Defender la soltería

Hay personas que no pueden estar solas, necesitan estar siempre en pareja, aun viviendo situaciones conflictivas, en el otro extremo están las que sienten y defienden los beneficios de estar sin un vínculo estable. Este último grupo está creciendo tanto en hombres como en mujeres, habrá que ver cómo se sostiene en el tiempo. Pero sin duda, la soltería genera más admiración que vergüenza.

Hay personas que no pueden estar solas, necesitan estar siempre en pareja, aun viviendo situaciones conflictivas, en el otro extremo están las que sienten y defienden los beneficios de estar sin un vínculo estable. Este último grupo está creciendo tanto en hombres como en mujeres, habrá que ver cómo se sostiene en el tiempo. Pero sin duda, la soltería genera más admiración que vergüenza.

María comenta “yo seguí los pasos que la sociedad espera de una mujer: salí de mi casa para trabajar, estuve en pareja, conviví; no tuve hijos porque la relación se cortó antes; en fin, cumplí sin pensar demasiado si estaba haciendo lo que quería. Creía que sí. Sin embargo, me di cuenta de que todo fue muy rápido, sin darme el tiempo para pensar si cada paso que daba era lo que deseaba. Ahora lo pienso y no me apresuro. Estar en pareja es una responsabilidad que no sé si quiero volver a afrontar con todo lo que significa. Prefiero la soltería, con sexo, pero sin compromiso.

El relato de María se suma al de tantas mujeres y hombres que han pasado por relaciones de pareja y convivencia y, luego de la separación, se replantean si quieren volver a estar en un vínculo que esté determinado por un nombre: novios, pareja, matrimonio. Saben que bajo cada palabra que define existen reglas que se deben cumplir: acuerdos, proyectos en común, fidelidad, tiempos propios y dedicados a la pareja, manejo del presupuesto, cotidianeidad, responsabilidad para con los hijos, familia política, etc. Hoy en día, cuando existen proyectos personales por desarrollar, el deseo de llevarlos adelante es más fuerte que cualquier compromiso vincular.

José relata: “Me separé y por el momento no quiero estar con nadie, salir sí, pero nada de noviazgo. Estoy viviendo lo que mis amigos casados desean y no pueden: disfrutar de la soltería. Ahora, cuando me cuentan lo agotados que están, esperando las vacaciones como un estado ideal que nunca llega, me doy cuenta de los beneficios de no tener obligaciones.  


Tiempos de cambios 

Sin duda vivimos una época que valora el desarrollo personal, la competitividad, las ganancias laborales. Las exigencias externas para conquistar lugares de reconocimiento social requieren cada vez más atención en las capacidades propias. Si sumamos a esto, la flexibilidad en las relaciones amorosas, la facilidad para la conquista virtual por medio de las aplicaciones, la configuración de nuevas familias: monoparentales, coparentales, homoparentales, o ser congruente con el deseo de no tener hijos sin importar la crítica social, tenderemos un panorama que apunta a no generar uniones duraderas. En realidad, libar los beneficios de la soltería no significa rechazar el amor, por el contrario, es no querer que el amor quede sepultado por capas de incomunicación, de cansancio, de reclamos, y por, sobre todo, sentir que la deuda con uno mismo se convierta en insatisfacción.


La casa, los amigos, las aplicaciones como resguardo

Decidirse por el no compromiso amoroso precisa tener a mano una serie de recursos que compensen la soledad. Si bien hay personas que toleran sin problemas estar solos, es más, se dicen “soy sola” como un aspecto de la identidad personal; otras precisan rodearse de una red social para sentirse más acompañados. El hogar, por lo menos en los medios urbanos, se ha convertido en un espacio de contención: TV (programas y sobre todo las series); tabletas, computadoras, teléfonos móviles, deliverys, etc., un conjunto de aportes externos que ayudan a pasarla mejor. Un dato no menor es la facilidad, gracias a las aplicaciones, de tener contactos para chatear o tener sexo express.


Los límites de la soltería

La soltería puede ayudar a atravesar una etapa de dolor postseparación, ayuda a reponerse de una relación que no prosperó y a darle curso a aspiraciones que estaban postergadas o que la ruptura permite descubrir. Para algunos es solo una etapa que deben atravesar, sin embargo, no es solo un pasaje de duelo, es una oportunidad para conocerse y no repetir conductas que llevan al conflicto. Para Carlos es un hecho definitivo: “ya pasé por la vida en pareja, ya aprendí que no es lo mío. Puedo contar que me casé, que vivimos mucho tiempo juntos, que tuvimos hijos, todo esto lo viví y no me arrepiento de nada. Lo disfruté hasta que perdió el gusto de estar juntos. Lo decidimos en común, sin crisis. Ahora somos excelentes amigos, acompañando a nuestros hijos. Pero lo vivido ya está. Salgo cuando tengo ganas o me quedo en casa, No digo que no me voy a volver a enamorar, eso se dará o no, digo que no quiero volver a convivir; cada uno en su casa, con la libertad para estar juntos si tenemos ganas”.


La soltería en las nuevas generaciones

Los más jóvenes ya cuentan con una saber que no tenían generaciones pasadas, más obedientes a la hora de formar pareja. Los millennialls y los centennials no quieren quedar encerrados en formas de relación poco flexibles, tampoco pretenden dejarse llevar por la creencia de “son jóvenes, por lo tanto, el deseo sexual debe estar alto y conquistar”. Con solo mirar alrededor se dan cuenta que los adultos no son demasiado felices dejándose llevar por las reglas generales de la sociedad. Quieren hacer su propia experiencia siendo congruentes con sus deseos. No les parece extraño que un amigo o amiga no tenga interés por salir con nadie ni que el sexo sea un foco de atracción.


Sobre el autor: Walter Ghedin es psiquiatra y sexólogo

Diarios Argentinos