El deja vu de la política italiana

La política italiana nunca aburre y no es apta para cardiacos. Siempre se las arregla para estar en las primeras planas y ser difícil de predecir. En este caso, aunque parezca un deja vu el motivo fue la renuncia del primer ministro Giuseppe Conte.

La política italiana nunca aburre y no es apta para cardiacos. Siempre se las arregla para estar en las primeras planas y ser difícil de predecir. En este caso, aunque parezca un deja vu el motivo fue la renuncia del primer ministro Giuseppe Conte. Pero no es la primera vez: ya había sucedido en 2019, luego de haber asumido el año anterior con el M5S y la Lega y con una crisis de gobierno generada por uno de sus socios que desembocó en un segundo gobierno (Conte bis) que  también volvió a incluir a los “grillinos” pero con el Partido Demócrata (PD). En este caso el hecho que desencadenó la situación actual tiene nombre y apellido: Matteo Renzi, líder de Italia Viva, ex líder del PD del cual se desprendió su actual agrupación y ex primer ministro de la república italiana (2014-2016).

Las críticas de Renzi -al momento de abandonar la coalición de gobierno mediante la renuncia a  sus cargos de dos ministras en funciones pertenecientes a su partido- se anclaron en la task force creada por Italia para utilizar fondos provenientes de la Unión Europea para el plan de recuperación económica. Algunos de esos fondos están sujetos a condiciones mientras otros tienen como una condición ser utilizados en el área de salud e incluso son con una tasa de interés negativa. Sobre el manejo de los fondos Italia Viva presentó un documento con 62 proposiciones para el Recovery plan. Frente a la oposición del M5S, la jugada de Renzi fue abandonar la coalición y dejar al gobierno sin mayoría parlamentaria (apoyo de 30 diputados y 17 senadores).

Recordemos que en un gobierno de tipo parlamentario como sucede en Italia el voto de confianza permite al Primer Ministro respaldarse frente a un contexto de debilidad, en este caso como mencionamos, el generado por la salida de Italia Viva de la coalición de gobierno. Si bien Conte obtuvo una victoria en ambas cámaras, con 321 votos a favor en diputados y 156 en el senado, perdió la mayoría y las debilidades y limitaciones afloradas lo llevaron a presentar su renuncia al presidente, Sergio Mattarela.

La primera lectura de esta nueva crisis es que Italia es víctima de su historia, al menos de la inestabilidad política de sus gobiernos desde la  posguerra: la duración de los mismos esta entre las más bajas de Europa. Al momento de la asunción de Conte, Italia contaba con haber tenido 65 primeros ministros en 74 años. Alcide de Gasperi, mítico líder de la Democracia Cristiana y uno de los padres fundadores de la experiencia integradora europea, ejerció el cargo en 8 ocasiones, convirtiéndose en quien más veces lo detentó. Pero fue el milanés Silvio Berlusconi quien tuvo más continuidad, ejerciendo la magistratura entre los años 2001-2006 luego de haber sido por mas de dos décadas el líder de la derecha desde los inicios de la II República. Los últimos 15 años arrojan en Italia más de 10 gobiernos.

Ante la renuncia de Conte, se especulaba con varios escenarios: el llamado a elecciones, algo poco aconsejable en un año particularmente turbulento por la pandemia y la necesidad de aprovechar los fondos de la UE y porque Italia será lugar de importantes eventos internacionales como las cumbres del G-20 y la COP26 o también la formación de un nuevo gobierno con Conte al frente (Conte III). Pero finalmente Mattarela optó por la formación de un gobierno “técnico” encargando la tarea a Mario Draghi, quien fuese gobernador del Banco de Italia y presidente del Banco Central Europeo entre 2011 y 2019: “Super Mario” como se lo llama luego de capear la crisis de las deudas europeas apareció como una especie de salvador para los mercados. Y a pesar de varios cuadros técnicos en el nuevo ejecutivo, como economía y justicia, logró generar un nuevo gobierno de unidad al que, por diversos motivos, se sumaron los partidos tanto de centro izquierda como de centro derecha y extrema derecha: Forza Italia, el PD, Liberi e Uguale, el M5S y la Lega. Con esto se suma a una cuantiosa lista de primeros ministros que han llegado al Palacio Chigi a partir de acuerdos y no de los candidatos presentados en las elecciones. 

Sin embargo, también es posible preguntarse ¿Qué tiene de diferente esta crisis de otras anteriores? ¿Son las mismas dinámicas? ¿Se repite un escenario similar? Italia ha pasado en 2019 y 2020 por elecciones municipales, regionales y hasta un referéndum en septiembre del año pasado que redujo el numero de parlamentarios y que fue apoyada por los partidos de derecha y el escéptico M5S. Asimismo, las fuerzas políticas de izquierda han logrado apenas retener regiones que históricamente habían sido bastiones del Partico Comunista Italiano, una de las organizaciones mas robustas de la historia política del país y que dominó históricamente regiones como Emilia Romaña. Pero la base de estas fuerzas ha cambiado, la clase media y media alta de los grandes centros urbanos, ilustrada y de pensamiento progresista, incluso de carácter anti Liga es la que permanece en el voto al PD. Por su lado, las fuerzas de derecha han conquistado el voto obrero y han logrado salir victoriosas no solo en algunas de las regiones de menos desarrollo relativo de Italia como es el caso de Calabria sino también en ciudades como Ferrara que en 2019 dejó de ser gobernada por la izquierda luego de 74 años.

En febrero de 2022 el parlamento debe elegir presidente de la Republica, su jefe de estado y una institución casi sacrosanta para los italianos. Los últimos sondeos de enero publicados por el Corriere della Sera le dan números envidiables a las fueras políticas de derecha  que reúnen juntas el 48% de intención de voto y que se beneficiarían rotundamente de un llamado a elecciones. Encabezados por la extrema derecha con La Lega de Matteo Salvini y con Giorgia Meloni, líder de la agrupación neofacista Fratelli d’Italia, sumando también a la centroderecha de Forza Italia, cuyo líder, Silvio Berlusconi, fue informalmente propuesto por Salvini como futuro presidente.

Sin embargo, en general –y aunque algunas de sus criticas puedan tener asidero- el accionar de Renzi en búsqueda de un mayor peso político fue interpretado como una jugada oportunista que deja en debilidad al espectro político de centro izquierda. Solo los días dirán si la jugada de Renzi fue magistral o prenderá fuego Roma. ¿Qué pasaría si fracasa el gobierno de Draghi? ¿Podría  desatar una crisis aún mayor?. Sumando a esto: un escenario de pobre crecimiento económico ahora con pandemia incluida, de nulo crecimiento de su PBI per capita desde principios de siglo y una enorme deuda publica en relación al PBI cercana al 160%. Mientras tanto la ola de la ultraderecha continúa creciendo y puede tener un impacto muy duro no solo en la política italiana sino en toda la Unión Europea.


Sobre el autor: Tomás Bontempo es doctorando en Ciencias Sociales (UBA). Es magister en Integración Latinoamericana (UNTREF) y estudió en la Universidad de Torino (Italia). Es profesor de las carreras de Relaciones Internacionales y Ciencia Política de la Universidad del Salvador (USAL).

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