El contexto geopolítico y estratégico del Genocidio Armenio de 1915

Este texto es una reproducción de un acápite del libro del llamado Geopolítica de Armenia publicado en 2015 por la editorial EUDEBA.

Este texto es una reproducción de un acápite del libro del llamado Geopolítica de Armenia publicado en 2015 por la editorial EUDEBA, cuya cita es la siguiente:

Koutoudjian, Adolfo (2015) “El contexto geopolítico y estratégico del genocidio de 1915 ”. En: Geopolítica de Armenia. En el centenario del primer genocidio del siglo XX. Eudeba, primera edición 1998, Buenos Aires, 161-171pp.

 


EL CONTEXTO GEOPOLÍTICO Y ESTRATÉGICO DEL GENOCIDIO ARMENIO DE 1915

 

  • Introducción

En el Centenario del primer Gran Genocidio del Siglo XX cometido por el Estado Turco sobre la población de la nación Armenia, sometida entonces a su dominación, pretendemos abordar, sintéticamente, una explicación racional desde el punto de vista geopolítico y estratégico, de las motivaciones que llevaron a la tragedia. Pretendemos demostrar que la mano asesina del Estado Turco fue, indirectamente, tolerada por varias potencias con intereses entonces en el área y que poco hicieron por evitar la tragedia.

Desde el punto de vista político, consideramos esencial entender la compleja trama de las relaciones internacionales de entonces y de ahora; con sus explicaciones y pseudojustificaciones de las atrocidades turcas en Armenia, para poder prever el curso de los acontecimientos actuales. Tenemos la impresión que si la dirigencia occidental de entonces hubiera tenido una mejor lectura de algunos acontecimientos, podría haberse no evitado, pero sí previsto algunos hechos. De ahí la necesidad de guardar los sentimientos de tanto horror y tratar de repasar la geopolítica previa a 1915, donde ya había elementos que prefiguraban la tragedia.


  • Factores actuales en la tragedia

La lectura racional de las relaciones internacionales obliga a diferenciar los factores desencadenantes de los hechos, en el entendimiento de que los grandes fenómenos históricos nunca son desencadenados por un solo factor, sino por un conjunto de ellos. Combinados de tal manera que a veces provocan el hecho a través del principio de causalidad y otras veces los hechos históricos se diluyen antes de nacer.

El arte del político y del estadista está en saber leer dichos elementos para poder predecir lo que podría ocurrir. La historia de este siglo demostró que posteriormente al genocidio del pueblo armenio le siguieron otros tan bárbaros como aquél: los judíos en la 2° Guerra Mundial, los indios amazónicos en la década del cincuenta; indonesios en 1966, biafranos en 1970, los camboyanos a fines de los setenta, el genocidio de Ruanda en 1994 y muchas otras tragedias menores. De ahí la importancia crucial de enmarcar el genocidio armenio dentro de los Derechos Humanos básicos de la Humanidad, con su reconocimiento internacional u, con digno castigo al Estado y Gobiernos culpables. Esto no es sólo una “cuestión armenia” sino una cuestión fundamental de la Sociedad Mundial.

En este contexto, consideramos que la Gran Tragedia de 1915 reconoce cinco factores básicos, sin agotar en éstos la totalidad del fenómeno. Dichos factores son:

  • El racismo
  • La lucha imperialista europea de entonces
  • La desintegración del Imperio Otomano
  • Las geopolíticas actuantes de entonces
  • El ansia de libertad, progreso y cristianismo de la Nación Armenia


  • El racismo

No caben dudas que en el exterminio de un pueblo sobre otro ha habido y hay siempre un fuerte basamento racista, por el cual el asesino necesita ver al asesinado, no como un igual, sino como un inferior, un “subhumano”, un ser que merece la muerte o la esclavitud si interfiere en sus planes, proyectos o concepción del mundo.

