El rayo empobrecedor de Sturzenegger


En los últimos días, el expresidente del Banco Central entre 2015 y 2018 Federico Sturzenegger dio variadas declaraciones desde sus vacaciones en Florida, principalmente por redes sociales, respecto de la política monetaria actual. Sumándose a dichos del actual precandidato a diputado y también economista Martín Tetaz, viene proponiendo un retorno al concepto de independencia del Banco Central, entendiendo que la potestad de emitir dinero por parte de un Banco Central alineado al gobierno, y por ende dispuesto a financiar con emisión partidas de gasto público, genera efectos nocivos en el país. En particular, utilizó el concepto de rayo empobrecedor. Afirmó que la potestad del gobierno de dirigir la política monetaria y emitir más dinero del necesario genera pobreza.

En el plano institucional, el planteo de Sturzenegger es por lo menos hipócrita, en tanto él asumió como presidente del Banco Central luego de la remoción de Alejandro Vanoli, quien había sido designado legalmente en su cargo durante el gobierno de Cristina Kirchner, con acuerdo del senado. Sturzenegger había sido diputado por el partido que ganó las elecciones y presidente del Banco Ciudad durante la gestión del presidente Macri como jefe de gobierno de Buenos Aires. Es decir, Sturzenegger no era independiente. La decisión de expulsar al presidente del Banco Central designado por el senado y designar en su lugar a un integrante del espacio político que ganó las elecciones no parece ser un signo de independencia en lo más mínimo. ¿O acaso solo se pide independencia del Banco Central cuando gobiernan los demás?

Ahora bien, en términos económicos, ¿qué significa la independencia del Banco Central? Este suele ser un reclamo de la ortodoxia que se sostiene en que la misión de los bancos centrales ha de ser mantener el valor de la moneda. Es curioso, porque por ejemplo en la misión de la Reserva Federal de Estados Unidos se incluye la de proveer servicios financieros al gobierno. Sin embargo, la ortodoxia ha difundido por todos lados que los bancos centrales no deben hacerlo. El argumento, ortodoxo, es que los gobiernos muchas veces eligen gastar de más por razones populistas o electoralistas y acuden al Banco Central para financiarse. En tanto ese gasto de más es nocivo, un Banco Central independiente podría impedirlo. Sin embargo, que el gasto sea nocivo es una de las falacias de la economía ortodoxa.

¿Cuál es el argumento que se deduce de la afirmación de Sturzenegger y de todos los economistas neoclásicos? Sucintamente, que la emisión monetaria genera inflación y que la inflación genera pobreza. Así, llanamente. La potencia que tiene eso es que, en el primer caso, la correlación es cierta y, en el segundo, la relación lógica es bastante evidente. Sin embargo, en el primer caso se trata de una correlación que abarca a todas las variables nominales y que se sostiene desde el dinero endógeno y, en el segundo, asumir que más inflación implica más pobreza requiere suponer que los salarios no se mueven, o se mueven menos que los precios, o que el desempleo no cae. Se trata de supuestos que muchas veces se ignoran a la hora de argumentar.

¿Cuál ha sido la evolución de la pobreza en Argentina en las últimas décadas? Tomamos los datos de pobreza del CEDLAS, de la Universidad Nacional de La Plata, para la última onda de cada año desde 1993 (exceptuando 2015, que nunca se publicó, así que tomamos la primera).



Gráfico 1: Tasa de pobreza en Argentina (en %) (1992-2020). Elaboración propia en base a CEDLAS.


Como vemos, la pobreza empezó a subir a mediados de los años noventa, arribando a un pico en 2002. Desde 2003 empezó a bajar, al principio aceleradamente, estancándose hacia 2011, experimentando altibajos hasta 2018 y luego subiendo de nuevo aceleradamente como consecuencia de la crisis económica de los últimos años del macrismo y de la pandemia. En este sentido, no es cierto que la pobreza en Argentina siempre sube. A veces sube, a veces baja. Lamentablemente en estos últimos tres años subió, y no sabemos qué pasará en 2021.

Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con la emisión monetaria? Para eso usamos datos de base monetaria total del Banco Central para el 1 de diciembre de cada año desde 1993. Junto con los de pobreza, calculamos una tasa de variación entendida como la diferencia entre una variable y su valor del año anterior, dividido ese valor del año anterior.

La nube de puntos que se forma es así:



Gráfico 2: Variación porcentual de base monetaria y tasa de pobreza (1993-2020). Elaboración propia en base a CEDLAS Y BCRA.


