámbitos o encontrás vías de escape donde hay miradas y comportamientos más profundos, como el arte o la literatura?

No es una buena época para el arte y la literatura, al menos para el arte y la literatura que obtiene más difusión pública. Y no lo es porque se difunde, se publica, se vende, se exhibe y se premia a lo que más coincide con las ideologías extremas de la época.

Hasta se da el caso en el sistema universitario norteamericano (aun es incipiente en el universitario argentino, pero vamos en ese camino) que no se puede decir nada que contradiga a la Teoría de Género, pero ejemplo, aunque se tenga un estudio científico que demuestre que sus postulados o investigaciones son falsas o están mal realizadas. Ni siquiera se puede hacer ciencia social sin acatar la ideología de la época. Esto no sucedía desde el fin de la Edad Media, salvo en los contextos dictatoriales (como el nazismo, el comunismo, el macartismo o las dictaduras latinoamericanas anteriores a los procesos democráticos).

De todas formas, en todos los campos se están librando batallas por la libertad de pensamiento y por la superación de los fanatismos (políticos e ideológicos, y estos últimos son los más extremos).

La historia es una sucesión pendular: a los fanatismos actuales les sucederá (no sabemos cuándo ni cómo surgirá) una etapa de florecimiento de la tolerancia y de aceptación del otro y sus diferencias.

Los niños que hoy están naciendo no serán fanáticos de la Teoría de Género. Cuando ellos tengan 20 años el feminismo radical que hoy domina la escena pública de manera absoluta será un totalitarismo anticuado y molesto que querrán sacarse de encima.

Así sucedió siempre con los cambios de ideas y no creo que esto cambie a futuro: lo que hoy se ha impuesto como lo único que se puede pensar, esta división fanática en tribus, será visto como algo a superar y se lo superará.

¿Qué balance hacés del comportamiento y gestión de la dirigencia política (oficialismo y oposición) durante la pandemia?

La dirigencia política perdió la brújula hace mucho y eso fue antes de la pandemia. Ahora es directamente patética. El gobierno se ha mostrado mínimamente más racional porque la terrible realidad lo obliga a intervenir y no  se puede dar el lujo de delirar todo el tiempo, así que actúa (muchas veces bien, desgraciadamente no pocas, mal). La oposición no tuvo otra política que obstruir todas las medidas (en especial las mejores) que propuso el gobierno.

Es el extraño y raro caso de que la oposición ha sido peor que el gobierno en una emergencia (digo raro caso porque las oposiciones, como no tienen obligación de ejecutar medidas, suelen ser más idealistas y positivas, lo que en esta pandemia no sucedio: fueron todo lo negativo que se pudo ser).


Uno de los términos que tomó relevancia en esos tiempos fue la "libertad". ¿Qué opinión tenés de la utilización que se le dio y qué valor le asignás vos desde tu experiencia de vida?

Que estemos todo el día discutiendo de libertad es una señal de que tenemos la libertad total de discutir y expresar lo que querramos. Cuando realmente no existe la libertad (por ejemplo, durante la Dictadura de Videla) nadie discutía que entonces
no había libertad. Y si alguien osaba decirlo era secuestrado y desaparecía.

Es una frivolidad total discutir que ahora no existe libertad. Eso no quiere decir que las cosas que haga el gobierno sean buenas. Pero si algo tenemos es libertad para criticar.

No hace falta más que ver a los medios principales (los cientos que tiene Clarín, La Nación, Infobae, el grupo América, etc) y ver que están todo el día criticando al gobierno. Si faltara mínimamente la libertad no podrían hacerlo. Durante los 4 años que gobernó Macri jamás realizaron ni una sola crítica a ese gobierno. ¿No había libertad en esos años? Creo que también había, pero que ellos amaban a ese gobierno y eligieron no criticarlo y vivir elogiándolo. Ahora eligen criticar todo porque odian a este gobierno. Tienen ese derecho y lo pueden ejercer porque hay total libertad.


Fuiste una de las voces que cuestionó el lenguaje inclusivo. ¿Por qué?

Lamento no poder responder esta pregunta con toda la sutileza y todo el desarrollo que exigiría porque es un tema grave y muy complejo del que el 99,99% no conoce casi nada y se maneja solo por consignas militantes. Es como debatir la política que deberíamos tener ante el cambio climático gritando consignas de cerrar todas las empresas para que no haya emisión de carbono sin ver que si hacemos eso en dos semanas muere de hambre toda la humanidad.

Solo voy a decir que los que proponen lo que llaman el lenguaje inclusivo lo que hacen es una imposición autoritaria -desde una elite rica y caprichosa hacia el resto de los 580.000.000 de hablantes del castellano- de su ideología en un campo en el que el debate de género y sexualidad no tiene nada que aportar.

Las lenguas nacen y mueren. Y mientras viven nos permiten comunicarnos (entre otras cosas, como pensar o hablarnos a nosotros mismos, reflexionar). No están hechas para cambiar con la moda ideológica de cada temporada. Por eso las estructuras gramaticales (su esqueleto, la que la mantiene en pie, viva) no cambia. Solo cambian algunas palabras que hacen referencia a cosas que antes no existían. Por ejemplo, ahora usamos “fútbol” o “astronauta” porque se juega al fútbol y hay viajes al espacio y en el siglo XVIII no existía ninguna de esas prácticas.

Antes de descubrirse América los españoles no conocían el tomate, el chocolate o el maíz y no existían en castellano esas palabras porque no existían esos productos en el mundo cultural castellano. Pero desde que nació el castellano existe el plural, el tiempo presente, el masculino y el femenino y eso no se puede cambiar. Ahora se ha convertido en tema de debate social la sexualidad trans (que incluye en este momento de total “explosión” a menos del 0,5% de la población) y hay formas de hablar de la gente trans en castellano incluyéndolos sin inventar una muleta que la gramática del idioma no tolera porque cambia toda la estructura: lo que se llama el neutro artificial con la “e”.

Ese apósito es un invento ideológico que no tiene nada que ver con la estructura gramatical de la lengua. Y casi la totalidad de los 580,000.000 de hablantes del castellano (que están en más de 30 países y que han generado unas 250 culturas distintas) no incorpora como propia esas invenciones que atentan contra la comprensión clara de nuestro idioma. Pero los medios y los militantes están enamorados del lenguaje inclusivo porque la ideología de la época es la Teoría de Género que sostiene que el neutro artificial es el idioma que se debe hablar.

Esto pasará (es más: no hay nadie que piense usando el lenguaje inclusivo ni que lo use en todos los contextos; solo lo usan para imponer su militancia). Mientras tanto, les dificultan el aprendizaje de su lengua a niños que ya tienen problemas para aprender lo básico.

Si tuvieras que mencionar 5 libros que te marcaron ¿cuáles serían?

El Quijote, El Martín Fierro, todo Borges (en especial Ficciones, Otras inquisiciones y el Aleph), Paideia (de Werner Jaegger, sobre cómo se formó la cultura griega desde el 1300 antes de Cristo hasta el dominio de Roma en el siglo I aC) y Corazón, de Edmundo de Amicis (que amé de niño y leí como 20 veces, aunque hoy recuerdo poco).



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