En éste sentido, todos los Imperios de la historia siempre justificaron su dominación con supuestos biológicos, raciales o ideológicos. Tal es el caso de la conquista de América, la esclavitud de África y el dominio colonial de Asia. Así es como el racismo, como supuesta “teoría ideológica” coherente hace su aparición a mediados del Siglo XIX. Su fundamento “científico” es el “darwinismo social”, por el cual en la lucha por la sobrevivencia solo triunfan los pueblos fuertes sobre los débiles. Esto es así por deducción de un evolucionismo mecanicista simple, científico y justificador del dominio de las potencias centrales de entonces sobre los pueblos sometidos. De ahí que a partir de la rápida expansión del capitalismo europeo en la segunda mitad del siglo pasado, se asiste a un reparto y saqueo de todos los rincones del planeta, justificando esto con un apoyo “científico-biológico” que pretende encubrir la expansión imperialista. Esto llevó a la explotación, subordinación, discriminación y eliminación de una gran parte de los hombres por los detentadores del Poder Militar y Económico. Tal es el caso de Inglaterra, Francia, Alemania, Holanda, Italia, E.E.U.U. y Rusia a fines de siglo, cuando ocupan y dominan África, Asia, Oceanía, el Cercano Oriente y América Latina. Es a esta cohorte de “dueños del mundo” a los que pretende sumarse Turquía a principios del Siglo actual, de la mano de los Jóvenes Turcos y enmarcado a los esplendores imperiales del viejo Imperio Otomano del siglo XVI y XVII.


  • La lucha imperialista 

A partir de la Guerra Franco-Prusiana de 1870/1871 se destaca en todo el mundo una lucha explícita o encubierta entre las potencias principales de Europa para lograr el dominio colonial o neocolonial sobre el Medio Oriente, África y Asia. En esta lucha, los imperios centrales (Alemania y Austro-Hungría) merced a su tardío desarrollo económico respecto a Inglaterra y Francia, presionan en todo sitio donde las influencias anglo-francesas pueden estar debilitadas. A esta lucha de escala planetaria por dominar países, ampliar mercados y ocupar posiciones estratégicas, se asocian potencias de menor desarrollo relativo, como Rusia, Italia, E.E.U.U. y Japón, quienes pretenden alcanzar una ampliación de sus dominios a costa de los más débiles y, muchas veces colisionando entre sí. En esta gigantesca lucha mundial hay Imperios que aceleran su decadencia y van perdiendo posiciones frente a los más fuertes: tal es el caso de España, China y Turquía. Esta última va perdiendo posiciones en su flanco oeste (Los Balcanes) y en el Mediterráneo, empujada por la presión de Inglaterra, Italia, Austria y Rusia. Esto hace que el Imperio Otomano empiece a mirar cada vez más hacia el Este, dado su escasa posibilidad de supervivencia en Europa.


  • La desintegración del Imperio Otomano y los Jóvenes Turcos

La “Sublime Puerta”, a fines del Siglo XIX, es decididamente un Estado absolutamente divorciado del desarrollo científico, técnico y económico del resto de Europa. Prácticamente no cuenta con industrias propias, muestra una muy rudimentaria red de transporte que imposibilita mantener articulado un Imperio de 4 millones de kilómetros cuadrados que tan solo se mantiene merced al atraso, la miseria de los pueblos sometidos y un régimen de terror fanático sobre las poblaciones no turcas.

En este marco general, Francia ocupa el Magreb (Argelia, Marruecos) nominalmente sometido a Constantinopla en 1830. Para la misma época se independiza Grecia con la ayuda de Inglaterra. La presión austríaca y rusa, rivales entre sí, coincide en formar la liberación de los países balcánicos. Rusia, en especial, necesita el dominio de los estrechos del Bósforo y los Dardanelos para su anhelante salida al Mediterráneo. La crisis estalla con una guerra ruso-turca, donde se imponen los primeros, quienes, en el Tratado de San Stefano de 1878, logran:

  • Salida libre por los Estrechos
  • Kars – Ardahan – Erzurum pasan a territorio ruso
  • Seguridades para las poblaciones armenias (no cumplidas)
  • Reconocimiento turco de la existencia de un “país armenio” con derecho a ser protegido por Europa

Este Tratado es suavizado por Inglaterra, interesada en proteger a Turquía, quien controla el paso a la India, por lo que Rusia devuelve algunos territorios. Por este servicio, Londres cobra un alto precio: la isla de Chipre.

