¿El muro cambia de manos?, expulsión de miles de haitianos de EEUU

Habiendo sido el segundo país del continente americano en alcanzar su independencia, la situación social, económica, política y ambiental en Haití, no deja de alarmarnos. O eso debería.

Habiendo sido el segundo país del continente americano en alcanzar su independencia, la situación social, económica, política y ambiental en Haití, no deja de alarmarnos. O eso debería.

Un nivel de pobreza que alcanza al 75% de la población, un porcentaje de desempleo del 70%, y la esperanza de vida que apenas roza los  63 años. Este es el escenario al cual miles de haitianos -12.000 de acuerdo a fuentes de la Casa Blanca- deben volver tras ser expulsados de los campamentos ubicados en la localidad de Del Río (Texas), cercana a la frontera con México.

La velocidad de las expulsiones, sumada a la imposibilidad de  pedir asilo de los migrantes, ha generado revuelo por parte de activistas de Derechos Humanos y de los mismos funcionarios demócratas en la Casa Blanca. Biden, quien arribó al despacho presidencial con la promesa de restablecer las obligaciones de Estados Unidos de prestar asistencia a los migrantes que huyen de la inestabilidad o la violencia, se encuentra en una encrucijada -para la cual la estrategia escogida hasta el momento es el silencio-.

Por un lado, el jefe de Estado se ve obligado a responder ante las violaciones a los derechos humanos de los migrantes irregulares, siendo fiel no sólo a una de sus principales banderas de campaña, sino también a la voluntad de la mayoría de su electorado. Por el otro, se encuentra frente a las presiones de los republicanos, quienes consideran que Biden ha demostrado ser incompetente a la hora de controlar las caravanas migratorias que llegan de la frontera sur del país.

En los últimos años, un gran número de haitianos ha emigrado a Estados Unidos, especialmente luego del devastador terremoto que azotó al país caribeño en 2010. Algunos de los migrantes en el campamento de Del Río, destacaron que un terremoto reciente en Haití y el asesinato del presidente, Jovenel Moïse, les hacían temer el regreso a un Estado que se encuentra más inestable que cuando se marcharon.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador -quien también anunció que México comenzará a deportar haitianos a su lugar de origen-, instó a su homólogo estadounidense a trabajar mancomunadamente con los estados centroamericanos para contener la migración de otro modo -por ejemplo mediante la implementación de programas y capacitaciones destinados a jóvenes-.

Pero la realidad es que cualquier solución parcial que tenga efectos  en el corto plazo, no parece satisfacer a nadie. Un incremento de la violencia y la expulsión en la frontera sería severamente condenado por gran parte de los votantes de Biden y de funcionarios demócratas. Por otro lado, la ambivalencia frente a esta situación, podría debilitar la autoridad del jefe de Estado, y dar créditos a los opositores que ya advierten la incapacidad del presidente de manejar estos asuntos. Lo cierto es que hasta el momento, el muro sólo ha cambiado del lomo del elefante al lomo del burro; y los migrantes continúan siendo presos de una realidad cada vez más alarmante, a la que pocos parecen prestarle la suficiente atención.


Sobre la autora: Bianca Lombardi es estudiante avanzada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales. Joven investigadora en el Instituto Rosario de Estudios del Mundo Árabe e Islámico (IREMAI-GEMO) y voluntaria en la Fundación Nueva Generación Argentina.

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