Es decir, es una nube de puntos sin ninguna relación clara. Pobreza y emisión monetaria no parecen mostrar, a simple vista, ninguna relación obvia. Por supuesto, un análisis riguroso requeriría controlar por otras variables, como por ejemplo el crecimiento económico, el salario real, la inflación o los regímenes económicos vigentes. Este no es el objetivo de esta nota, como sí lo es mostrar que no hay una relación evidente. Este es el punto concreto de las expresiones de Sturzenegger: si fuera algo obvio, que no necesita ser fundamentado, este primer resultado debería ser evidente, o por lo menos proveer alguna intuición. ¿Cómo puede ser? De hecho, solo en tres años de la serie (1995, 2000 y 2001) cayó la base monetaria, y eso se debió a los momentos de mayor fuga de divisas de la convertibilidad, cuyo régimen monetario obligaba a absorber pesos como contrapartida de la salida de dólares. ¿Qué explicaciones hay? ¿Cómo puede ser que no haya relación entre emisión y pobreza si, como dice la tele, la emisión genera inflación y la inflación genera pobreza?

En principio, la respuesta central es que la cantidad de dinero es una variable endógena, es el resultado del funcionamiento de la economía, y no una decisión del Banco Central. Al contrario, cuando se imponen objetivos monetarios concretos son otras variables las que terminan recibiendo los impactos. En la enorme mayoría de los casos, los Bancos Centrales deciden que su política regule las tasas de interés y el tipo de cambio. Si es así, necesariamente la base monetaria termina siendo endógena, no controlada por el Banco Central. En este sentido, la base monetaria correlaciona con las necesidades de dinero de la economía, expresadas en el producto bruto interno nominal y en los precios, pero como resultado. Entonces, si bien las subas del PBI llevan a caídas de la pobreza, las subas de los precios pueden llevar a subas o bajas de la pobreza en función de lo que suceda con los salarios.

Así, si la base monetaria sigue al PBI y a los precios, su variación positiva a veces se corresponderá con subas de la pobreza y a veces con bajas. Cuando se trata de política fiscal con financiamiento monetario, que refiere a una parte pequeña, pero mediáticamente amplificada, de la base monetaria, claramente en contextos de crisis esta política de gasto llevará, vía crecimiento del PBI, a una reducción de la pobreza, aunque no inmediatamente. Ahora bien, si esta política de gasto lleva a un aumento de la demanda de divisas, para importación o por cartera, y esto deriva en una suba del tipo de cambio, puede que la consecuencia sea mayor inflación y, por ende, dados los salarios, mayor pobreza. Entonces, precisamente, si el dinero es endógeno, hay que buscar las causas de la pobreza en otro lado y no en la política monetaria.

En el caso particular de la pandemia, todos los gobiernos del mundo recurrieron a aumentos del gasto público y, sobre todo, de las transferencias a las familias. Todos los que gozan de soberanía monetaria lo hicieron principalmente a partir de la emisión de dinero. Nadie puede negar que los datos de pobreza habrían sido peores que lo que ya son si no hubiera habido IFE en el contexto de las cuarentenas de 2020. Es más, a algunos nos parece un error que este se haya discontinuado a fines del año pasado. Pero aquí lo que permite reducir la pobreza o morigerar los efectos de la pandemia no es la emisión, sino el gasto, del cual la emisión es un medio y nada más. Pretender achacarle a la política monetaria las causas de la pobreza es asumir sin tapujos las falacias del monetarismo, que tanto daño han causado.

Ahora bien, si decimos que la política monetaria no tiene demasiado que ver con la pobreza, debemos buscar las causas de esta última en otros lados. Y allí el horizonte se abre. Como cierre de esta nota cabe resaltar que Federico Sturzenegger, quien desde las playas de Florida despotrica contra la posibilidad de que el gobierno haga políticas monetarias expansivas en un contexto de pobreza potenciado por la pandemia, lo que implica, si le hicieran caso, que muchas familias reciban menos ayuda social o que las jubilaciones no tengan los aumentos proyectados, fue funcionario tanto del gobierno de De la Rúa como del de Macri. Casualmente, son dos gobiernos cuyo saldo en materia de pobreza ha sido lamentable. En ese sentido es que decimos que Sturzenegger, o las políticas que implementó siendo funcionario y que defiende hoy, es un rayo empobrecedor mucho más consistente que la emisión monetaria que osa cuestionar mientras toma sol.

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