Cabe destacar que esta evidente y creciente desmembración del Imperio es respondida por Turquía con verdaderas carnicerías, haciéndose conocida, ya entonces, como Estado genocida y bárbaro. Así, por ejemplo, los turcos masacran en sus represiones a:


1822:

50.000 griegos

1865:

10.000 armenios

1876:

15.000 búlgaros

1892:

8.000 yazidíes

1895:

55.000 sirios

1896:

55.000 cretenses

1895/6:

300.000 armenios


Estas masacres e injusticias no hacen más que alentar aún más la rebelión de las nacionalidades oprimidas (armenios, búlgaros, griegos, árabes, etc.) quienes ven con simpatía a las potencias europeas y, a su vez, son utilizadas por éstas en sus juegos políticos y estratégicos tendientes a fagocitar un Imperio decadente.


  • Las geopolíticas actuantes hacia 1915

En vísperas de la Primera Guerra Mundial, dos teorías geográficas y políticas de dominio del mundo euroasiático se contraponen: la inglesa, por un lado, y la alemana, por otro.

En 1904 el geógrafo inglés Halford Mackinder, en una famosa conferencia titulada “El Pivot Geográfico de la Historia”, señala la existencia a lo largo de los últimos siglos de un “Heartland” o corazón de las tierras, situado básicamente en Rusia. Quien domine a este corazón del mundo tendrá el dominio de la Isla Mundial (Eurasia), y quien domine la Isla Mundial, dominará al mundo. A tal efecto, Rusia ha buscado siempre, desde el corazón de las tierras euroasiáticas, salir a los mares cálidos para completar su dominio; las potencias marítimas (Inglaterra) han buscado siempre limitar o impedir esa salida a través del dominio del “creciente interior” del Heartland, es decir, los mares, estrechos y costas que rodean a Rusia, y que desde las Islas Británicas pasan por el Mediterráneo, la India y el Extremo Oriente. Paralelamente, señalaba Mackinder, Inglaterra debe impedir siempre la alianza de Alemania con Rusia, pues este poder combinado sería difícil de batir.

Por su parte, Alemania, sabiendo que el dominio británico se basa en el control de la Ruta Marítima a la India que pasa por Gibraltar – Malta – el Canal de Suez – Estrecho de Bab el Mandeb – el Golfo Pérsico hasta Bombay, buscó durante casi 20 años (1898/1918) el dominar una ruta terrestre alternativa, que permitiera llegar al Golfo Pérsico y posteriormente a la India; esa ruta era el ferrocarril Berlín – Constantinopla – Bagdad (pasando por Adana – Aintab – Urfa – Mardin y Mosul).

Es indudable que la lucha por el dominio del FFCC Berlín – Bagdad fue una de las causas de la Guerra, sobre todo si se tiene en cuenta los hechos geográficos-políticos asociados a él, como la existencia de los ricos campos petrolíferos de Mosul, en el norte de la Irán, disputado por Turquía, Alemania, Rusia e Inglaterra, y la posible ocupación turca del Canal de Suez. Justamente, Turquía entra a la Guerra, instigada por Alemania para ocupar Suez, como lo demuestran las operaciones turcas contra el Canal, dirigido por el General alemán Falkenhayn.

Los Jovenes Turcos: conviene destacar aquí el grado de descomposición del Imperio Otomano, que lleva a la toma del poder por oficiales nacionalistas del Ejército, quienes, en un primer momento, plantean ideas liberales y progresistas, abogando por la modernización del Imperio.

Al comienzo de 1914, el Gobierno de los Jovenes Turcos se ve crecientemente desprestigiado por sus fracasos interiores y exteriores. Así, la anexión de Bosnia-Herzegovina por Austria, la independencia de Bulgaria, la anexión de Tripolitania y Cirenaica por Italia en 1911 y el desastre turco en las Guerras Balcánicas de 1912/13, donde Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro derrotan a Turquía, hacen que el desprestigio y la desesperación del Gobierno turco alcance climas de histeria. De este modo, el trio dominante del gobierno – Enver, Taalat y Djemal – entregan literalmente la reorganización y dirección del Ejército turco a Alemania, quien destaca al General Liman Von Sanders. Como ya se señalara, Alemania usa a Turquía como trampolín hacia la India, a través del famoso ferrocarril Bagdad.

Toda esta objetiva situación de desmoronamiento del Imperio es tratada de evitar por la Troika gobernante, quien formaliza ideológicamente sus afanes expansionistas a través de una “teoría geopolítica turca”: el Panturanismo, invento del Ministro de Guerra, Enver Pashá, hombre que se veía a sí mismo como un nuevo Napoleón del Siglo XX.

