El amor de D10S no se olvida

Catarsis de un escriba, tributo de un amigo lejano, agradecimiento de un futbolero.

Pasaron tres años, querido Diego. Parece mentira todavía, hay muchos que no lo pudimos asimilar y no sería extraño que nunca lo hagamos. En el último mes nos volviste a hacer mucha falta otra vez. No es exagerado decir que nosotros, los que nos decimos con orgullo maradonianos, nos sentimos indefensos, porque ante la amenaza cierta de quienes en nombre de la libertad nos ofrecen sufrimiento tu ausencia se hizo más notoria. Un vacío que no puede ni podrá llenar ningún otro.

Sin tu escudo protector, sin tu irreverencia ante los poderosos, el mundo es un lugar distinto, menos justo, querido Diego. Porque cuando la espada traicionera de los personajes más sombríos amenazaba a los más vulnerables ahí estabas vos. Desde cualquier lugar, con tus aciertos y equivocaciones, para inflar el pecho y bancarte la que venga. Con las Madres y con las Abuelas, con los jubilados, con los futbolistas, tus amados colegas, con los argentinos, abrazándonos para protegernos con tu grandeza inigualable. 

Y por eso, los alfiles del mal nunca te lo perdonaron. Si hasta la semana pasada, sentado tranquilo en un estudio de televisión, envalentonado por los aires de su victoria sucia, el hombre que no dudó en hablar mal de su padre cuando apenas había muerto, quiso, una vez más, enterrar tu figura. ¡Qué ingenuo, querido Diego!. No sabe este señor, o no se enteró todavía, que sos inmortal. Que ni todo el dinero y el poder del universo entero puede amainar tu fuego sagrado, que sigue más vivo que nunca.  



Pero no todo es malo, querido Diego. Hoy es difícil verlo, pero el año pasado fue espectacular. ¡Salimos campeones del mundo! Estoy seguro que allá arriba lanzaste un puño al aire y sonreíste por el merecido destino de los nuestros en Qatar. Sé que festejaste como cualquiera de nosotros, o más. Sé que abrazaste a Lionel, al Fideo, a Dibu a Scaloni y a todos los muchachos, con tu humanidad omnisciente. 

Tu partida no hizo otra que certificar tu status de mito popular. Ese lugar que muchos envidian y jamás tendrán, porque quien lo otorga es el inequívoco amor del pueblo. Ese amor que hizo que en todas partes del planeta miles y miles de personas salieran a las calles a homenajearte sin que importe la maldita pandemia. Y sí, digo a homenajearte, porque no fue una despedida. No te despediremos jamás, querido Diego. Creo que eso a esta altura del partido ya está más que claro.

Me despido querido Diego. Estos pocos párrafos no alcanzan ni por asomo para dimensionar tu perdida, no hay modo humanamente posible de poder hacerlo. Estas líneas sirven al menos como una especie de catarsis para quien escribe y para retribuirte desde este humilde lugar todo lo que hiciste por nosotros. Por último, para que te quedes tranquilo, hay una certeza que te podemos regalar y garantizar los que estamos acá abajo: el amor de D10s no se olvida.   

 

Diarios Argentinos