Elecciones en Honduras: el regreso de la izquierda de la mano de Xiomara Castro

Con una participación del 70 por ciento de la población, el resultado de las elecciones generales en Honduras el pasado 28 de noviembre de 2021 definieron no sólo la elección de la primera mujer presidente en la historia del país, sino también el fin del giro conservador y el retorno hacia la izquierda después de 12 años.

¿Quién es Xiomara Castro?

Candidata del Partido Libertad y Refundación (LIBRE), Xiomara Castro es cónyuge de Manuel Zelaya, el expresidente depuesto tras el golpe de Estado en 2009.

Castro incursionó por primera vez en la política como organizadora de la rama femenina del Partido Liberal en Catacamas, donde realizó campaña en favor de su esposo, Manuel Zelaya, en las elecciones internas de 2005. Zelaya ganó estas elecciones y la posterior elección general, convirtiéndose en presidente de Honduras y Castro en primera dama.

Tras el derrocamiento, Castro dirigió una marcha en Tegucigalpa exigiendo la restauración de su marido al poder. Más tarde, Zelaya fundaría el Partido Libertad y Refundación (LIBRE) en 2011, a través del cual Castro presentó su candidatura presidencial en 2013, 2017 y 2021, donde finalmente obtuvo la victoria.

Resumidamente, entre las causantes del golpe de Estado de 2009, se pueden mencionar:

La remisión por parte de Zelaya de un referéndum no vinculante para establecer una Asamblea Constituyente para reformar la Carta Magna del país, teniendo en su contra al Congreso, al Poder Judicial y los sectores del Ejército. El argumento de estos sectores políticos era que el presidente buscaba la reelección para perpetuarse en el poder.

Se le arroba mérito a una conducción civil muy débil por parte de Zelaya, elegido presidente en 2005, quien había emprendido políticas que polarizaron al país, acercándose a la alianza bolivariana encabezada por Hugo Chávez.

A la resistencia activada por parte de la clase tradicional oligárquica -Partido Nacional-, los sectores conservadores de la propia fuerza política de Zelaya -Partido Liberal-, la justicia y los sectores medios, se le sumaron los factores de poder más relevantes de la política hondureña: los militares y el clero.

Tras el golpe, las fuerzas de izquierda que habían participado del gobierno y ocupado roles importantes del Partido Liberal fueron excluidas, y se reconstruyó la “legalidad” política mediante las elecciones, donde se impuso el candidato del Partido Nacional, Porfirio Lobo, quien asumió la Presidencia el 27 de enero de 2010. La democracia hondureña apareció como restaurada y la normalidad política y las relaciones externas del país fueron rehabilitadas.


Giro en Honduras

La amplia ventaja frente al conservador Nasry Asfura, evidencia el hartazgo de la sociedad hondureña con el Partido Nacional, que está en el poder desde el golpe de Estado. Primero con Porfirio Lobo, quien ha tenido que sortear la justicia en varias ocasiones después de que su hijo fuese condenado a más de 20 años de prisión en los Estados Unidos por narcotráfico. También con el actual mandatario, Juan Orlando Hernández, que en 2017 cambió la ley para poder reelegirse y que también tiene a su hermano condenado por narcotráfico en los Estados Unidos.

Ahora en el poder, los desafíos trascienden los problemas políticos y económicos y los desastres climáticos de los últimos años, ya que  Honduras es una de las naciones más empobrecidas y violentas del continente, con un alto índice criminal y con una pobreza que afecta a casi el 70% de sus 9,5 millones de habitantes.

La inestabilidad en Honduras resulta crónica, pese a que algunos indicadores han dado cierto oxígeno: el país centroamericano ha dejado de ser el más violento del mundo, dejando atrás la cifra de 80 asesinatos por cada 100.000 habitantes; la economía creció por encima del 3% en los últimos años, permitiendo estabilizar las maltrechas cuentas del país, hasta la llegada de la pandemia y los huracanes Eta e Iota del 2020. En este sentido, el Banco Mundial prevé que el país terminará el 2021 con 700.000 nuevos pobres. Asimismo, Honduras se caracteriza por expulsar constantemente a sus ciudadanos, especialmente a los jóvenes, observándose en las caravanas de migrantes que recorren el continente hacia el norte. Por violencia, hambre o catástrofes ambientales, cientos de personas piden asilo en Estados Unidos, mientras que de la gran potencia regresan deportados miles cada mes.

El desencanto colectivo se ha traducido en un voto de confianza a Xiomara Castro, especialmente de los jóvenes, con una participación que roza el 70%. Así como el Partido Nacional deberá reconocer los resultados para evitar conflictos en las calles, Castro tiene por delante ahora la tarea primordial de unificar al país, sin los revanchismos y aires de venganza que han deslizado todo este tiempo tanto ella como su esposo, y figura clave del partido, Manuel Zelaya. Todo lo que no sea avanzar hacia la estabilización de Honduras será ahondar en el retroceso y la confrontación.


Sobre la autora:

Jazmín Tisera es estudiante avanzada de la Licenciatura en Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

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