David Ricardo y la tributación

OPINIÓN. En la Argentina los ricos pagan muy poco impuestos, al analizar la estructura tributaria de nuestro país se observa que su composición es de carácter regresivo.


David Ricardo (1772-1823) fue un importante economista inglés que propició la  división del trabajo en el mundo para que Inglaterra fuera el centro industrial y financiero.  Paralelamente limitó el poder de los señores feudales, representado por la Cámara de los Lores, propiciando la importación de alimentos sin pagar aranceles para abaratar el precio de los mismos y de esa manera reducir la remuneración de los trabajadores (ley de bronce del salario) (1) y con ello aumentaba (por reducción del costo salarial) la tasa de ganancia en la producción (Ley de granos) en 1815, que dio lugar a su libro “Principios de Economía Política y Tributación” en 1817.

Es en ese libro donde explica la renta, el valor y el precio y, en el Capítulo VII se encuentra su teoría de las ventajas comparativas relativas que fundamentaban que Inglaterra se industrialice y los demás países le vendan alimentos y materias primas. En el libro dedica doce capítulos al tema Impuestos, dado que buscaba redistribuir ingresos mediante las contribuciones al fisco, a la par que el Estado desarrolle su labor de asistencia a la población, de defensa y de seguridad.

Para Ricardo el principal impuesto debía ser a la renta y escribe textualmente: “Un impuesto sobre la renta afecta exclusivamente a la renta; incide totalmente sobre los terratenientes y no puede ser trasladado a ninguna clase de consumidores”. 

La noción de renta estaba asociada a un beneficio extraordinario por encima del beneficio normal que reportaba la actividad agrícola. Esta recompensa adicional que recibían los propietarios de las tierras dedicadas a la actividad agrícola, era derivada de las condiciones de la tierra y no del trabajo aplicado a su explotación. Imaginemos a dos latifundistas -sostenía Ricardo-, uno con campos mucho más fértiles que el otro. Ambos venden los granos al mismo precio. Pero los costos del que es propietario de las tierras más fértiles son mucho menores que los costos del que es propietario de las menos fértiles, he aquí la renta agrícola.

Nuestra pampa húmeda es una de las tierras más fértiles del mundo, donde más rinde por hectáreas tiene la soja, el maíz, trigo, sorgo, etc. y el precio se fija en el mercado de Chicago, lo que es obvio que el costo argentino en la producción de granos (cereales y oleaginosas) en la pampa húmeda es menor al del promedio del mundo, de allí la renta.

¿Cómo se grava esa renta agraria en la provincia de Buenos Aires?

Por el Impuesto Inmobiliario Rural, que, en la Provincia de Buenos Aires, representó solo el 2,66% de la recaudación impositiva propia en el año 2018 y el 2,74% en el año 2019, en que se recaudó solamente $ 10.047 millones por ese gravamen y los ingresos tributarios propios de la provincia fueron en ese año de $ 366.065 millones  Esto es, el Impuesto a los Ingresos Brutos que grava la actividad y al consumo que lo paga la población de la provincia, representa el 69,87% de la recaudación del año 2018 y del 70,76% del año 2019 y, en cambio, se recauda el doble en el impuesto inmobiliario urbano (existen valiosas propiedades pero la mayoría son vivienda de trabajadores) y tres veces más en el impuesto a la patente de los automotores que el impuesto inmobiliario rural.

En los primeros seis meses del año 2020 la recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural fue de solo $ 6.806 millones el 3,2% de la recaudación propia total de la provincia.

El problema reside en que, según informa el Censo Nacional Agropecuario, solo 211 familias y/o sociedades (entre ellos los Blanco Villegas que tienen 25.000 hectáreas en Tandil), son dueños de 2.516 Establecimientos Agropecuarios que poseen en conjunto 11.158.368,9 hectáreas de campo en la provincia de Buenos Aires, sobre un total de 25.788.669  hectáreas cultivables de la Provincia. 

211 familias y sociedades cuando la provincia tiene más de 17 millones de habitantes y, según el INDEC, antes de la pandemia, el 37% son pobres (sus ingresos son menores que el valor de la canasta básica total).

Y lo mismos se repite en todas las provincias de la pampa húmeda y también, para el resto  de las sub jurisdicciones nacionales, de manera tal que el consolidado total de la recaudación del Impuesto Inmobiliario Rural en toda la Argentina del año 2019 significó solo el 0,3% del PIB nacional.

A nivel nacional por el patrimonio personal se los alcanza con el Impuesto a los Bienes Personales, que teóricamente deben tributar aquellas personas cuyo patrimonio (bienes en el país y en el exterior) supere los $ 2.000.000 (año fiscal 2019, vence en agosto de 2020), quedan exentas las viviendas únicas hasta $ 18.000.000.-. Si tienen dólares declarados y  están en Bancos en el país no pagan el Impuesto a los Bienes Personales;  si lo tienen en efectivo tributan según la escala de 0,5 a 1,25%; el Gobierno se reservó la facultad de duplicar el tributo si están en el exterior y que sobre el gravamen y siempre según la escala, podría llegar al 2,25%.

