Desarrollo típico y atípico

El desarrollo se define como un conjunto de procesos de cambios y permanencias, adquisiciones y pérdidas que pueden alcanzar a una situación, objeto o individuo a lo largo de su existencia; suele utilizarse como sinónimo de evolución.

El desarrollo se define como un conjunto de procesos de cambios y permanencias, adquisiciones y pérdidas que pueden alcanzar a una situación, objeto o individuo a lo largo de su existencia; suele utilizarse como sinónimo de evolución.

Es un fenómeno complejo, con diferentes características y atravesamientos.

Es espontáneo e inevitable (todo cambia) cuando se inicia tiene continuidad, se da en el tiempo (tiene distintos momentos, cada uno con características particulares) por lo que establece distintas etapas sucesivas (la edad de las mismas es estimativa), éstas son comunes a todos pero los tiempos son particulares de cada individuo. Es multilineal, es decir que sigue distintas líneas y alcanza a diferentes áreas o aspectos (biológico, físico, psíquico, social); es multicontextual, se ve afectado por variables históricas, económicas, culturales, sociales y familiares.

En el desarrollo del individuo humano esto acontece desde la fecundación a la muerte y depende del neurodesarrollo (formación, crecimiento y maduración de las estructuras del sistema nervioso), el crecimiento físico, la maduración y el contexto.

Aquello que consideramos que debe de ser igual para todos los seres humanos, dadas sus características y variables de las que depende es particularísimo de cada uno.

Si tomamos los parámetros establecidos por la norma deberíamos considerar que hay un desarrollo típico (mal llamado“normal”) y lo que no se da según dichas normas y se aparta o distingue que es atípico (mal llamado“anormal”) pero si consideramos lo anteriormente dicho el desarrollo de cada individuo es particular y propio de cada uno.

En los últimos decenios, se han llegado a conocer mucho mejor las relaciones entre la salud, el crecimiento físico, el desarrollo psicológico y los cuidados que prodigan los padres. Combinando intervenciones que se centren en el crecimiento y el desarrollo y ayuden a los padres a adoptar una actitud responsable se puede promover mejor el desarrollo psicológico y el crecimiento físico de los niños.

El concepto de desarrollo abarca tanto a la maduración en los aspectos físicos, cognitivos, lingüísticos, socio-afectivos y temperamentales como el desarrollo de la motricidad fina y gruesa, y la integración sensorial.

El término desarrollo infantil hace referencia a los cambios biológicos y psicológicos que ocurren en los seres humanos entre el nacimiento y el final de la adolescencia, conforme el humano progresa de su dependencia hacia su autonomía.

Es un proceso continuo con una secuencia predecible única a seguir para cada niño. Sin progresar al mismo ritmo, cada etapa es afectada por sus formas de desarrollo en sus primeros años. Debido a que estos cambios de desarrollo pueden estar fuertemente influenciados por factores genéticos y eventos durante su vida prenatal, el desarrollo prenatal está incluido, por lo general, en el estudio del desarrollo infantil. Algunos términos relacionados son Psicología del desarrollo, refiriéndose al desarrollo durante el tiempo de vida, y Pediatría, la rama de la medicina relacionada con el cuidado de los niños. Cambios en el desarrollo infantil pueden ocurrir debido a procesos genéticamente controlados conocidos como maduración o como resultado de factores ambientales y aprendizaje, pero por lo general se deben a una interacción entre varios factores. Puede ocurrir también como resultado de la naturaleza humana y a su habilidad de aprender de su entorno.

Cada niño tiene un potencial impredecible que nos impide establecer pronósticos con límites, la plasticidad neuronal y simbólica de los niños permiten que aquello que predice o rotula: diagnóstico sea simplemente un presuntivo. Y si bien un diagnóstico orienta y permite planificar estrategias desde las distintas áreas de desarrollo, con la misma facilidad que se escribe, se puede borrar.

Lo importante es reconocer las características de cada niño tempranamente, asesorar, orientar y acompañar a los padres en este complejo camino que es el desarrollo infantil desde las distintas áreas del desarrollo y el trabajo interdisciplinario.

Si hablamos de infancia, hablamos de singularidad; antes de un diagnóstico hay una persona, un niño. Y en torno a él hay un contexto, una estructura y una dinámica familiar, atravesada multifactorialmente.

Acompañemos a que reconozcan esa singularidad y puedan aprender a leer la modalidad de desarrollo de su niño y así acudir a solicitar los apoyos necesarios para optimizar su desarrollo.

Necesitan de la familia ampliada (abuelos, tíos, primos, amigos) que no marquen lo atípico sino que resalten el potencial, los logros y los ayuden a recorrer el intrincado camino que es el crecimiento de los hijos.

La mayoría de las veces un berrinche es una desorganización conductual que puede responder a varias razones (desintegración sensorial por ej.) o un tiempo particular para comprender o para responder… los tiempos y el modo son particulares de cada individuo, ninguna persona es idéntica en su funcionamiento y adaptación.

Lo que resulta atípico siempre es blanco de la mirada social, esto hace que los padres sumen agobio a actividades tan comunes como el esparcimiento, las compras, la visita al médico, la espera en el odontólogo, el viaje en colectivo, las cosas más simples de la vida se vuelven altamente complicadas.

No podemos negar que hay una mirada patologizante de la niñez cuando es un tiempo en el que todo aún está por hacerse. Deberíamos comenzar a pensar en términos de convivencia y ya no de inclusión. La adaptación debe de ser mutua. Falta mayor apertura para poder adaptarnos a lo singular y a lo diverso del desarrollo infantil y las manifestaciones que brinda cada niño.


Sobre la autora: Lic. Marisa Zuccolilli  M.P.53279

C.I.D.I La Plata

Diarios Argentinos