Despidieron a un diseñador por maullarle al presidente

Ariel Horton fue echado de su trabajo sin indemnización tras decirle “miau" al Presidente durante un evento. Su caso será tratado por la Corte.

El diseñador gráfico Ariel Horton fue despedido el 21 de julio de 2017 de Interpublic, una subcontratista de General Motors, tras decirle “miau” al presidente Mauricio Macri durante el último Salón Internacional del Automóvil de Buenos Aires, realizado en el predio La Rural. El joven fue echado sin recibir indemnización, bajo el argumento de “pérdida de confianza”, y hace pocos días la sentencia judicial falló a favor de la empresa contratista al priorizar la investidura presidencial considerando, además, el maullido como un agravante. El fallo fue apelado por los abogados del cesanteado ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

“No lo quería agredir pero tampoco iba a estar tranquilo conmigo mismo si dejaba que caminara, como si nada pasara, el responsable de un Gobierno negacionista que habló del ‘curro de los Derechos Humanos’”, explicó Horton en una entrevista realizada por Romina Calderaro para Página/12.

El trabajador, hijo de Miguel Ángel Horton, secuestrado y desaparecido durante la última dictadura cívico militar, sostuvo que, en caso que la Corte rechace su pedido, recurrirá a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Después del paso del presidente por el stand de General Motors en el Salón del Automóvil (el último realizado hasta la fecha, tras la suspensión, por la crisis del sector automotriz, del que se debía haber realizado en 2019), donde Horton se encontraba desempeñando funciones profesionales para la empresa donde trabajaba, los jefes lo invitaron a retirarse del lugar y a los pocos minutos lo llamaron por teléfono para increparlo y pedirle la renuncia. Ante su negativa, fue echado sin pagarle la indemnización correspondiente.

“Estaba movilizado por tener que cruzarme con un tipo que discutía el número de desaparecidos, que hablaba del curro de los Derechos Humanos. Recordemos también que Elisa Carrió, miembro del gobierno, pedía prisión domiciliaria para los pobres viejitos genocidas. Era un combo. Y yo hacía relativamente poco tiempo había recibido el legajo “reparado” del laburo de mi viejo, que era ferroviario. En el legajo de su empresa hasta ese momento figuraba “abandono del puesto de trabajo” y en realidad lo secuestraron y hoy sigue desaparecido”, detalló Horton.

Diarios Argentinos móvil