El ingreso por el tributo de todo el año 2019 del impuesto fue solo de $ 31.183,8 millones que convertido al dólar promedio del BCRA del año 2019 de $ 51,55  significan unos 604,9 millones de dólares, o sea, el 0,18% del PIB.

David Ricardo terminaba su libro  diciendo que el objetivo es que sea el patrimonio la fuente de financiamiento de un Estado y afirma  “… debiera ser tarea de los gobiernos (previa recaudación eficiente de los tributos) estimular al sector privado, para que aumenten sus capitales y rentas, con la finalidad de diversificar el aparato productivo, dar incentivos para incrementar la producción, a través de mejoras en la productividad, para así generar nuevas fuentes de trabajo, con el objeto de aumentar el consumo, el ahorro y la inversión, a fin de crear mayores niveles de satisfacción a la población”.

Impuestos en la Argentina

En la Argentina los ricos pagan muy poco impuestos, al analizar la estructura tributaria de nuestro país se observa que su composición es de carácter regresivo, puesto que la mayor parte de los recursos fiscales provienen de impuestos indirectos (IVA, internos, combustible, etc.), que gravan con una única alícuota a contribuyentes de alta o baja capacidad económica, sin hacer distinción alguna entre ellos. Peor aún, en los últimos cuatro años se produjo un aumento de la participación de los tributos regresivos sobre el total de la recaudación y, por ende, una reducción del peso de los impuestos progresivos (a la propiedad y a la renta)

Según los datos de la Dirección Nacional de Investigaciones y Análisis Fiscal, la participación de los impuestos con carácter progresivo –tales como el Impuesto a las Ganancias (que pagan asalariados que ganan más de $ 70.000.- netos por mes) y el Impuesto sobre los Bienes Personales, que cuentan con escalas que discriminan de acuerdo a la capacidad económica de los contribuyentes— cayeron fuertemente en los últimos cuatro años.

El Impuesto a las Ganancias pasó de representar el 24,8% sobre la recaudación total en 2015 al 21,8% en 2019 y el Impuesto sobre los Bienes Personales pasó de 1,2% en 2015 a 0,6% en 2019, quiere decir que los impuestos regresivos en el año 2019 fueron el 77,6% de lo que se recaudó.

El IVA (Impuesto al Valor Agregado) pasó de representar un 28,2% de la recaudación en 2015 al 30% en el año 2019, un impuesto sumamente regresivo porque grava al consumidor final, impactando muy negativamente sobre los sectores más vulnerables.

La presión tributaria nacional (incluyendo contribuciones previsionales) es de aproximadamente el 25,2 % del PIB, más un 6,5% de los impuestos provinciales, el consolidado impositivo rondaría el  31,7% del PIB,  porcentaje similar a la de los EEUU, con el agravante que en los EEUU existe cierta proporcionalidad en la recaudación entre impuestos a la riqueza (patrimoniales), a las ganancias (rentas) y al consumo y la actividad, que es de aproximadamente un tercio para cada división, por un lado y, por el otro, ese país, una vez descontadas las diferentes exenciones y ventajas fiscales, vemos que el quintil de mayores ingresos enfrenta un tipo federal efectivo que es el doble del quintil de menor ingreso, y además, depende de los Estado la presión fiscal, obviamente en Nueva York es mayor que en el centro oeste americano.

En la Unión Europea la presión tributaria promedio es del 40,2%, países como Suecia tienen una presión tributaria del 48,9% con un eficaz sistema de administración tributaria donde las autoridades no solo exponen los datos de los más pudientes, sino que también desvelan los de todos los contribuyentes, permitiendo que cualquiera pueda enterarse de lo que gana un sueco y como contribuye con el Estado. 

La presión tributaria en Alemania es del 39,3% del PIB, Reino Unido 37,4%, Francia 44,2%, Italia 42,3% y España 36,5%, pero en la mayoría de ellos se respeta (salvo España y los países del Este europeo) cierta proporcionalidad de un tercio por gravamen al patrimonio, un tercio por rentas y un tercio por consumo.

En la Argentina el IVA representa el 10% del PIB y más otros gravámenes al consumo y a la actividad nacional (Combustibles, Internos, Débito y Crédito Bancario, etc.) significan el 70% del total de los impuestos nacionales recaudados y, en el caso de las provincias, el Impuesto a los Ingresos Brutos (que también es regresivo e indirecto) representa el 70% de la recaudación provincial, quiere decir que el 75% de los ingresos impositivos son regresivos y solo el 25% es a la ganancia y a la propiedad.


(1) Ricardo sostiene que: “La tasa de ganancia de la economía se encuentra regulada por la tasa de rentabilidad de la producción agrícola de la tierra menos fértil”



Sobre el autor


Horacio Rovelli es profesor de  Economía de la facultad de Ciencias Sociales y de Ciencias Económicas de la UBA.

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