El chavismo, una vez más

OPINIÓN. El triunfo del chavismo ratifica el liderazgo presidencial de Nicolás Maduro. Lo fortalece hacia adentro y hacia afuera. La oposición avanzó un casillero, pero no logró traducir dicho crecimiento en mayores cargos institucionales.


Pasadas las 0 horas de hoy, el nuevo rector del CNE, el historiador Pedro Calzadilla anunció que con una participación del 41,8% y un total de 90% de mesas escrutadas el oficialista Gran Polo Patriótico (con eje en el PSUV) ganaba en la mayoría de las gobernaciones en juego y triunfaba, asimismo, en el Distrito Capital. Durante una jornada electoral en general pacífica y tranquila, con un episodio confuso en el Estado Zulia a la postre ganada por la oposición, el pueblo venezolano ejerció su derecho al voto por vigésima novena vez desde que Chávez asumió el gobierno en febrero de 1999. La oposición completa, esta vez, no faltó a la cita y alcanzó una cosecha diminuta para las expectativas creadas una vez anunciada su participación en la compulsa.

A continuación, unas viñetas explicativas de lo sucedido ayer:

  • El Gran Polo Patriótico, como se esperaba, triunfó en forma contundente alcanzando 20 de las 23 gobernaciones y el Distrito Capital. La oposición sólo pudo vencer en Zulia, el distrito más rico del país en el que suelen alternarse las dos fuerzas, en Nueva Esparta y en el chavista Cojedes. El resto del mapa se tiñó de rojo-rojito (haciéndose fuerte en distritos que suelen inclinarse por el antichavismo como Miranda y Lara) y recuperó los Estados de Mérida, Táchira y Anzoátegui de manos opositoras. Al igual que 2012 y 2017 el oficialismo venezolano se alza con casi el 90% de las gobernaciones en juego.
  • La participación electoral fue de 41,8% y evidenció un aumento significativo en comparación con la última votación legislativa del año anterior. El incremento en la asistencia se explica por la participación de la totalidad de la oposición y por la maquinaria del chavismo que, a pesar de estar magullada por los más de 20 años de gobierno, se mantiene en porcentajes envidiables para buena parte del progresismo sudamericano. La asistencia fue dispar en los distintos distritos y fue mayor en los que la oposición logró vencer (promedió el 50%), lo que explica que gran parte de la derrota se explica a partir de la no concurrencia de su electorado. En Venezuela, el castigo a los dos grandes polos en los que se divide el sistema político del país, chavismo vs antichavismo, se explica a partir de este elemento: el ausentismo.
  • La oposición apostó fuerte en esta elección y sus partidos jugaron a pleno. Por un lado, la AD y Copei, Primero Justicia de Capriles y Voluntad Popular del fugado Leopoldo López, nucleados en torno a la Plataforma Unitaria. Este espacio político retornó a la disputa electoral tras los fracasos en los intentos violentos de derribar al chavismo y de la ridícula apuesta a la presidencia paralela de Juan Guaido. Logró las tres gobernaciones con dirigentes históricos como el caso de Manuel Rosales en Zulia, y peleó palmo a palmo distritos como Barinas, Táchira y Apure donde perdió por menos de 1%. Por el otro, la Alianza Democrática, el conjunto de partidos que desde 2018 viene confrontando con el chavismo con escaso éxito, no logró obtener representación a nivel gobernadores (resta dilucidar si lo hicieron en las alcaldías) y quien estuvo más cerca fue el histórico dirigente de Lara, Henry Falcon que cayó en su distrito por una diferencia mínima. Es evidente que, de haberse presentado unida, la oposición hubiese obtenido otro resultado, lo que se explica en la próxima viñeta.
  • En términos numéricos la cosa no se presenta tan alentadora para el chavismo. El oficialismo obtuvo casi 3.800.000 sufragios (más de 300.000 votos que en la legislativa de 2020) lo que constituye un porcentaje total cercano al 47%. De haberse unificado la oposición detrás de candidatos únicos la cosecha hubiese sido mayor, tanto en ejecutivos distritales, como en el computo nacional. Es cierto que una parte de ella se congrega en Alternativa Revolucionaria, un espacio de chavistas desencantados que difícilmente se hubiese aliado a la derecha, pero la sumatoria numérica de las propuestas electorales antimaduristas dan por resultado un número superior a escala nacional que la de las fuerzas del gobierno. En términos comparativos, tanto el oficialismo como la oposición logran sumar más votos que la compulsa del año anterior, pero la oposición lo hace con mayor cantidad que el Gran Polo Patriótico. Un dato que el chavismo deberá tener en cuenta a futuro. La división entre sus dirigentes y el ausentismo electoral resultan ser los factores explicativos más relevantes para comprender el escaso éxito opositor en la jornada electoral.
  • Una vez más, en términos comparativos, el presentismo aumentó en más de 10% de la última elección del año anterior. Eso se explica en que la oposición toda decidió concurrir al comicio y en que los veedores internacionales con la UE a la cabeza formaron parte de la votación. A pesar de las denuncias históricas de la oposición en relación a potenciales fraudes, violencia electoral y parcialidad del CNE, la jornada mostró, una vez más, que los resultados arrojan en números el sentir de la sociedad venezolana.
  • Con la de ayer son 27 las elecciones ganadas por el chavismo de las 29 realizadas desde 1999. Las únicas dos derrotas fueron las de diciembre de 2007 en la que Chávez intentaba ir por la reelección indefinida que luego concretó en otro referendo en febrero de 2009, y la legislativa de 2015 en las que la MUD triunfó en forma contundente. Desde que Maduro es presidente, fueron 8 victorias sobre 9, pero con una participación electoral que se ha ido achicando al calor de la crisis económica, el desabastecimiento, el bloqueo inhumano y el déficit de gestión. Los más de 5 millones de venezolanos que han emigrado resulta ser otro de los elementos a tomar en consideración para comprender el aumento del abstencionismo.

El triunfo del chavismo ratifica el liderazgo presidencial de Nicolás Maduro. Lo fortalece hacia adentro y hacia afuera. La legitimidad brindada por la UE a la jornada, hasta ahora, le permite al presidente venezolano alzar la voz de victoria y sumar varios porotos hacia el relajo de las sanciones que a la fecha pesan sobre el país. La oposición avanzó un casillero, pero no logró traducir dicho crecimiento en mayores cargos institucionales. La unidad será, con seguridad, parte de su estrategia inmediata. Sólo así podrán doblegar a un movimiento político, social y cultural de fuste, arraigado en lo más profundo de las raíces bolivarianas y que va por su vigésimo segundo año en el poder político.


Sobre el autor

Mariano Fraschini es doctor en Ciencia Política y docente (UBA- FLACSO). Coautor de Liderazgos en su laberinto.


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