El “Ideal Panturánico” consiste básicamente en la expansión del Imperio hacia el Este, desechando el Oeste (Europa) por las presiones de las potencias europeas, desechando el Sur (los países árabes) por ser evidente el dominio inglés en ellos y dirigiéndose hacia las regiones débiles del Este para conectarse con los pueblos de lenguas turanias, es decir, de origen ural-altaicos. El ideólogo fascista Blanco Villalta, años después, resume bien el panturanismo, cuando dice que “los diferentes dialectos turcos se hablan con diferente solución de continuidad[1], en una extensa región que toca los 21 grados de longitud oeste en Macedonia hasta los 160 grados, en Siberia”. Así, Armenia, situada en el Este del Imperio, era una “valla” que impedía la unión con los otros pueblos de origen turco (Azerbaiyán, Afganistán, Turkmenistán, etc.). Para colmo, su religión y sus derechos nacionales, estaban garantizados por Europa y Rusia. 

 

Como puede verse, eran muchos los nubarrones que presagiaban la tragedia.

  • La Tragedia: su desencadenamiento y consecuencias

La Turquía que entra en la Guerra, lo hace sedienta de triunfalismo pero con las peores condiciones posibles, a saber:

  • No estaba recuperada de la aplastante derrota en la Guerra de los Balcanes de 1912/13
  • El Ejército estaba reorganizado en manos del Estado Mayor Alemán
  • El FFCC a Bagdad no estaba terminado, faltando el tramo entre Nusaybin y Tikrit
  • La ideología guerrerista estaba basada en el panturanismo de Enver y un fuerte racismo
  • El 2 de agosto de 1914 firmó un Tratado secreto con Alemania para entrar en la Guerra y a fines de octubre bombardeó, con ayuda alemana, varios puertos rusos del Mar Negro, sin previa declaración de guerra. El 1 de noviembre Rusia le declaró la guerra a Turquía, porque aspiraba, diplomáticamente, a quedarse con los restos del Imperio. Y Francia, en 1914 era dueña del 60% del capital extranjero del Imperio, por lo que corría el riesgo de perder todo.
  • Enver Pashá – Napoleón de Opereta – aspiraba a arrollar al Ejército ruso del Cáucaso. Tenía 150.000 hombres bien adiestrados frente a 100.000 adversarios no adiestrados, dado el rápido reclutamiento. Su objetivo era arrollarlos, alcanzar el petróleo de Bakú y levantar a su favor a los pueblos panturianos.

Las primeras operaciones militares

  • En la Mesopotamia, en diciembre de 1914, los ingleses avanzan desde Basora hacia Bagdad (norte). Turquía pierde los campos petrolíferos.
  • En Palestina, los turcos son rechazados en sus ataques al Canal de Suez.
  • En el Cáucaso, los 150.000 turcos de Enver Pashá avanzan en las primeras semanas de guerra, hasta que son rechazadas por las tropas zaristas del General Myshlayevski, integradas por miles de voluntarios Armenios que luchan con gran denuedo.

Finalmente, el 2 de enero de 1915, Rusia obtiene una gran victoria en Sarikamish, cerca de Kars, donde de los 95.000 soldados turcos, tan solo sobreviven 18.000, que se retiran en desbande.




Operaciones de 1915


En el frente del Cáucaso, los rusos avanzan durante enero hacia el Oeste, hasta ser parados por los turcos en Malazgirt, cerca de Van. Luego de ese triunfo, los turcos avanzan nuevamente hacia el Cáucaso[2] pero son derrotados totalmente por los rusos (y armenios) en Karalissé, donde dejan 16.000 muertos. 


Al mismo tiempo, los cosacos del General zarista Baratov ocupan el Norte de Persia hasta Hamadan.

En abril de 1915 los ingleses avanzan en la Mesopotamia y toman Kut, al Sur de Bagdad. Dado el desfavorable cariz que toman las operaciones para los otomanos, el mariscal alemán Von der Goltz dirige las operaciones turcas en aquella región. 

