El cuerpo como territorio en un juego de poder y lucha

OPINIÓN.​ Como piezas de ajedrez, los cuerpos se mueven y son movidos en el tablero de la vida -en un juego de poder y lucha- y cada jugada puede interpretarse de acuerdo a la concepción que fundamenta la partida.


La relación entre territorio y cuerpo es una fusión compleja entre lo humano y la naturaleza en tanto reviste de identidad lo humano, le da continencia y a su vez contenido, siguiendo los aportes de Elina Matoso desde un abordaje corporal-dramático.
La autora señala que la literatura despliega múltiples ejemplos del entrecruzamiento entre lo humano y el territorio que habita, con temperaturas y climas que trazan una trama íntima. Sentimientos que brotan de las rocas, lágrimas y ríos que surcan los desiertos, temblores y amores que desafían montañas, aunque aclara que esta relación compleja no es meramente descriptiva o poética.

En sentido literario, el poema titulado “Ajedrez”, de Jorge Luis Borges, plantea una interesante visión de la vida utilizando metafóricamente el juego de ajedrez.


En su grave rincón, los jugadores 

rigen las lentas piezas. El tablero


los demora hasta el alba en su severo 

ámbito en que se odian dos colores. 

Adentro irradian mágicos rigores


las formas: torre homérica, ligero 

caballo, armada reina, rey postrero, 

oblicuo alfil y peones agresores. 

Cuando los jugadores se hayan ido, 

cuando el tiempo los haya consumido, 

ciertamente no habrá cesado el rito. 

En el oriente se encendió esta guerra 

cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. 

Como el otro, este juego es infinito. 

 

II


Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada 

reina, torre directa y peón ladino


sobre lo negro y blanco del camino 

buscan y libran su batalla armada.


No saben que la mano señalada


del jugador gobierna su destino,


no saben que un rigor adamantino


sujeta su albedrío y su jornada.


También el jugador es prisionero


(la sentencia es de Omar) de otro tablero 

de negras noches y de blancos días.


Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. 

¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza 

de polvo y tiempo y sueño y agonía?


Planteado el poema a modo de acertijo podría interpretarse que las piezas en el tablero se mueven y son movidas, en un juego de poder y lucha, y que cada jugada puede representarse de acuerdo a la concepción que fundamenta la partida.

Si tuviéramos que representar metafóricamente a la mujer y colectivos disidentes en el territorio, surge el interrogante ¿Se ubican cómo fichas del tablero o jugadores/as?

Ante ello, la idea de la mujer y disidencias como fichas del tablero, resultaría por lo menos un reduccionismo, una sinonimia de cosificación. Claramente el cuerpo no es una pieza de mármol, madera, ni plástico o metal, al que pueda o deba objetivarse al menos esa no es la finalidad, en esta nota.

Ahora bien, desde un punto de vista metafórico en esta simbología del ajedrez- donde los cuerpos se mueven y son movidos por reglas predeterminadas- la suerte en el sorteo para comenzar el juego está echada ya que las piezas blancas empiezan a jugar y, por tanto, llevan la iniciativa del juego, y tienen una ligera ventaja, cualquier semejanza con la realidad no es pura casualidad.

Para resolver el acertijo es relevante posicionarse desde un punto de vista arquetípico, de un juego entendido como proceso complejo, que es necesario deshacer, desatar y desenredar, siendo indispensable entender la jugada en su contexto, en una escena de poder no binaria (posición masculina y femenina) aunque en una estructura de relaciones de poder asimétrico con filiación divina.

La antropóloga Rita Segato realiza un importante aporte que permite desenmascarar el contexto, un mundo de dueños, donde el poder se expresa como señorío alcanzado por la concentración económica, como gigantescos feudos corporativos que tienen poder sobre la vida y la muerte de las personas que produce una falencia institucional y visibiliza la ficcionalidad de los estados, y la dificultad -como síntoma- para ponerle límite.

Señala que existe una desigualdad de tal magnitud, que actualmente resulta insuficiente hablar de “desiguales”, por tal motivo la antropóloga habla de “dueños”, dueños de la vida y de la muerte que se expresa en lo que les pasa al cuerpo de las mujeres, y en todos aquellos que son desobedientes, disidentes, divergentes con relación al mandato en la dueñedad que es el mandato patriarcal.

La dueñedad es la forma extrema del mandato patriarcal, el estado tiene el ADN patriarcal, tiene todas las reglas y protocolos de la vida masculina- que se vuelven muchas veces inocuas- y que sólo podrían transformarse modificando las relaciones , los movimientos de temas centrales del “sujeto universal” y las minorías, y esa estructura binaria de la gestión

El proceso se complica por el hecho de que buena parte de nuestra supercivilizada cultura tiene dificultades para tolerar lo transformativo.

El desafío del juego, varía de acuerdo a la concepción que fundamenta la partida ya que parece enfocarse en este querer o no: “emparejar lo desparejo, lo asimétrico, nunca lineal, siempre cambiante que sorprende, desconcierta, asusta y angustia en la vivacidad del estar vivo”.

Para interpretar nuestra realidad y nuestro mundo, el sociólogo Zygmunt Bauman, sintetiza con gran lucidez la condición del individuo en la sociedad de consumo del siglo XXI, delimitando con precisión los contornos de un estado de cosas en el que los individuos, convertidos en consumidores, en la época de la modernidad líquida, ha abandonado la noción de conocimiento de la verdad útil para toda la vida y la ha sustituido por la del conocimiento «de usar y tirar», válido mientras no se diga lo contrario y de utilidad pasajera.

El sociólogo también refiere a la fragilidad de los vínculos sentimentales, y considera que vivimos en una cultura que se destaca por la “liquidez del amor propio” de los individuos. Por lo tanto, la flexibilidad a la hora de relacionarnos con otras personas iría a la par con la falta de empatía hacia estas.

Por último, para hacer jaque en este juego de ajedrez, es necesario apelar a la idea de combatir el amor líquido y sus indeseables efectos en nuestro bienestar, entender las reglas del juego enquistadas en nuestra sociedad y protagonizar la transformación revalorizando nuestras relaciones, y particularmente respetando al otro/a en su otredad para lograr una verdadera transformación en el anfiteatro global.


Sobre la autora: Maria Paola Casariego es abogada con perspectiva de género, mediadora, operadora en psicología social y docente, forma parte del grupo Voces en Clave de Género (VCG), equipo de profesionales con la firme convicción de inocular voces en clave con perspectiva de género para una sociedad más igualitaria.

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