El yorugua distópico

En esta oportunidad, Julián Axat escribe sobre “El diario de Lunacharsky” de Martín Palacio Gamboa (Montevideo, 1977), editado recientemente por el sello “Prueba de Galeras”, un cruce de registros narrativos con eje en el noir, ciencia ficción, y el recuerdo de Funes el memorioso.

Es sabido que el personaje de Funes el memorioso (Ficciones, 1942), cuento de Jorge Luis Borges transcurre del lado de la Banda Oriental. Como buen Zarathustra cimarrón y vernáculo, Funes era un compadrito de Fray Bentos, devenido tullido postrado, con la gracia (o la tragedia) de contemplar cada minuto de la eternidad.  Esta misma sensación tiene uno al leer El diario de Lunacharsky, del montevideano Martín Palacio Gamboa, cuyos personajes se mueven bajo similar metafísica. De hecho en los relatos hay diálogos, interrogaciones filosóficas sobre el tiempo que parecen alusiones directas (“…dadas las circunstancias, uno podría atreverse a decir que el tiempo, si es eterno, no tiene comienzo ni fin. Pero si es eternidad, también es la reintegración de todas las cosas en un tiempo presente.”, de Tanatonarrativas del fin del mundo).

Mi deplorable condición de argentino me condena a cierto lugar común argentino, la construcción del mito de la velocidad yorugua, el mundo pausado de movimientos y cosas. La contemplación del instante, boca arriba. Si esa fue –acaso–  la razón por la que Borges dejó postrado a Funes en una estancia de Fray Bentos, no lo sé; quizás la semejanza con los personajes de Palacio Gamboa vengan a cuento y no sea meramente fortuita (claro que esto es solo una ocurrencia mía). Aunque éstos lejos de estar postrados deambulan por Rocha, o varan en El Chuy, aquel punto de intersección y frontera en el que se borran los límites entre dos países hermanos, pero también se diluye tiempo y espacio, “donde se captan las leyes, pero se olvidan los reglamentos” (Discurso de una molécula).

Y en esto El Chuy se parece en algo a Santa Teresa (trasunto de Ciudad Juárez) del 2666 de Bolaño, asolado por seres extraños, cósmicos, que se mueven cual espectros por calles de frontera sin ley ni reglas: vampiros, innombrados, catedrales subterráneas, detectives noir de pulpería futurista; más bien distópicos al estilo Blade Runner. “… al fin y al cabo, es apenas un pueblo en el que el viento solo hace masticar arena y polvo y tropezar con cartones y nylon” (El Chuy es un pájaro de pecho amarillo o un sapo o incluso una tortuga pequeña; también un caballo no muy grande).

Como vemos, los títulos que compone Palacio Gamboa para los relatos son ingeniosos: hasta que la cuarentena nos separe, 82% de humedad, Hit, la bombilla misántropa, tres tristes psicóticos, Los dueños de la luna, etc. La brevedad ofrece una diversidad de tramas, que se conjugan con la sensación de agobio, desasosiego, absoluta soledad. Donde el humor parece la clave 

La literalidad del título hace pensar al desprevenido lector que se encontrará con un diario que revele los avatares del curso revolucionario de 1917.  Más allá del carácter futurista de algunos relatos, donde la tecnología funciona como elemento argumental; tenemos que no se infiere referencia –al menos explícita– al primer Comisario para la Educación y las Artes, Anatoli Vasílievich Lunacharski (1875-1933), quien permitió que se desarrollasen las vanguardias en el seno de aquella revolución, hasta la llegada de Stalin que las persiguió y hasta eliminó.

Así el Futurismo de Maiacovski (1893-1930) y el Cosmismo de Nikolái Fiódorov (1829-1903) y Konstantín Tsiolkovski (1857-1935), movimientos que, mientras pudo, promovió el Comisario cultural de la revolución, en la proyección de nuevas formas de vida (las futuras) que incluían el sueño de la inmortalidad, el viaje a otros mundos, la reconciliación de la técnica-ciencia con lo humano (¿acaso la mejor ciencia ficción Rusa no es deudora de estos tópicos?).

El nombre de Lunacharski sobrevuela como fantasma en la primera persona del singular, factor autobiográfico central, pero no contingente. En el nombre está el enigma, y en este caso el del constructor de una mística de lo Post humano, del Dios inmanente, el sentido espiritual del verdadero cambio revolucionario.

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Prueba de Galeras, editorial

Por último, no quiero dejar pasar la oportunidad de mencionar a la editorial Prueba de Galeras,  a cargo de María Teresa Reca, Anna Pinotti, y María Marta Urrutia.  Un proyecto muy cuidado, en el ámbito de la ciudad de La Plata; que ya lleva editados trece libros, un catálogo de de distintas voces y trayectorias, y del que he tenido el honor de participar.


Martín Palacio Gamboa nació en Montevideo en 1977. Es cantautor, docente, traductor, ensayista, poeta y narrador, y en su obra hay una atención simultánea a las hablas populares y a la tradición experimental, lo coloquial y la política combativa. Publicó los libros de poemas Lecciones de antropofagia y Los infraterrestres.



El diario de Lunacharski

Martín Palacio Gamboa

Año: 2021

Editorial: Prueba de Galeras

Para obtener el libro: https://www.facebook.com/PruebadeGalera/


Sobre el autor: Julián Axat es escritor y abogado.


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