Al mismo tiempo que en el Este se producen dichos acontecimientos militares, en el Oeste, en febrero y marzo de 1915, se producen los primeros atraques navales franco-británicos en Gallipoli para dominar los estrechos de Dardanelos y conectarse con la flota rusa del Mar Negro. Justamente el 25 de abril de 1915, los ingleses desembarcan en la zona (al día siguiente de la deportación y asesinato de 600 miembros de la elite cultural y política de los armenios en Constantinopla). Las batallas por el dominio de los estrechos se extienden hasta enero de 1916, donde los anglo-franceses son rechazados.

Es así como puede verse el movimiento aliado de pinzas sobre el Imperio Otomano, con el peligro de la caída de Constantinopla y las derrotas en el Este. Con estos hechos, los Jóvenes Turcos tienen la excusa necesaria para “liquidar” a los armenios, sospechosos de lealtad, por su ansia de libertad y emparentados por su cultura y religión más a Europa y a Rusia que a la “Sublime Puerta”.

En enero de 1916 continúan las victorias rusas en Koprukoy (25.00 turcos muertos). En febrero toman Trebizonda y Erzarum; en julio, Rusia obtiene una gran victoria en Erzincan con 40.000 bajas turcas y en agosto el marical zarista Yudenich toma Mus y Bitlis. Al mismo tiempo comienza la rebelión árabe en el Hedjaz, Transjordania e Irak. Cabe destacar en todas estas operaciones la pésima conducción estratégica y táctica de Enver Pashá, quien se enceguece más aún en su furia homicida sobre los débiles de la retaguardia.

Durante estos meses de derrotas turcas en el Cáucaso y la Mesopotamia, se extiende el plan de exterminio de la comunidad en la retaguardia del frente. Los aniquilamientos soñados por el Gobierno turco frente a los Aliados son volcados sobre 2 millones de seres indefensos, al no poder vencer a los primeros en los auténticos frentes de batalla. El plan de exterminio fue conducido con meticulosidad. Primero fueron eliminados los dirigentes e intelectuales, luego fueron desarmados todos los soldados armenios del Ejército y fusilados. Así, la fuerza homicida se lanzó sobre mujeres, niños y ansiados. La masacre asesinó a 1.500.000 armenios de los 2 millones que habitaban el Imperio. Los restantes lograron huir, en condiciones muy penosas, hacia las posiciones aliadas. El objetivo interno fue cumplido: prácticamente no quedó población armenia en las provincias armenias hacia el fin de la Gran Guerra.

Pretendemos con este trabajo dar un enfoque parcialmente distinto al escenario donde se desencadenó la Gran Tragedia del Pueblo Armenio. Los condicionantes estratégicos y los factores geopolíticos fueron el telón de fondo del Genocidio. En tal sentido, no pueden dejar de tenerse en cuenta para entender, por un lado, las razones de la sinrazón y, por el otro, la posibilidad y/o complicidad de las grandes potencias para influir, morigerar o evitar la masacre. En el altar de las grandes ideologías raciales y en función del juego de los intereses geopolíticos y estratégicos, el pueblo armenio sufrió la mano de un verdugo genocida, pero hubo muchos que alteraron semejantes elucubraciones, alentaron indirectamente esa mano y luego poco hicieron para evitar las consecuencias. 

De ahí nuestro propósito de agregar algunos aportes históricos y políticos a las circunstancias que rodean al primer genocidio del Siglo XX. 

La historia debe conocerse exhaustivamente para que se reconozcan definitivamente los hechos y se pueda hacer Justicia con este pequeño pueblo olvidado y que tanto hizo por el desarrollo de la Civilización. El reconocimiento internacional del Genocidio Armenio es fundamental para que nunca más se repitan estas atrocidades. Si se hubiera castigado condignamente al Estado Genocida, quizás hubiese habito atenunantes para evitar otras masacres de la Guerra Irán – Irak, que fue alimentada por todas las potencias de Occidente y Oriente, y que costaron más de un millón de muertos. También, hace casi 50 años, los juegos imperiales llevaron al Holocausto a 2 millones de biafranos.

La historia enseña, es guía y maestra. Son los hombres quienes no quieren ver y entender sus enseñanzas.


REFERENCIAS
   

 

[1] Justamente, Armenia era una de esas “islas de discontinuidad” 

[2] En este momento el Gobierno turco propone a los partidos políticos armenios sumarse al avance para sublevar los provincias armenias del Imperio zarista, proposición que es rechazada, sumando entonces una nueva causal de supuesta “deslealtad” de los armenios.

 

Diarios Argentinos